Presidenta de Cáritas Ucrania: «Muchos proyectos han tenido que cambiar por cortes en la financiación»
Solo en 23 días de 2026 hubo más ataques de drones a la población civil ucraniana que en todo 2013, denuncia Tetiana Stawnychy. Además, «la brecha entre necesidades y recursos no hace más que crecer»
Tetiana Stawnychy, presidenta de Cáritas Ucrania, ha visitado nuestro país, invitada por Cáritas Española, para dar a conocer la situación humanitaria en su país en vísperas del cuarto aniversario de la guerra. A pesar de los desafíos y el cansancio, cuenta cómo están intentando convertir sus proyectos de emergencia en apoyo social a largo plazo, llegando donde no lo hace el Gobierno.
—Este es el cuarto invierno desde el inicio de la guerra a gran escala. ¿Qué ha sido diferente este año?
—El peaje humanitario está aumentando. En 2025, el balance de muertos entre los no combatientes aumentó más de un 30 %, mientras que la insistencia por poner en el punto de mira la infraestructura energética ha dejado barrios enteros a oscuras. Durante una ola de frío brutal este febrero, con temperaturas de hasta -20ºC, dejaron a mucha gente sin calefacción ni agua.
El número de drones usados solo en los primeros 23 días de enero, 3.106, ya fue casi igual al de todo 2023, 3.154. Esto sugiere que 2026 podría ser incluso más intenso que 2025. Estos ataques afectan a todos, sin importar su localización, y alertan de un efecto dominó que desestabiliza la atención sanitaria, la educación y el mismo tejido social.
Tetiana Stawnychy, presidenta de @CaritasUkraine: “Nos encontramos ante nuevos desafíos y millones de personas responden a necesidades básicas en sus vidas. El futuro no será fácil, pero juntos podemos continuar ayudando a las personas a superarlo con confianza y dignidad”. pic.twitter.com/lV9Sv2XX6A
— Cáritas Española ✳️ (@_CARITAS) February 19, 2026
—¿Cómo está viviendo la gente que se estén produciendo estos ataques tan crueles mientras supuestamente están progresando las negociaciones de paz?
—A pesar de este invierno brutal y de las expectativas de una guerra prolongada, una proporción significative de encuestados siguen siendo optimistas y creen que Ucrania se hará más fuerte. Según la encuesta Gradus, menos del 10 % tiene planes de dejar el país en un futuro próximo.
La sociedad está entrando el quinto año de guerra a gran escala, se siente profundamente exhausta pero todavía es resiliente y realista. Para los ucranianos la paz sigue siendo un valor fundamental, pero su significado ha cambiado. Ya no se entiende simplemente como la ausencia de combates. Tiene que ver con la seguridad, la justicia, la dignidad y garantías creíbles de que el conflicto no se repetirá.

—¿Se sienten identificados en cómo se refleja la cuestión ucraniana en la opinión pública fuera del país?
—La atención global con frecuencia gira en torno a la estrategia militar y la diplomacia, pero el impacto diario en los civiles y sus duraderas consecuencias sociales y psicológicas reciben menos atención. Esto crea una imagen fragmentada de la crisis. Es un desafío expresar la naturaleza incesante de los ataques contra la vida civil, y sin embargo es la realidad central de este conflicto. Para millones, derechos fundamentales como la educación y la seguridad están bajo un asedio constante. Los niños se ven obligados a cambiar entre las aulas y las clases a distancia. Las familias recurren a los refugios noche tras noche y los cortes de electricidad siguen suponiendo una lucha diaria por la supervivencia.
—¿Llega suficiente ayuda humanitaria?
—La dura realidad es que mientras la guerra continúa, la brecha entre necesidades y recursos no hace más que crecer. Cada día que el conflicto se prolonga, más gente entra en la categoría de los vulnerables. En una crisis de esta magnitud, es improbable que lleguemos a poder decir que la ayuda es «suficiente». Aunque somos parte de una comunidad internacional dedicada apoyada por financiación tanto privada como institucional, la cruda realidad es que estos recursos simplemente no llegan a cubrir las necesidades crecientes. Además, en los últimos cuatro años, muchos proyectos de Cáritas Ucrania han tenido que cambiar de forma inesperada por cortes en la financiación de la ayuda humanitaria.
