Reconocer la dignidad de quienes malviven entre nosotros nunca puede ser una mala noticia. Por el contrario, es expresión concreta de la Buena Noticia, del Evangelio. Mateo 25, una página que ningún cristiano puede saltarse y que es el tamiz por el que todos pasamos en el camino de la Salvación, es claro al respecto.
Trámites farragosos
Los procesos de regularización en todos los países, también en España, conllevan trámites farragosos. Muchos inmigrantes, que han llegado a nuestro país en busca de una vida un poco mejor, aunque a veces se lo pongamos difícil, muy difícil, tienen grandes problemas para acogerse a las vías ordinarias.
No son pocas las organizaciones e instituciones que luchan contra esa excesiva burocracia que condiciona gravemente la vida de mucha gente buena. La Iglesia católica no tiene reparos en decir que se ha subido a ese carro y que se alegra con el inicio de un proceso para la regularización extraordinaria de personas migrantes. Estamos ante un complemento más que necesario a los procesos ordinarios.
Ha sido un camino largo, con avances y retrocesos, pero hoy podemos decir que muchos nos alegramos del logro alcanzado. Además de aquello que nace de nuestra fe cristiana, tenemos que decir alto y claro que estamos ante un acto de justicia. Nos ponemos al lado de tantos hombres y mujeres con los que nos cruzamos cada día en nuestras calles, muchas veces camino de trabajos que pocos quieren hacer, con los que contribuyen al desarrollo de nuestro país.
Irregularidad va contra la dignidad
La irregularidad es algo que perjudica a quien la sufre y beneficia a quien sin escrúpulos se aprovecha de aquellos que padecen esa situación. Cualquier avance en la legislación será un paso más en la garantía de derechos y en la dignidad de las personas. Se progresará así para que cada vez haya menos personas vulnerables. Acompañarlos desde la Iglesia católica nos lleva a ir más allá de la necesaria caridad.
Una regularización extraordinaria que en la mayoría de los casos es una oportunidad para los más vulnerables. La pérdida o falta de documentos, la edad avanzada, la discapacidad, la falta de hogar, la enfermedad, la presencia de niños pequeños… son situaciones presentes en la vida de muchos que se podrán beneficiar de este proceso. Darles la espalda sería señal de falta de humanidad y de una fe que pasa de largo ante aquel que está tirado al borde del camino.
Hay mucha gente de Iglesia que, en esta y en otras situaciones, acompaña y cuida. Este cuidado es el mejor testimonio que como cristianos podemos dar, es la mejor forma de dar a conocer al mundo a Aquel que siempre estuvo al lado de quienes eran y continúan siendo rechazados.
Irregularidad y exclusión
Los datos son claros, y este tiene que ser un motivo más para involucrarnos y apoyar este paso que se está dando. Nadie puede negar que, en el caso de los migrantes, irregularidad administrativa y exclusión social caminan de la mano. Por ello, esta regularización extraordinaria solo da respuesta a una exigencia política, ética y social.
Para quienes tenemos fe, para los discípulos de Jesucristo, estamos ante una nueva oportunidad de levantar a aquel apaleado que estaba al borde del camino, fuera de la sociedad. El Evangelio es camino para avanzar en una sociedad más justa e inclusiva, y de eso ningún discípulo de Jesucristo puede abrir mano.