¿Por qué consuela el libro de Job? ¿Cómo es posible, nos pregunta el autor, que su tía Naná, en sus últimos días, leyera continuamente, con esperanza, sus diálogos? Animado por esta cuestión existencial y por su formación patrística, Giulio Maspero ofrece una lectura muy entretenida y profunda de ese texto bíblico. Nada hay peor, decía Collodi, que un libro aburrido. Habría que prohibir que se escribieran. He de decir que este es entretenido. El autor se ha esforzado por hacernos el viaje agradable sin restar nada en profundidad a las vistas y las perspectivas que va ofreciendo.
Lo más original de la respuesta de Job a su sufrimiento es que no cae en la tentación de una cierta «erótica del dolor» que resulta a veces tan atractiva. Hay un cierto victimismo, muy actual, que acaba por exaltar el sufrimiento, viendo en él casi un motivo de reivindicación. Job tampoco cede a una visión muy espiritualista, que sublima el dolor olvidando el cuerpo y exaspera a los que lo padecen. Hemos sido creados para la gloria. Los pobres son bienaventurados no por aquello de lo que carecen, sino porque Dios responde a su necesidad.
¿Qué nos dice Job entonces? Su respuesta es valiente porque no renuncia a la teología. No cae en la trampa de Elihú (Job 32-37), que para justificar a Dios le sitúa en una altura inaccesible, en la sublimidad del Absolutamente-Otro, tan lejano a nosotros que, en realidad, no le importamos mucho. Job espera, sin embargo, una respuesta. Aguarda al encuentro final con el Creador.
Su respuesta es real, repito, porque es teológica. Maspero nos dice que «toda la vida del hombre, de todo hombre se juega en la teología». ¿Cuál es la imagen verdadera de Dios? Job renuncia a la imagen de un Dios que está más allá de la justicia. No puede aceptar a un Dios arbitrario. Sabe que tiene que haber una lógica. Pero no la matemática legalista de sus amigos, sino la del don y el amor. Su respuesta no es escéptica, ni es definitiva. Es la del peregrino. Pero es válida y real: el Creador aparece y acepta el duelo, se presenta a la cita y responde por nombre. Existe. Pero no es un ídolo.
Maspero, en un momento de su ensayo, nos transmite una frase abismal de un amigo suyo, filósofo: «En realidad, le dijo, no nos creemos de verdad que nos vayamos a morir y de ahí derivan todos nuestros problemas». Quizás, razona Maspero, Job nos habla desde aquí; tal vez hemos oído hablar, pero no hemos aceptado plenamente la realidad de la muerte, de la experiencia del límite, de la soledad y del dolor. Por eso quizás el libro de Job, concluye el autor, era una lectura tan consoladora para su tía cuando se acercaba a su muerte: porque le enseñaba a morir.
Giulio Maspero
Cristiandad
2026
113
15,50 €