¿Sabías que ha habido cismas desde los primeros siglos hasta hoy? - Alfa y Omega

¿Sabías que ha habido cismas desde los primeros siglos hasta hoy?

La historia de la Iglesia muestra una tensión constante entre los miembros del cuerpo de Cristo, que se visibiliza como cisma cuando se cuestiona la autoridad del Papa

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
'Lutero ante la Dieta de Worms', de Anton von Werner.
Lutero ante la Dieta de Worms, de Anton von Werner. Foto: StAAtsgalerie Stuttgart.

El de los lefebvrianos no ha sido el primer cisma de la historia de la Iglesia. Prácticamente desde sus inicios y hasta el día de hoy, la comunidad de los seguidores de Cristo se ha visto desafiada continuamente por la tentación de la separación y la división. Si Juan en su Evangelio destaca en las últimas palabras de Jesús a los suyos una recurrente llamada a la unidad, los siglos posteriores a la Resurrección se han empeñado en cuestionarla. 

Las primeras comunidades cristianas no estuvieron exentas de tensiones. Uno de los episodios más conocidos fue el incidente de Antioquía, relatado por san Pablo en la Carta a los Gálatas, cuando reprendió públicamente a san Pedro por dejar de compartir la mesa con los cristianos de origen pagano por miedo a las críticas de judíos más conservadores.  

Sin embargo, estas tensiones no supusieron una división y todo se recompuso con el tiempo. El primer cisma importante de la Iglesia —solo había una Iglesia en ese momento— fue el resultante del Concilio de Calcedonia, del año 451, una disputa acerca de las dos naturalezas —humana y divina— de la persona de Cristo, que desembocó en la separación en varias facciones de las Iglesias orientales, particularmente en Egipto (coptos), Siria (siríacos) y Armenia. 

600 años más tarde, en 1054, tuvo lugar otro episodio conocido como el Gran Cisma de Oriente. En un tórrido día de julio, el cardenal Humberto de Silva, legado del Papa León IX, depositó una bula de excomunión en la catedral de Santa Sofía, en Constantinopla, contra el patriarca Miguel I Cerulario. Este respondió después excomulgando a los legados papales, en lo que fue el resultado de tensiones acumuladas durante siglos por diferencias teológicas como el Filioque y controversias políticas entre Oriente y Occidente. Este cisma dividió la Iglesia cristiana en dos ramas principales que persisten hasta hoy: la Iglesia católica y la ortodoxa, que con el correr de la historia experimentaría sus propias divisiones. 

Miniatura del siglo XV de un manuscrito de las Crónicas de Jean Froissart, que representa el Gran Cisma de la Iglesia católica iniciado en 1378.

Miniatura del siglo XV de un manuscrito de las Crónicas de Jean Froissart, que representa el Gran Cisma de la Iglesia católica iniciado en 1378. Biblioteca Nacional de Francia. Foto: Wikimedia Commons.

A caballo entre los siglos XIV y XV tuvo lugar el conocido como Cisma de Aviñón, por el que facciones de cardenales en desacuerdo eligieron Papas y antipapas simultáneos que gobernaron desde Roma y desde Aviñón (Francia), dividiendo a toda la cristiandad. Llegó a haber simultáneamente hasta tres Papas rivales, cada uno reclamando ser el legítimo sucesor de san Pedro. Todo acabó en 1417 con el acuerdo unánime de los prelados sobre un único Pontífice, Martín V. 

Aquí hay que hacer una precisión fundamental. El Código de Derecho Canónico actual distingue entre tres figuras relacionadas con este asunto: herejía, apostasía y cisma. Así, la primera sería la «negación pertinaz […] de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz», mientras que la apostasía supone «el rechazo total de la fe cristiana». Cisma, por su parte, es «el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos». En este sentido, puede haber una separación cismática, pero no herética, como la que persiste entre  los ortodoxos y Roma en la actualidad; o una herética que suponga, de facto, un cisma, como lo fue la división propiciada en el siglo XVI por Lutero. 

'Lutero clava sus 95 tesis en la puerta', Ferdinand Wilhelm Pauwels.
Lutero clava sus 95 tesis en la puerta, Ferdinand Wilhelm Pauwels. Foto: Wikimedia Commons.

A diferencia de los cismas de Oriente y del de Occidente, la Reforma protestante no fue solo una cuestión de autoridad o disciplina —excepto quizá, en sus comienzos, la separación de la Iglesia anglicana—, sino que incluyó rechazos doctrinales profundos. Las 95 tesis que Lutero clavó en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg fueron más allá del desacuerdo en doctrina para constituir en la práctica un cisma, entendida la palabra en sentido amplio.

Más cercano a nuestros días es el cisma de los viejos católicos, un grupo de teólogos que rechazó el principio de la infalibilidad papal nacido en el Concilio Vaticano I. El siguiente concilio, Vaticano II, trajo consigo una nueva división, tristemente de actualidad, encabezada por el cardenal Marcel Lefebvre. 

Todo ello muestra que la unidad es un fin en ocasiones difícil, pero siempre posible en Aquel que rezó así al final de su vida: «Que todos sean uno».