«No puedes decir a un palestino que su futuro es ser huésped en su hogar»

El proceso de paz en Tierra Santa «se basa en el principio de que israelíes y palestinos tienen los mismos derechos y de que es necesario negociar juntos su futuro», afirma el franciscano Pierbattista Pizzaballa, excustodio de Tierra Santa y administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén. «Decisiones unilaterales» como la del Gobierno de Estados Unidos «socavan los derechos de los palestinos y los humillan en sus aspiraciones»

María Martínez López
Un manifestante palestino en el asentamiento judío de Qadomem. Foto: Reuters/Mohamad Torokman

El proceso de paz en Tierra Santa «se basa en el principio de que israelíes y palestinos tienen los mismos derechos y de que es necesario negociar juntos su futuro», afirma el franciscano Pierbattista Pizzaballa, excustodio de Tierra Santa y administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén. «Decisiones unilaterales» como la del Gobierno de Estados Unidos «socavan los derechos de los palestinos y los humillan en sus aspiraciones»

La Iglesia no se ha ahorrado críticas ante la decisión de Estados Unidos, anunciada el 18 de noviembre, de dejar de considerar contrarios al derecho internacional los asentamientos israelíes en territorio palestino. En un comunicado, la Santa Sede aseguraba que  «amenaza con socavar aún más ya frágil estabilidad regional» y el proceso de paz. Este «se basa en el principio de que israelíes y palestinos tienen los mismos derechos y de que es necesario negociar juntos su futuro», afirma en entrevista con Alfa y Omega el franciscano Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado desde 2016 y custodio de Tierra Santa entre 2004 y 2016. «Decisiones unilaterales como esta socavan los derechos de los palestinos y los humillan en sus aspiraciones», además de contradecir la postura de la comunidad internacional.

La noticia llegó en medio de la incertidumbre sobre si se logrará formar Gobierno antes del 11 de diciembre o el país se verá abocado a las terceras elecciones en un año. Y le sirvió al primer ministro, Benjamín Netanyahu, imputado por corrupción, para revivir su promesa electoral de anexionar a Israel un tercio de Cisjordania. «Podría ser posible» que el cambio de la Administración Trump pretendiera allanar el camino. «Espero que no», sentencia Pizzaballa.

400.000 judíos israelíes viven en 121 asentamientos en Cisjordania. Se ha insistido mucho en que su expansión hace imposible la creación de un Estado palestino. ¿Es ese su objetivo?

No es un secreto que a los colonos no les gusta esa solución. Para preservar [su viabilidad] es esencial la continuidad del territorio [palestino]. Y eso se está volviendo cada vez más difícil. Los asentamientos son el principal obstáculo para la negociación: les quitan más y más tierra a los palestinos y reducen su espacio vital. Además, hacen necesarias carreteras separadas de las palestinas y fronteras protegidas. Se incrementa el número de controles, etc. Su misma presencia impone restricciones en la vida cotidiana de los palestinos.

Huéspedes en su hogar

La Iglesia y la comunidad internacional insisten en esta salida de los dos estados. ¿Es realista?

A pesar de lo difícil que pueda ser, es la única que da a los palestinos el derecho de expresión, dignidad y un futuro sereno. Usted no puede decirle a un palestino que su futuro es ser un huésped en su propio hogar. El principal obstáculo es la [falta de] voluntad. Se han gastado años en negociaciones sin fin. No hay nada nuevo que descubrir. Es solo cuestión de decidir. Requiere que los dos pueblos reconozcan de verdad, y no solo de palabra, la existencia del otro.

Algunas voces critican que, aferrándose a esta opción, se perpetúa la discriminación hacia los palestinos a la espera de algo que nunca será realidad.

Siendo realistas, es difícil no compartir eso. Pero al mismo tiempo no podemos rendirnos. Yo suelo ironizar diciendo que es la única solución imposible que está disponible.

Foto: CNS

En otros países de Oriente Medio, como Irak, a pesar de todos los enfrentamientos sectarios, la Iglesia se opone a las propuestas de dividir el país en distintas zonas para cada grupo. Su apuesta es una nación común que se aglutine en torno a la ciudadanía compartida, con igualdad de derechos y deberes. ¿No valdría en Tierra Santa una solución similar?

Sería maravilloso, pero no creo que sea factible. El Estado de Israel es un estado judío, con un carácter claramente judío. Lo reiteró la Ley Básica de la Nación-Estado aprobada el año pasado. Irak y Tierra Santa son dos realidades con historias y presentes totalmente distintos. Aquí hablamos de dos pueblos completamente diferentes, con distintos idiomas, culturas y metas. Nunca han convivido. No tienen nada en común. La perspectiva en Irak es la integración, y lo que dice allí la Iglesia es importante. Pero aquí la perspectiva es la coexistencia pacífica entre dos pueblo diferentes. Eso sí, también con los mismos derechos y deberes.

Romper el círculo vicioso

La situación en Tierra Santa parece un círculo vicioso de violencia y represión; se fortalecen las posturas políticas menos proclives al diálogo y el proceso de paz ya no es una prioridad. ¿Qué se puede hacer para desbloquear la situación?

Mientras ambas opiniones públicas no cambien de actitud, la comunidad internacional no volverá a meterse en este cenagal. Hace falta, lo primero de todo, que los dos gobiernos vuelvan a empezar a hablar, no sobre la paz, sino al menos sobre una mejor coordinación entre ambos, y que dejen de acusarse. Antes de recomenzar cualquier negociación seria, es necesario reconstruir la confianza. Y eso solo podría hacerse con líderes fuertes y con capacidad de visión.

María Martínez López