El término inverso a IA, «terror artificial», le parece a Guy Sorman, que refleja mejor el debate actual (ABC 08/09/2026). El Papa León XIV quiere impregnar de Evangelio esta nueva revolución que tenemos entre manos. ¿Qué ha propuesto con claridad el Papa agustino sobre la IA? Lo presento en forma de decálogo. No es todo, pero intenta ayudar a los jóvenes estudiantes, padres y profesores que, a veces, se sienten desbordados ante este tema.
La tecnología puede multiplicar nuestras capacidades, pero no debe sustituir nuestra conciencia, nuestra libertad ni nuestra capacidad de amar. León XIV propone un desafío decisivo: hacer crecer la inteligencia artificial sin que se encoja el corazón humano.
La inteligencia artificial ha entrado en nuestras casas, aulas, empresas, conversaciones y decisiones. Nos ayuda a escribir, traducir, investigar, diagnosticar enfermedades y resolver problemas. Pero también plantea una pregunta que no podemos esquivar: ¿seremos capaces de dominar la tecnología sin terminar convertidos en servidores de sus intereses?
En su primera encíclica Magnifica humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial, León XIV invita a mirar más allá de la fascinación tecnológica. No se trata de elegir entre progreso y miedo, sino de decidir qué progreso queremos: uno que sirva a las personas o uno que las someta a la lógica del poder, la eficiencia y el beneficio.
De esa reflexión nace este decálogo para vivir con inteligencia —también moral y espiritual— en la era de los algoritmos.
La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas, comparar argumentos y sugerir soluciones. Pero no puede decidir por ti qué es justo, qué es bueno ni qué debes hacer con tu vida. La responsabilidad de tus decisiones sigue siendo tuya. Ningún algoritmo puede reemplazar el juicio moral de una persona.
No confundas una respuesta convincente con una respuesta verdadera. La IA puede equivocarse, inventar datos o reproducir prejuicios. Comprueba las fuentes, contrasta la información y desconfía de las certezas instantáneas. En una sociedad inundada de mensajes, pensar críticamente es una forma de libertad.
No todo se resuelve con una consulta digital. Leer despacio, estudiar, guardar silencio, reflexionar y aprender a formular preguntas requieren tiempo. León XIV advierte del riesgo de que la rapidez tecnológica debilite nuestra capacidad de atención. Educarse en la era digital significa saber cuándo utilizar la IA y cuándo prescindir de ella.
No entregues tus datos personales sin comprender qué uso pueden recibir. Protege tu imagen, tu voz y tu información privada. No permitas que los perfiles algorítmicos decidan silenciosamente quién eres, qué puedes conseguir o qué oportunidades mereces. La persona es mucho más que los datos que la describen.
Una conversación con una máquina puede resultar útil, pero no equivale a la presencia de un amigo, el abrazo de un familiar o la visita a quien está solo. Cultiva la mesa compartida, la amistad, la comunidad y el encuentro personal. La tecnología debe acercarnos a los demás, no encerrarnos en mundos individuales.
La infancia y la adolescencia no pueden quedar abandonadas ante los intereses comerciales de las plataformas. Familias, escuelas, instituciones y poderes públicos deben enseñar a reconocer la manipulación, proteger la intimidad y utilizar responsablemente las herramientas digitales. Educar no consiste en enseñar únicamente a manejar máquinas, sino en formar personas libres, responsables y capaces de amar la verdad.
La automatización puede mejorar la producción y aliviar tareas penosas, pero también destruir empleos, precarizar el trabajo y concentrar la riqueza. Defiende la formación continua, la protección de los trabajadores y una innovación que genere oportunidades. La persona es un fin, no una pieza reemplazable del engranaje económico.
Detrás de nuestros dispositivos hay recursos naturales, cadenas de producción y trabajadores que a menudo permanecen invisibles. La tecnología tampoco puede convertirse en instrumento de trata, explotación, vigilancia abusiva o nuevas formas de esclavitud. Pregúntate quién se beneficia, quién soporta los costes y quién queda excluido. El progreso solo es verdaderamente humano cuando respeta la dignidad de todos.
No difundas contenidos que no has comprobado, imágenes manipuladas ni mensajes que deshumanicen al adversario. Los algoritmos pueden amplificar la polarización y la propaganda. Y, en el terreno militar, ninguna máquina debe convertir la decisión de matar en un cálculo automático que diluya la responsabilidad humana. La paz exige diálogo, justicia y personas capaces de reconocer en el otro a alguien con quien hablar, no a un enemigo que destruir.
La inteligencia artificial puede procesar cantidades inmensas de información, pero no sustituye el amor que se entrega, la compasión ante el sufrimiento ni la responsabilidad por el prójimo. Para el creyente, la plenitud humana no nace de una supuesta divinización tecnológica, sino de la gracia de Dios, que libera y transforma. Dedica tiempo a la oración, al servicio, a la justicia y al cuidado de los demás. Haz de la tecnología una herramienta para construir la civilización del amor.
El reto no es ser más artificiales, sino seguir siendo humanos
La IA no es un destino inevitable ante el que debamos resignarnos. Es una realidad que exige decisiones personales, educativas, económicas y políticas. Necesitamos normas transparentes, empresas responsables, escuelas que enseñen a pensar y ciudadanos que no renuncien a su libertad.
La pregunta decisiva no es cuánto puede hacer una máquina, sino qué clase de humanidad estamos construyendo con ella.
León XIV recuerda que ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón capaz de entregarse ni una conciencia capaz de discernir el bien. El futuro no puede quedar reducido a una operación matemática: depende también de nuestra libertad, de las relaciones que cultivamos y de nuestra responsabilidad compartida. Que avance la tecnología, sí; pero que no retroceda la humanidad.
P. Isaac González Marcos, OSA