Quienes «creen que han recibido una autoridad sin límites», «deberán responder ante Dios» - Alfa y Omega

Quienes «creen que han recibido una autoridad sin límites», «deberán responder ante Dios»

El vía crucis presidido por el Papa, quien ha cargado la cruz en todas las estaciones, ha denunciado el autoritarismo y se ha acordado de los migrantes «deportados por políticas carentes de compasión»

José Calderero de Aldecoa
El Papa cargando la cruz en el Coliseo. Foto: Vatican Media.

El Papa León XIV ha puesto fin al Viernes Santo cargando él mismo con la cruz durante todo el vía crucis celebrado en el Coliseo. Hay que remontarse hasta el pontificado de san Juan Pablo II para ver un gesto similar. Se trata de un acto de gran simbolismo, que se suma al realizado durante el Jueves Santo, cuando ha lavado los pies de doce sacerdotes jóvenes.

Las meditaciones del vía crucis han sido preparadas por el excustodio en Tierra Santa, Francesco Patton, quien ha denunciado a quienes «creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo». Todos ellos «deberán responder ante Dios».

Concretamente, quien ostenta la autoridad deberá dar cuentas sobre «el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; […] el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla».

Pero según Patton, «también cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días». Por lo tanto, «no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día».

Lágrimas ante las tinieblas de la indiferencia

En las meditaciones, también han estado muy presentes las víctimas de las guerras, masacres o «genocidios». Los huérfanos, los migrantes, los desplazados o las víctimas de «torturas». Asimismo, se ha señalado a los «regímenes autoritarios» que «obligan a los prisioneros a permanecer semidesnudos en una celda vacía o en un patio».

Sobre los migrantes, Patton se ha acordado de los «deportados por políticas carentes de compasión», los «naufragados en desesperados viajes de esperanza», los «aniquilados en zonas de guerra» o quienes «suprimidos en campos de exterminio».

Foto: Vatican Media.

Ante todos estos contextos, el fraile mejor ha pedido al Señor que siga «concediéndonos lágrimas, para no disipar nuestra conciencia en las tinieblas de la indiferencia».

Por último, Francesco Patton ha lamentado el sufrimiento de las madres cuyos hijos sucumben a la violencia, ha criticado el sensacionalismo y ha deplorado cuando la industria del espectáculo «ostenta la desnudez para obtener algún espectador más».

Texto de la introducción del vía crucis

La Vía Dolorosa se despliega por las callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén y nos hace recorrer el camino de Jesús desde el lugar de su condena hasta el de su crucifixión y sepultura, que es también el lugar de su resurrección.

No es un recorrido en medio de gente devota y silenciosa. Como en tiempos de Jesús, nos encontramos caminando en un ambiente caótico, alborotado y bullicioso, entre personas que comparten la fe en Él, pero también entre otros que se burlan e insultan. Así es la vida de todos los días.

El Vía Crucis no es el camino del que vive en un mundo asépticamente devoto y de recogimiento abstracto, sino el ejercicio del que sabe que la fe, la esperanza y la caridad deben encarnarse en el mundo real, donde el creyente es continuamente desafiado y constantemente debe hacer suyo el modo de proceder de Jesús.

San Francisco de Asís, de quien este año se celebra el octavo centenario de su muerte, describe nuestra vida cristiana con palabras del apóstol Pedro; recordándonos que «nuestro Señor Jesucristo, cuyas huellas debemos seguir, llamó amigo a quien lo traicionaba y se ofreció espontáneamente a quienes lo crucificaron» (Regla no bulada XXII, 2: FF 56; cf. 1 P 2,21). El Poverello nos exhorta a fijar la mirada en Jesús: «Reparemos todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz» (Admoniciones VI: FF 155).

Al recorrer este Vía Crucis, acojamos la invitación de san Francisco a realizar un camino tras las huellas de Jesús que no sea meramente ritual o intelectual, sino que comprometa toda nuestra persona y toda nuestra vida: «Ofreced vuestros cuerpos y llevad a cuestas su santa cruz, y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos» (Oficio de la Pasión del Señor XV,13: FF 303).