—¿Cómo actúan entonces?
—Uno de nuestros desafíos más difíciles en Cáritas es aceptar que no podemos ayudar a todos. Debemos practicar una priorización basada en principios, centrando nuestra limitada ayuda en los más vulnerables sin discriminación. Esto resulta especialmente crítico en la crisis energética actual, en la que los ataques contra ciudades como Zaporiyia y Dnipro dejan hospitales y a los ancianos que no pueden salir de casa en condiciones que amenazan su vida. Centrarnos en aquellos que están en cuidados intensivos o con movilidad reducida se convierte en una cuestión de supervivencia.
—¿A qué otros problemas se enfrentan más allá de los atentados contra la infraestructura energética?
—La respuesta humanitaria debe evolucionar en paralelo a la crisis. Este año en particular, hemos movido nuestra atención a ofrecer un apoyo sostenible a la población. Combinamos la respuesta humanitaria con la oferta de servicios sociales. Estos no tienen que ver solo con superar una crisis; sino con reducir la vulnerabilidad y aumentar la resiliencia de los individuos y comunidades.
Cerca de doce millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en este año para sobrevivir, ha subrayado Tetiana Stawnychy este jueves durante el desayuno informativo organizado por Cáritas Española. 2025 «ha sido el peor año de los cuatro» de guerra, ha subrayado Pablo Reyero, coodinador de Ayuda Humanitaria de la entidad. Esto representa una llamada de atención sobre la gravedad de la situación. También preocupa que la ayuda oficial al desarrollo no alcance a cubrir las crecientes necesidades.
Ahí juega un importante papel la colaboración de otras Cáritas. En la española «colaboramos con Cáritas Ucrania desde 2010 en diferentes proyectos dando esperanza y la oportunidad de restaurar lo que significa el valor de la humanidad», ha subrayado Reyero. En estos cuatro años de guerra, se han destinado casi 19 millones de euros a proyectos de emergencia y reconstrucción.
—¿Por ejemplo?
—El apoyo temporal al alquiler fue un comienzo necesario, pero el desplazamiento a largo plazo exige soluciones permanentes. Cáritas Ucrania está liderando este cambio con iniciativas piloto de vivienda social y abordando lagunas críticas en la política nacional. Ucrania carece de un sistema de vivienda social integral y nuestro papel es catalizar el cambio, ayudando al Gobierno a desarrollar el marco legal necesario para aplicar estas soluciones a escala y ofrecer una seguridad duradera a las familias desplazadas.
Hemos cambiado de centros de crisis a centros comunitarios de resiliencia y ampliado nuestros programas de seguridad agrícola. La gente no quería solo ayuda, intentaba recuperar su independencia. Estas iniciativas, incluyendo la ganadería a pequeña escala y los invernaderos, han funcionado particularmente bien, no solo en áreas rurales.

Desarrollamos programas para niños y familias, complementados por programas de pequeñas becas que los ayudan a recuperar la forma de ganarse la vida. También trabajamos en refugios temporales para mayores, facilitando que luego hagan la transición a modos de vida asistida que ofrecen más seguridad, dignidad y estabilidad.
—¿Y en cuánto a los refugiados y los que regresan?
—Cáritas Ucrania, Cáritas Moldavia y Cáritas Rumanía lanzaron un nuevo proyecto transfronterizo orientado a asistir a los refugiados, víctimas potencias de trata y retornados. El objetivo es mitigar los efectos negativos de la guerra en la población vulnerable y las tendencias en la trata de personas entre estos tres países.
Con frecuencia, los refugiados cruzan la frontera sin información sobre su destino y sus derechos. La cooperación transfronteriza permite la identificación de víctimas potenciales, el regreso seguro y los servicios de apoyo.