Para que a los profesores no los sustituya un robot hace falta que «ocupen su lugar» - Alfa y Omega

Para que a los profesores no los sustituya un robot hace falta que «ocupen su lugar»

60 años después de la declaración conciliar Gravissimum educationis, referentes educativos reivindican que «educar es formar a una persona en su integridad»

Rodrigo Moreno Quicios
Pedro Huerta, Carlos Esteban y Pilar Ponce en CaixaForum. Foto: Rodrigo Moreno Quicios

«Hay aniversarios que nos hacen mirar atrás y otros hacia adelante. Este, sin duda, es de los segundos», ha dicho Antonio Roura, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura de la Conferencia Episcopal Española, en la tarde de este jueves. Lo ha hecho en el salón de actos del CaixaForum de Madrid con motivo de los 60 años de la Gravissimum educationis. Es la declaración del Concilio Vaticano II sobre la educación católica que la Conferencia Episcopal ha querido recordar.

Según Roura, «celebrar los 60 años de esta declaración conciliar no es posar la mirada en un texto que envejece sino en uno que sigue creciendo». Ha sentenciado que el sentido del acto de esta tarde se resume en «renovar en nuestro país el compromiso de la Iglesia con la educación». Y ha reivindicado que «una tradición viva no es un museo, es savia. O circula o se seca».

«La propuesta está vigente»

Después, Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, ha recordado algunos principios fundamentales de la educación que subraya Gravissimum educationis. Los ha definido como «una propuesta inicial» que Pablo VI ya confiaba que «desarrollaría en el futuro el Pueblo de Dios».

Según Carrasco, estos principios son el «el derecho y la necesidad de la educación, incluyendo la moral y la religiosa». También «el papel del sujeto como coprotagonista de la educación, pero sin obviar la socialización». Y ha valorado también que la educación no debe «ser solo instructiva sino también formativa de la persona».

Alfonso Carrasco explica los rudimentos de Gravissimum educationis. Foto: Rodrigo Moreno Quicios

El obispo de Lugo ha señalado la «pluralidad de los agentes en la educación: familias, enseñantes, asociaciones culturales, religiosas y la sociedad civil». Igualmente «se rechaza una visión estatalista de la escuela, reconociendo al Estado una función importante pero subsidiaria contra toda pretensión de monopolio ideológico».

Bromeando, el presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura ha dicho que esta lista «es un resumen, pero es todo lo que teníamos que decir y no tenemos que decir nada nuevo». A su juicio, «la propuesta está vigente, sus contenidos son actuales y sus acentos urgentes». Y ha llamado a «proponer vías posibles» porque «no basta quejarse».

La escuela es el único referente de los jóvenes

Posteriormente, Carlos Esteban, secretario general del Consejo General de la Iglesia en la Educación, ha moderado una mesa redonda con Pilar Ponce, presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, y Pedro Huerta secretario general de Escuelas Católicas.

Ponce ha señalado que «en estos años, la mujer ha salido de la constitución del hogar, pero ahí no ha entrado nadie». Una carencia que, a su juicio, genera «esa soledad y esa falta de seguimiento en ciertas cuestiones de los alumnos». La presidenta del Consejo Escolar también ha subrayado que la escuela «es el referente educativo de los jóvenes para aprender valores y socializar». Algo que «no es baladí» en un momento en que «nos surge la duda de en qué momento nos va a sustituir un robot». Para evitarlo «es importante que la escuela siga ocupando su lugar central».

Pablo VI escribió Gravissimum educationis en 1965. Foto: Wikimedia

Pilar Ponce ha recordado el lema del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, «educar es tarea de todos», y el refrán yoruba que dice: «para educar a un niño se necesita una aldea». Ha reivindicado que, cada vez que visita un centro católico, encuentra «creatividad, compromiso, comprensión, convivencia y una forma de afrontar cualquier reto que es impresionante». Y ha recordado cómo, durante el tiempo que vivió en Benín, un obispo definía la labor de los profesores como «una semilla que se riega».

Por su parte, Pedro Huerta ha reivindicado que «educar es formar a una persona en su integridad» y que en la educación católica «formamos conciencias libres, pero no vacías». Y que esta «no se entiende sin la generación de encuentro». Finalmente, sobre el pacto educativo global que reimpulsó el Papa Francisco, ha sentenciado que «el Papa León XIV lo ha actualizado cuando muchos lo estaban enterrando junto a Francisco».