Para aterrizar el amor a los demás basta cogerles el teléfono - Alfa y Omega

Para aterrizar el amor a los demás basta cogerles el teléfono

El Servicio de Atención Religiosa Católica Urgente atiende llamadas todas las noches. Necesita más curas voluntarios

Alfa y Omega

Cuenta con 33 sacerdotes, por lo que cada uno de ellos debe hacer aproximadamente una guardia al mes. Pero, aun así, estos pocos marcan la diferencia. Hablamos del Servicio de Atención Religiosa Católica Urgente de Madrid, más conocido como SARCU, fundado en 2017 y para el que el cardenal José Cobo pide —como lleva haciendo desde que era obispo auxiliar— más voluntarios.  Es un número de teléfono siempre disponible durante las oscuras noches en la capital para aquellos que necesiten la atención de un sacerdote. Para las visitas presenciales, cuenta a veces con acompañantes laicos que ayudan a reflejar la universalidad de la Iglesia, pero, al no poder impartir sacramentos, lo que más falta hace son presbíteros.

Durante los últimos años, sin perder de vista que son hombres de Dios, estos curas se han formado para profesionalizar al máximo la ayuda que ofrecen. No para descafeinar su atención espiritual sino porque, sobre todo, se encuentran con personas con ideaciones suicidas y otros problemas que necesitan de la ayuda de técnicos sanitarios.

Imagen con el teléfono del SARCU. 913 717 717

Fruto de esta estrecha colaboración con instituciones como el SAMUR, este teléfono para hablar con sacerdotes incorporó recientemente un Servicio de Activación Urgente para responder con celeridad ante catástrofes como el accidente ferroviario de Adamuz del pasado domingo. «Se ofreció a la sala del 112 por si nos necesitaba la gente en Atocha», cuenta en nuestras páginas Ignacio María Fernández, cura del SARCU y protagonista de su primera guardia hace nueve años.

En una sociedad cada vez más secularizada pero, al mismo tiempo, con servicios más a la medida del ciudadano, la pérdida de sensibilidad hacia lo religioso se ha visto —en casos como este— amortiguada por la consideración hacia las víctimas. Algo que plantearse es que, si cuando llega la tragedia sienten la necesidad de hablar con Dios, quizá no seamos una sociedad tan de espaldas a Él ni haya que avergonzarse por ello.