Parte una nueva caravana hacia Estados Unidos

Centenares de hondureños, entre hombres, mujeres y niños, salieron este miércoles desde San Pedro Sula

María Martínez López
Foto: CNS

Centenares de hondureños, entre hombres, mujeres y niños, salieron este miércoles desde San Pedro Sula, en el norte de su país, en caravana hacia Estados Unidos, a pesar de no tener ninguna certeza de hasta dónde podrán llegar.

«Vamos a lo que salga, todos somos gente pobre», dijo a Efe uno de los inmigrantes de 27 años, que prefirió el anonimato y que se identificó como ingeniero eléctrico.

Originario del municipio de Villanueva, departamento de Cortés, en el norte hondureño, cercano a San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante del país centroamericano, donde deja a sus padres, subrayó que siente «vergüenza» porque en su país, «pese a la profesión que tengo, llevo casi cuatro años sin poder conseguir un empleo».

Albergues, limitados

«En el mes de septiembre ya había indicios de que los flujos comenzaban poco a poco a moverse, a pesar de las restricciones». La frontera se había abierto el día 18. «Por ejemplo, la Casa del Migrante de Esquipulas (uno de los primeros puntos al llegar a Guatemala) nos reportaban que ya empezaban a llegar personas», explica a Alfa y Omega, coordinadora de Investigación y Derechos Humanos de los jesuitas. 

La incertidumbre sobre los nuevos obstáculos que la pandemia y la situación política (con las elecciones en Estados Unidos a la vista) puede poner a su paso es grande. A pesar de no estar aún abiertos, no dejaron de ofrecerles alimentos y un kit de higiene. Otros centros de acogida ya comienzan a funcionar. «Pero están preocupados porque podrán atender a menos personas, al menos en lo que al albergue se refiere. Y otros no darán hospedaje». 

Informadores entre la población

Además de la posible disminución de la ayuda, también se está preparando un refuerzo de las fuerzas de seguridad guatemaltecas. En la última semana, han trabajado en un protocolo que podría movilizar a los ciudadanos de las zonas fronterizas para que informen de la presencia de migrantes. Luego la Policía junto con el Instituto Guatemalteco de Migraciones los trasladará a albergues, donde se decidirá sobre su caso. 

Además, el embajador de Honduras en Guatemala, Mario Fortín, manifestó a periodistas que ese país vecino, además de los documentos personales, está exigiendo pruebas PCR de laboratorio que garanticen que los extranjeros no están contagiados con COVID-19. También México ha tomado medidas. A través de su consulado en San Pedro Sula, inició una campaña para intentar prevenir la salida de la caravana. 

Ante esta realidad, el obispo de Tapachula, región fronteriza de México, monseñor Jaime Calderón, ha pedido a las autoridades federales, estatales y municipales que no dejen de velar «por el bienestar de estos hermanos», en unas declaraciones que recoge el diario Cuarto poder, de Chiapas. Aunque no se sabe si la caravana llegará a esta zona (las cuatro que partieron en 2020, de dimensiones bastante reducidas, no pasaron de Guatemala), el obispo sí confirma que se detecta también allí un aumento del flujo migratorio. Llegan familias completas (incluidos mujeres embarazadas, niños y ancianos), muchas de ellas «con cuadros complicados de salud».

«Cada vez más quebrados»

«En el estado de Chiapas existe todo un operativo del Instituto Nacional de Migración y de la Guardia Nacional para la detención de todo tipo de migrantes», apunta Conrado Cepeda, jesuita y asistente a la dirección del SJM México. Sin embargo en Hidalgo y el resto del centro del país «siguen apareciendo migrantes. El flujo ha seguido durante la pandemia, independientemente de que la frontera estuviera cerrada». Los migrantes, explica, pasaban por alguno de los 400 puntos ciegos que existen en la misma. 

El centro donde trabaja, la Casa del Peregrino Migrante de Huichapan, ha seguido atendiendo durante estos meses unas 30 o 40 personas diarias. Siempre «con muchas medidas de precaución y protocolos estrictos de aseo y acceso a zonas comunes». Las personas llegan «cada vez más cansadas y quebradas emocionalmente, algunas con rasgos psicóticos por la falta de descanso», y afectadas por los cambios bruscos de temperatura («en algunas zonas ya empieza el frío»). 

«Hasta donde se pueda»

Pero Cepeda prevé que las medidas disuasorias no lograrán detener la migración. «El problema es que se hace cada vez más peligroso cruzar por el país. Los costos de las personas que trafican con ellos siguen incrementándose, e igualmente los riesgos que corren son cada vez mayores porque tienen que cruzar por lugares inhóspitos, donde hay animales y personas que pueden robarles o secuestrarlos», apunta el jesuita.Pero los integrantes de la caravana hondureña no se arredran. «Es más difícil vivir en el país», subrayaba uno. «Vamos a llegar hasta donde se pueda, solo Dios sabe y nos acompaña», declaró otro a EFE.