Para acoger a 116 personas en el Líbano no hace falta preguntarles por su fe - Alfa y Omega

Para acoger a 116 personas en el Líbano no hace falta preguntarles por su fe

Diferentes recursos salesianos alrededor de Beirut abren sus puertas a los desplazados por los ataques de Israel. Misiones Salesianas lanza una campaña para ayudar a estudiar a sus 39 niños

Rodrigo Moreno Quicios
Las familias abandonaron sus pueblos con lo puesto debido a los constantes bombardeos.
Las familias abandonaron sus pueblos con lo puesto debido a los constantes bombardeos. Foto: Don Bosco El Houssoun.

El conflicto en Oriente Medio no solo afecta a Israel, Palestina e Irán. Otros países del entorno sufren las consecuencias en sus bolsillos y en sus fronteras, azotadas por las escaramuzas. Por ejemplo, en el Líbano, 116 personas se han visto obligadas a abandonar sus tierras a la orilla del río Litani y refugiarse en la escuela Don Bosco El Houssoun —a 35 kilómetros de Beirut— debido al fuego cruzado entre las Fuerzas de Defensa de Israel y las milicias de Hizbulá. «Aunque no es de las zonas invadidas por Israel, ha sufrido repetidos bombardeos», nos explica Joe R. Atallah, director de las Escuelas Técnicas Don Bosco Fidar, otro centro salesiano a solo ocho kilómetros. Entre ambos recursos han desplegado un programa para ayudar a estas personas que «no pueden volver ni visitar sus pueblos». Desde España, Misiones Salesianas también apoya. «Hemos activado una campaña de emergencia», nos explica Ana Muñoz, su responsable de Comunicación, para «apoyar el trabajo de los salesianos en el Líbano», cubrir las necesidades de los desplazados y asegurarse de que los 39 niños acogidos en Don Bosco El Houssoun «puedan ir a la escuela».

Atallah nos detalla que, entre las familias acogidas, «tenemos a dos mujeres embarazadas y tres recién nacidos». Uno de ellos llegó a Don Bosco El Houssoun cuando solo tenía 8 días. En su pueblo «lo tenían todo preparado» para celebrar la llegada del nuevo miembro de la familia, desde «bandejas con dulces» hasta «pequeñas ropitas que su madre había tejido a mano con paciencia y cariño y en la que cada puntada era un reflejo de su orgullo y alegría». Pero el estallido de violencia los llevó a abandonar su hogar a toda prisa y con las manos vacías.

Los estudiantes de Hostelería aprenden cocinando para los desplazados.
Los estudiantes de Hostelería aprenden cocinando para los desplazados. Foto: Don Bosco El Houssoun.

Familias de este perfil son atendidas por los 15 trabajadores de Don Bosco El Houssoun, entre los que hay asistentes sociales, personal de seguridad, cocina y limpieza, cuatros padres salesianos y otros cuatro colaboradores. Entre otras ayudas para los bebés y sus madres, «los acompañan a los hospitales para realizar los tratamientos necesarios, incluida la circuncisión». Todas las familias en este recurso que no distingue por religión son chiitas e incluso algunas «tienen parientes vinculados a Hizbulá e implicados en el conflicto en el sur». Una realidad que, según confiesa Atalla, «crea un desafío adicional». Pero subraya que «estamos ayudando desde una perspectiva cristiana y humanitaria a una comunidad que no tiene por qué compartir nuestra visión sobre el Líbano».

Prueba de esa participación de los unos en la vida de los otros es que en este centro se ha celebrado el Ramadán con el apoyo «de un grupo de animadores salesianos». Y, ahora que es Semana Santa, «se está realizando una labor excepcional para armonizar la rutina salesiana con la presencia de los desplazados».

Con todo, Joe R. Atallah lamenta que, «por el momento, no tenemos apoyo sustancial de las autoridades» más allá de un depósito de combustible que les hizo llegar el sábado el Ministerio de Asuntos Sociales libanés y que les permitirá calentarse durante diez días. También existen ONG que les enviaron comida dos veces, aunque esta ayuda es «irregular» y no la tienen en cuenta para planificarse. El director técnico de Escuela Técnicas Don Bosco explica que en el Líbano hay actualmente más de 1,2 millones de desplazados internos, casi el 20 % de la población, lo que «limita la asistencia que se nos puede dar». A lo que se suma que «hay una percepción general de que los salesianos de Don Bosco están bien organizados y son una comunidad capaz de ayudar a aquellos en necesidad». Es algo positivo, pero que, como contrapunto, genera que «cuando hay una ayuda disponible, se redirige a otra entidad».

Hacer de la necesidad virtud

Si los desplazados en Don Bosco El Houssoun necesitan alimentarse y los estudiantes de hostelería en las Escuelas Técnicas Don Bosco Fidar necesitan hacer oficio, la solución está clara. Los aprendices se ponen a los fogones y a las familias acogidas «les ofrecemos una comida caliente todos los mediodías y unos paquetes con productos básicos con los que pueden prepararse el desayuno y la cena», nos explica Atallah. «Aunque a veces el futuro se ve muy oscuro, hay también momentos de luz, solidaridad y esperanza», añade Ana Muñoz.

La responsable de Comunicación de Misiones Salesianas reconoce que el español promedio no piensa en el Líbano cuando habla de Oriente Medio pero «para eso estamos aquí, para dar a conocer situaciones no tan mediáticas como otras». Y para ofrecer a los jóvenes una educación que les sirva para construir un futuro libre de violencias. «Está en nuestro núcleo y es nuestra razón de ser, queremos apoyar a todos estos niños y niñas y que puedan ir a la escuela», concluye.