Policías municipales, los herederos de san Juan Bautista

San Juan Bautista fue elegido patrón de la Policía Municipal de Madrid en los años 70 por su defensa de la virtud de la justicia, y otros cuerpos se acogieron a su patronazgo

Begoña Aragoneses
El policía Fernando Baelo durante una charla a un grupo de niños en un colegio. Foto cedida por Fernando Baelo del Bosque

San Juan Bautista fue elegido patrón de la Policía Municipal de Madrid en los años 70 por su defensa de la virtud de la justicia, y otros cuerpos se acogieron a su patronazgo

La Policía Municipal de Madrid ha celebrado este año la fiesta de su patrón, san Juan Bautista, marcada por la pandemia del coronavirus y por el reconocimiento expreso a todos los agentes del cuerpo por el trabajo desarrollado durante el Estado de alarma. Unas actuaciones impregnadas de lo que es, en palabras de José Luis Morcillo, condecorado a título individual, la esencia del Policía Municipal: «Vocación de servicio público, además de la lealtad y de una entrega total de tu vida».

Comisario del gabinete de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, este hombre, que era jefe de la Policía Municipal cuando tuvieron lugar los atentados del 11 de marzo de 2004, ha sido distinguido como coordinador del operativo COVID-19 en la capital, que ha supuesto llevar este servicio al «absoluto». «Si el 11M fue un antes y un después –señala en conversación con Alfa y Omega–, esta pandemia ha sido algo totalmente nuevo. Ningún protocolo servía, hemos tenido que ir haciendo un proceso de adaptación muy serio».

Una situación, la de Madrid, que considera «catastrófica». En primer lugar, por el número de fallecidos: «Durante varias semanas estuvieron muriendo el equivalente a dos vuelos de Spanair diarios». Y luego, por las novedades que ha traído a su día a día. «Nosotros nunca habíamos controlado paseos de familias con niños, movimientos fuera de una hora… Nunca habíamos trabajado en un Estado de alarma». El comisario reconoce que «aquí ha sufrido todo el mundo», pero destaca que «la inmensa mayoría de los madrileños se ha portado ejemplarmente bien, me han hecho el trabajo fácil».

Un patrón de hace 40 años

La Policía Municipal de Madrid se acogió al patronazgo de san Juan Bautista en los años 70. Este cuerpo, cuyo origen se remonta a los alguaciles que en tiempos de Felipe III se dedicaban a la vigilancia de la polis (ciudad), se había consolidado a comienzos del siglo XX. Distinguido el Bautista por su consejo y acompañamiento a las gentes, entre las que gozaba de autoridad, una comisión de estudiosos consideró que encarnaba los principios por los que se guían los policías. El más destacado, la defensa de la virtud de la justicia, que para los agentes consiste en proteger los derechos de todos. Ahora mismo en Madrid, explica Morcillo, «las situaciones de mayor injusticia son las sociales: las colas para comer, la gente que se queda sin trabajo… Es una situación muy límite».

La primera celebración del patrón fue en 1976, en un acto en la plaza Mayor, y su designación como tal fue confirmada ese mismo año por el Papa Pablo VI. Continuando la tradición, este miércoles, el cardenal Carlos Osoro celebra una Eucaristía en la catedral de la Almudena a la que acudiran autoridades locales y mandos de las escalas técnica y ejecutiva de la Policía Municipal.

Con Madrid como iniciadora de este patronazgo, muchas de las policías locales y municipales –también de otras partes de España– que iban naciendo en los pueblos se acogieron a él. Una de ellas fue la de Hoyo de Manzanares, en lo que el agente Fernando Baelo del Bosque llama «ir al refajo de los padres». Ahora mismo son doce policías de plantilla, que festejan este día con una comida, al margen de las celebraciones oficiales que quedan en manos de los vaivenes políticos.

El comisario José Luis Morcillo en su puesto de trabajo. Foto cedida por José Luis Morcillo

«Pionero» de la educación vial en el pueblo

A este policía con más de 40 años de servicio a sus espaldas se le murió un niño en el hospital dos días después de haberlo atendido en un accidente. Fue en los 80, y le marcó de tal manera que comenzó a investigar sobre la educación vial. Supo que ya en el código de la circulación de 1934 se disponía que en los colegios se hablara de esto. «En mi pueblo no se hacía», así que puso en marcha programas educativos que se siguen impartiendo, desde Infantil hasta Bachillerato.

«Fui pionero», asegura con una modestia reconvertida en orgullo cuando cuenta que ahora enseña a los hijos de esos primeros niños con los que trabajó. «Es una satisfacción muy grande cuando los ves crecer y que van por el buen camino». La espina que le queda son los que se desvían. «Aquí nos conocemos todos, y ves alguno que se va torciendo, o te llaman sus padres que no pueden con él…».

Baelo confiesa que al principio los policías «somos un poco quijotes», con la sensación de que pueden con todo, pero cuando pasan cosas como que «se va un chaval en un accidente, piensas “cómo no he llegado yo a este joven”, y eso va contigo». «Por eso yo digo que el policía no nace, se hace», concluye.

Begoña Aragoneses