Pedro Martín-Barrajón Morán, director de psicourgencias: «Vamos perdiendo la batalla con la IA»
El psicólogo especialista advierte de que la asociación pública del suicidio a la enfermedad mental contribuye a mantener y perpetuar el estigma de la conducta suicida e interfiere en que la persona en riesgo solicite ayuda o comparta su sufrimiento
—En febrero se aprobó el primer Plan de acción para la prevención del suicidio. ¿Ha tenido algún tipo de repercusión en el sector?
—La llegada de este esperado plan ha sido un motivo de alegría. Por fin el suicidio forma parte de la agenda política. Sin embargo, todavía existen necesidades y medidas que urgen. Por ejemplo, es importante elaborar un sistema de vigilancia epidemiológica riguroso. En la actualidad no tenemos datos oficiales sobre el número de casos de ideación suicida ni del número de intentos. Diversos estudios señalan que la existencia de intentos previos es uno de los factores que mejor se correlaciona con la muerte por suicidio.
—OpenAI ha admitido que más de un millón de usuarios hablan sobre suicidio con ChatGPT cada semana. ¿La IA es un aliado o un enemigo?
—Quizá más adelante resulte ser un poderoso aliado; pero de momento vamos perdiendo la batalla. Lamentablemente, cada vez tenemos noticia de más casos en los que las nuevas tecnologías desempeñaron un papel relevante en diferentes muertes por suicidio, legitimando esa decisión, orientando y ayudando a perfeccionar el método, reforzando pensamientos disfuncionales, induciendo e incluso validando ideas autolíticas. El algoritmo se convierte en un interlocutor disponible a cualquier hora, anónimo, que facilita respuestas inmediatas, al que se le atribuye absoluta credibilidad. Hablar y ser escuchado por alguien —preferiblemente un profesional— que muestra interés genuino y sincero permite generar un vínculo. Y hay que señalar que la regulación emocional y la elaboración simbólica del dolor no es sustituible a día de hoy por la tecnología. En palabras del psicólogo clínico Luis Fernando López Martínez, «aunque los avances tecnológicos sean extraordinarios, ningún generador de lenguaje, por sofisticado que sea, puede replicar esa combinación de conocimiento, vínculo y responsabilidad que define el ejercicio ético de la práctica terapéutica».
—¿Detrás de todos los suicidios hay enfermedad mental?
—En absoluto. Sin embargo, es una de las ideas más habituales en el imaginario popular; y entre algunos profesionales incluso. Se trata del intento de explicación más frecuente ante el suicidio por parte de conocidos y allegados. El problema es que la asociación pública a la enfermedad mental contribuye a mantener y perpetuar el estigma de la conducta suicida —incluida la ideación— e interfiere en que la persona en riesgo solicite ayuda o comparta su sufrimiento.
Una de las afirmaciones sobre las que contamos con cierta evidencia a día de hoy es que uno «no se suicida por una sola causa», tampoco por la enfermedad mental. La correlación no implica causalidad. Al final, el suicidio es uno de los problemas más desafiantes para el entendimiento humano y la explicación científica, con interrelaciones a nivel personal, familiar, escolar, económico, laboral, social o sanitario.
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