Pizzas y donuts para atraer a los jóvenes a rezar un rato juntos en la parroquia San Antonio de las Cárcavas - Alfa y Omega

Pizzas y donuts para atraer a los jóvenes a rezar un rato juntos en la parroquia San Antonio de las Cárcavas

Esta parroquia tiene una media de 155 bautizos al año y atendió a los enfermos del Zendal en la pandemia. «Hemos visto milagros», dice
el párroco

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El amplio atrio de la parroquia permite el encuentro de los fieles tras las celebraciones.
El amplio atrio de la parroquia permite el encuentro de los fieles tras las celebraciones. Foto: Parroquia San Antonio de las Cárcavas.

El pequeño barrio de las Cárcavas, un poco más al norte de Hortaleza, comenzó a aparecer en el mapa de Madrid en los años 50 del siglo pasado, cuando numerosas familias de ambas Castillas y de Extremadura vinieron a la capital a buscar una vida mejor. Muchos de aquellos primeros habitantes se hicieron su casa con sus propias manos: viviendas muy sencillas y humildes, en calles a las que hasta hace no muchas décadas no llegaba el agua corriente ni tampoco la electricidad.

En torno al año 2000 sufrió un cambio, pues al ser un cruce de caminos entre la M-11 y la M-40, empezó a atraer a muchos. Así, poco a poco, las humildes casitas del principio fueron desapareciendo entre viviendas unifamiliares de precios prohibitivos. «En los últimos años ha ido viniendo al barrio mucha gente joven, ya con niños, y eso ha ido cambiando un poco el ambiente», afirma Miguel González Caballero, el párroco de San Antonio de las Cárcavas.

En origen, el templo fue una construcción levantada también por los propios vecinos en los años 50, al que venían algunos padres paúles para ofrecer la Eucaristía. En 1999 se constituyó en parroquia y en 2015 se estrenó el templo que existe en la actualidad.

En los últimos años ha acogido también a numerosas familias del vecino bario de Valdebebas, uno de los de más rápida expansión al norte de la capital, por lo que buena parte de sus actividades se llenan de matrimonios jóvenes y niños. «Tenemos un montón de bautizos al año, una media de 155. En la catequesis de Primera Comunión hay ahora más de 300 niños y son otros 200 los adolescentes que siguen la formación después», cuenta González.

Dominus & Pizza en las Cárcavas.
Dominus & Pizza en las Cárcavas. Foto: Parroquia San Antonio de las Cárcavas.

En el año 2021 la parroquia acogió su primer retiro del Proyecto Amor Conyugal. Se apuntaron 60 matrimonios, que formaron después cuatro grupos de formación y acompañamiento; hoy van ya por los 20. «Es algo precioso y está dando unos frutos maravillosos en las familias», dice el sacerdote. Lo mismo sucede con los retiros de Emaús, de los que San Antonio de las Cárcavas ya ha organizado siete ediciones entre hombres y mujeres. Estos retiros de impacto «suponen unos encuentros impresionantes con el Señor», señala el sacerdote; «lo cual quiere decir que luego, evidentemente, hay que cuidar a quienes los hacen». En ese sentido, los retiros que organiza la parroquia no son multitudinarios, «para poder tener un contacto cercano y conocernos todos bien». Como luego la formación continúa en la parroquia, «tratamos de mostrarnos acogedores con todos para tener un trato personal e incluso un acompañamiento espiritual frecuente», sobre todo con aquellos que tienen un primer contacto con la Iglesia después de muchos años. «Hemos visto un montón de milagros —asegura González Caballero—. Nosotros solo tratamos de estar ahí después, pendientes de todos, y de acompañar a quien lo necesite».

Otras propuestas singulares de la parroquia son las iniciativas Dunkin’Dominus y Dominus & Pizza, dos convocatorias a las que acuden un centenar de jóvenes y adolescentes para rezar un rato ante el Santísimo y luego compartir juntos algo de comer. «Está siendo una experiencia muy bonita, una manera sencilla de que los chavales vengan a la parroquia a rezar un rato», cuenta el sacerdote.

Por último, en cuanto a la labor de caridad, el párroco destaca el acompañamiento que los sacerdotes de San Antonio de las Cárcavas hicieron durante la pandemia a los enfermos ingresados en el cercano Hospital Enfermera Isabel Zendal: «Fue muy bonito, pero a veces también muy doloroso y duro. Por allí han pasado todos estos años más de 100.000 enfermos, a los que hemos tratado de mostrar la cercanía de la Iglesia».