¿Qué cambiará en Gaza tras la apertura del paso de Rafah? Un experto responde
Alberto Priego, director del Máster de Asuntos Internacionales de Comillas considera el movimiento «más formal que otra cosa». Entre otros motivos, por las restricciones al paso de personas
La apertura el lunes pasado del paso de Rafah entre Gaza y Egipto es un movimiento «más formal que otra cosa», asegura Alberto Priego, director del Máster de Asuntos Internacionales de Comillas ICADE. La apertura de este paso podía haber sido relevante porque «es el principal paso fronterizo de Gaza y, sobre todo, uno que la conecta con Egipto. Los otros cuatro lo hacen con Israel, y llevan tiempo cerrados», explica.
Sin embargo, «se han puesto muchas trabas», dejando pasar números muy limitados de personas. En teoría, el paso de personas se iba a hacer con listas previas aprobadas. 50 pacientes necesitados de atención médica más 100 acompañantes saldrían hacia Egipto al día. Este dato contrasta con las 20.000 personas que esperan evacuación en los hospitales, 450 de ellas en estado crítico. 50 gazatíes regresarían desde el país vecino.
Pero por ejemplo, este jueves salieron de Gaza —según el lado egipcio— ocho pacientes y 17 acompañantes, si bien las autoridades gazatíes aseguraron que eran el doble. Y 25 personas entraron a la Franja, en el tercer grupo al que se autorizaba a ello. Según EFE, hasta el 5 de febrero habían entrado en Gaza 77 personas y habían salido unos 30 pacientes más sus acompañantes.
¿Por qué no habrá grandes movimientos?
«Israel y Egipto mantienen una relación pragmática interesada», señala Priego. «Egipto nunca ha querido que vayan allí palestinos». Los que lo hicieran «no encontrarían mucha ayuda. Generaría una inestabilidad como la de los años 70 en el Líbano, que acabó en guerra civil».
A Israel, por su parte, «le interesaría que pudieran salir muchos palestinos» para vaciar en cierta medida la Franja. Pero desea impedir que sea un paso fronterizo «normal», con una entrada fluida de personas y mercancías que podrían incluir «combatientes, armas y dinero para Hamás».

Por último, ninguno de los dos Gobiernos desea que «milicianos de Hamás desestabilicen la península del Sinaí», donde ya hay actividad terrorista. «Debemos tener en cuenta que Hamás es un grupo eminentemente terrorista vinculado a los Hermanos Musulmanes», un grupo islamista egipcio que «en Egipto está prohibido»; así que ambos países, aunque en desacuerdo en muchas cosas, tienen en común el rechazo a este grupo».
Algo que sí puede ser «vital», apunta el experto de Comillas, es la entrada de camiones con ayuda humanitaria. Restringirla «ha sido una de las armas que ha utilizado Israel», alegando que «luego la repartía Hamás». Por ello, «muchos productos frescos se han terminado estropeando» desde el inicio del conflicto.
Pocos avances en el plan de paz
¿Se trata, al menos, de un paso adelante en la implementación del plan de paz del presidente estadounidense, Donald Trump? «Es una de las cosas que había que hacer para pasar a la segunda fase», que Estados Unidos anunció que había comenzado el 14 de enero. Con todo, «yo veo que no se va a ir mucho más allá», pronostica Priego. Considera el plan «un poco papel mojado». De sus 21 puntos, «algunos se cumplen solo hasta cierto punto. Otros son excesivamente generales».
Entre los puntos clave, «deberíamos pasar a un gobierno de carácter tecnocrático» nombrado por la Junta de Paz a la que Trump ha invitado al Vaticano, pero «no se ha avanzado mucho». Y «la entrega de armas de Hamás es de los puntos que más tensionan». Sería «fabuloso» que lo hiciera, subraya. Pero eso y entregar el gobierno de la Franja «significa desaparecer» sin que se le haya ofrecido «una contrapartida. Eso es pedir a alguien que se haga el harakiri».

Este profesor de Relaciones Internacionales señala que también hay que tener en cuenta la importancia de Rafah en el conflicto. «Es uno de los lugares donde más combates ha habido. E históricamente es el sitio utilizado por Rafah para llevar a cabo el tráfico de dinero y armas». Pero no por el paso abierto, sino «por túneles subterráneos», de los cuales aún los hay «sin descubrir».
Por otro lado, recuerda que Israel sigue controlando la parte gazatí de la frontera. La egipcia la controla El Cairo, «y la UE está como observador de ambos controles».