Nuevos tiempos - Alfa y Omega

Vivimos una crisis que afecta a nuestra conciencia, a nuestras actitudes personales. Ésta no es sólo una crisis de carácter económico o financiero, ni siquiera es sólo política o institucional. La crisis está en lo personal y ésta es la razón de que tenga el carácter de total, porque son las personas quienes están en la política, en la economía, en las organizaciones sociales, en todas partes. Un modo de vida ha entrado en crisis fundamentalmente porque durante estos años hemos perdido el norte.

No sólo son tiempos de crisis; son tiempos nuevos.

La ejemplar renuncia del Papa Benedicto XVI, el Cónclave presidido por la espiritualidad y una designación llena de esperanza, alejada de las infinitas quinielas previas, constituyen acontecimientos que tienen que ser analizados conjuntamente y no separadamente. Todos estos hechos, y lo señalo con profunda alegría, me confirman que la Iglesia vive en este mundo, pero no es de este mundo. Ninguno de estos hechos era previsible de acuerdo con los criterios que presiden el resto de organizaciones sociales y políticas.

Frente a la moda dominante del relativismo que nos preside, la Iglesia ha dado muestras de su independencia, de su espiritualidad. La Iglesia no está a salvo del error ni del pecado, pero como Iglesia, como institución es santa. No gracias a quienes la formamos, sino a pesar de nosotros y gracias a Dios. En definitiva, todo ello, desde la renuncia de Benedicto XVI hasta la designación del Papa Francisco, confirma los tiempos nuevos que vivimos.

La Iglesia ha querido colocarse en la vanguardia de estos nuevos tiempos con una serie sucesiva de actitudes ejemplares. La decisión del Papa Benedicto XVI nos interpela con preguntas referidas al qué y al cómo vamos a cambiar cada uno de nosotros a partir de hoy; cómo nos cambia a nosotros el cambio de nuestra Iglesia.

El Papa Francisco, su personalidad, sus palabras, confirma el camino apuntado por Benedicto XVI: un camino hecho de humildad, austeridad y entrega a los demás. Juan Pablo II fue el líder al que correspondió enterrar el comunismo y al Papa Benedicto XVI le ha correspondido el diagnóstico del relativismo; la enfermedad de hoy; una dulce tiranía. Ahora nos corresponde, con el Papa Francisco a la cabeza, llevar a la práctica y a la acción este diagnóstico en todos los frentes, tanto en el ámbito personal y familiar como en el social.

El relativismo ha relativizado el derecho a la vida, la dignidad humana, reemplazándolo por un falso nuevo derecho: el derecho al aborto. La Iniciativa popular europea One of Us se ha puesto en marcha y constituye un esfuerzo histórico para que más de un millón de europeos reafirmemos el valor de la vida. Un millón de firmas antes del 1 de noviembre próximo es el objetivo que debemos alcanzar. Una primera piedra de toque para confirmar un cambio de actitud personal, indispensable para los nuevos tiempos que vivimos.