¿Qué puede hacer una parroquia para que sea, efectivamente, un entorno seguro? - Alfa y Omega

¿Qué puede hacer una parroquia para que sea, efectivamente, un entorno seguro?

Marina Pinto, de Jóvenes Madrid, da muchas claves en la conferencia Entornos seguros para el cuidado a niños y adolescentes

Rodrigo Moreno Quicios
Marina Pinto es responsable del protocolo de entorno seguro de la delegación de Jóvenes de la archidiócesis de Madrid. Foto cedida por Marina Pinto

«La Iglesia ha ido por delante en el cuidado de enfermos y en la educación. Hemos querido hacernos cargo de los vulnerables antes de que la sociedad estuviese convencida, pero en el caso de los entornos seguros ha sido al revés», cuenta en entrevista con Alfa y Omega Marina Pinto, responsable del protocolo de entorno seguro de la delegación de Jóvenes de la archidiócesis de Madrid. Valora que, en cuanto a la prevención de los abusos sexuales, «la sociedad ha ido por delante y no hemos entendido que no solo hay que cumplir la ley, somos los primeros que tienen que hacer entornos seguros porque somos la mirada de Dios para los niños y adolescentes». En la tarde de este jueves impartirá una charla sobre este tema en la parroquia de San Juan de la Cruz en el marco del X Ciclo de Conferencias para Evangelizadores.

Según Pinto, «lo que nos hace vulnerables no son los escándalos sino ser opacos en estos temas y no derivarlos a tiempo». Además, pide no abordar siempre la construcción de espacios seguros desde una clave negativa —evidentemente, por repulsa los abusos sexuales— sino también caer en cuenta que pueda aportar cosas en sí mismas positivas. «Si las paredes de nuestra parroquia parecen las de un hospital, ¿es todo lo segura que puede? No está promocionando a los niños y a los jóvenes. Un espacio seguro no es solo aquel en el que no se cometen abusos, es también el que promociona a los jóvenes a su mayor crecimiento y dignidad».

Una aplicación práctica de la «corresponsabilidad»

Marina Pinto explica que «el contexto implícito es lo que hace inseguros a los espacios» y las ideas incorrectas sobre «las figuras de autoridad». «En la Iglesia estamos muy acostumbrados a tratarnos de uno en uno y, cuando se cuenta algo importante a un catequista, muchas veces este no informa a otro más», diagnostica esta responsable de la delegación de Jóvenes. Una disfuncionalidad que provoca «una situación de riesgo porque no ha triangulado la información».

Marina Pinto en una conferencia sobre entornos seguros. Foto cedida por Marina Pinto

¿Cómo prevenirlo? Marina Pinto llama a fomentar la «corresponsabilidad entre los equipos», es decir, «que esté informado y, si un niño tiene un problema, no esté pendiente y solo sea responsable de él un adulto». Es decir, que no se incentiven lógicas codependientes donde un formador lo sea todo para el menor.

¿En qué se traduce al organizar un campamento?

La responsable del protocolo de entorno seguro de la delegación de Jóvenes de la archidiócesis, quien tiene mucha experiencia organizando campamentos y convivencias para adolescentes, es consciente de que «la palabra “protocolo” tiene mala fama, pero es una manera de funcionar interna ajustada a la realidad de la parroquia».

Esto implica «mirar autorizaciones para la utilización de imágenes» de los acampados y «certificados negativos de delitos sexuales» entre los educadores. Y aunque es cierto que «alguien que no haya cometido delitos sexuales puede cometerlos por primera vez», este control sirve como primera barrera y, además, «es obligatorio». «Las parroquias tienen conciencia, pero no siempre se lo piden a todo el mundo», reclama.

Para la prevención de abusos en entornos seguros es importante que los menores tengan más de un único referente. Foto: OSV News photo/Paul McErlane, Reuters

Otra medida es buscar una cantidad suficiente de voluntarios, pues a menudo asumen el cuidado de demasiados menores «y no puede ser que el responsable esté tan ocupado».

Finalmente, matiza que «no hay entornos seguros sino solamente más seguros», es decir, donde los riesgos sean menores aunque, por desgracia, en todos los ámbitos son posibles. Y recalca a catequistas y educadores que «muchos menores llegan a nuestras parroquias con unas mochilas que pesan más o menos y nuestro rol no solo es enseñarles quién es Jesucristo sino darles testimonio y acompañarles y cuidarles de verdad».