Para acoger al Papa «pondremos lo que tengamos» - Alfa y Omega

En la reciente carta del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, con motivo de la visita del papa León XIV a la capital de España, se dice que «pondremos lo que tengamos». Sus palabras son una muestra del empeño de la Iglesia y la sociedad madrileñas para que el sucesor de Pedro se sienta en casa.

«¿Me amas?»

Un elemento decisivo del primado de Pedro lo encontramos en respuesta a la pregunta que el Señor resucitado le hace al final del evangelio de Juan: «¿Me amas?». Como dice el arzobispo de Madrid, «Pedro responde como sabe y puede». Y es que cuando se ama, uno hace lo que puede y sabe, inclusive se esfuerza para poder ir más allá de sus capacidades. Haciendo un repaso de nuestra vida, reconocemos situaciones en las que eso se ha dado en el pasado.

Una respuesta de amor de Pedro a Jesús que hoy somos llamados a dar al sucesor de Pedro. León XIV la espera de esta Iglesia local que le acoge. Una respuesta que no es cuantitativa, sino cualitativa, lo necesario es que pongamos lo que tenemos. Una actitud ya presente en tantas personas empeñadas en responder al pedido que la Iglesia de Madrid ha hecho a todos los bautizados y a tantos hombres y mujeres de buena voluntad que de diversos modos están arrimando el hombro, están poniendo lo que tienen.

Como dice la Carta Pastoral, el papa León «viene a encontrarse con nosotros» y a «traernos el abrazo de la Iglesia universal». Pero un abrazo solo es verdadero cuando es recíproco, cuando los corazones se unen. Ese tipo de abrazos nos revigoran y nos fortalecen, porque van mucho más allá de cálculos o componendas, de intereses personales o corporativos, que deshumanizan y que, en el plano de la fe, distancian del espíritu evangélico.

Un abrazo verdadero

Abrazar de verdad es un excelente modo de agradecer, de mostrar la esencia del cristianismo, que es el amor. En el abrazo verdadero se pone toda la carne en el asador, se expresa comunión, generosidad y entusiasmo. Se promueve la paz, una necesidad perentoria en un mundo enfrentado y dividido, en una sociedad polarizada y desigual. Un buen abrazo nos esperanza, porque sabemos que podemos contar con aquel que nos siente cerca, con aquel que, más allá de reproches y condenas, amamos y nos ama.

Si ponemos lo que tenemos, Dios no nos pide más. Es más, acoge nuestra ofrenda, cuando mirando hacia lo alto, nos dirigimos a Él. Un poner las capacidades que «ayudará a vislumbrar el sentido de la vida», y hará ver «que nuestro mundo tiene futuro y que los cristianos tenemos mucho que ofrecer desde la espiritualidad, el encuentro y la fraternidad», como dice el mensaje del arzobispo de Madrid.

Se necesita a todos, que cada uno ponga lo que pueda ofrecer. Es la misma ofrenda que realizan quienes en el día a día «asumen la tarea de regenerar el tejido social desde el encuentro, la reconciliación y el cuidado», a través del «compromiso con los más pobres y con quienes viven en los márgenes». Actitudes que con el viaje pontificio impulsará en la Iglesia y en la sociedad de Madrid el sucesor de Pedro. Cuando uno está acostumbrando a poner lo que tiene, esa actitud pasa a formar parte sus actitudes cotidianas.