¿Quién dijo aquello de que no hay mejor forma de mentir que decir la verdad a medias? En la viñeta que ilustra este comentario, Caín lo formula de manera actualizada. Se diría que, por desgracia, en no pocos medios de comunicación –pero no sólo en ellos– hay auténticos profesionales de la verdad a medias. Hace algún tiempo, El Roto publicó, en El País, otra viñeta en la que se ve un moderno edificio acristalado y a dos ciudadanos leyendo el cartel que domina en la portada del edificio: Verdad&Mentira Asociados. Estos días no tenemos que esforzarnos demasiado para comprobar hasta qué punto es verdad lo de las verdades a medias en determinados medios, dedicados a tratar de manipular y de condicionar a quienes tendrán la responsabilidad de elegir al próximo Papa.

A Hans Küng le han publicado, naturalmente en El País, una página, el pasado 1 de marzo, bajo el título: ¿Una «primavera vaticana»? Ya es llamativo que alguien tan intelectual pretenda equiparar lo que está ocurriendo en la Santa Sede con una primavera, al estilo de la árabe. Se ve que no hay manera de que, con un mínimo de discernimiento, exigible para cualquier intelectual auténtico, consigan desprenderse de las orejeras políticas con las que lo ven todo. Como no podía ser menos, Blas Küng –lo dijo Blas, punto redondo– dice qué Papa necesita la Iglesia católica y cómo tiene que ser; y que, si no es como dice él, pues la Iglesia «nunca experimentará una nueva primavera», porque mantiene la tesis de que, «con los dos últimos Papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, se ha producido un fatal regreso a los viejos hábitos monárquicos de la Iglesia». ¡Más orejeras políticas! Esto viene a ser algo así como lo del republicano catalán ése que anda diciendo, estos días, cómo tiene que ser la monarquía. Pero, vamos a ver: si no les gusta la Iglesia, ¿por qué se meten a pontificar cómo tiene que ser? Fernando Sabater ha escrito un artículo, titulado Los administradores de Dios, en el que sostiene que «los más entusiastas de las especulaciones sobre quién será el próximo gestor del legado de san Pedro suelen ser quienes no han pisado un templo católico más que por motivos de turismo». Está muy bien, sólo que, de paso, aprovecha para escribir: «Me parece evidente que Dios es un asunto demasiado abstracto e intelectual como para interesar a mucha gente de veras». ¿Sí? ¿Un Dios que se hace carne y sangre, por amor a los hombres, es demasiado abstracto e intelectual? Alfonso Ussía ha tenido el acierto, estos días, de escribir sobre los beatos del laicismo, que, en resumidas cuentas, desearían que la Iglesia católica fuera self service, a su gusto y capricho. Y el otrora padre Juan Arias ha escrito, desde Río de Janeiro –y El País del martes día 5 se lo sacó a portada–, que los cardenales exigen conocer los secretos del caso Vatileaks y reclaman el informe antes del Cónclave. ¡Cómo iba a faltar semejante perejil en semejante salsa!; claro que, como Río de Janeiro está tan lejos, a lo mejor el otrora padre Arias y sus mentores no se han enterado todavía de que Benedicto XVI, siendo aún Papa, ordenó que el dossier Vatileaks pase únicamente a manos de su sucesor. No dan una, Cónclave tras Cónclave; pero, inasequibles al desaliento, siguen a lo suyo: la cizaña y los lobbies.

Metidos en estas honduras, tejas abajo de nuestra España, resulta que el Fiscal Superior de Cataluña, don Martín Rodríguez Sol, ha tenido la genial idea de ampararse en la Ley Autonómica Catalana de Consultas para defender la Consulta de la Generalidad a los catalanes sobre su independencia de España. Habíamos visto muchas cosas, pero que el defensor de la legalidad constitucional esté a favor de una inconstitucionalidad flagrante, como es el derecho a decidir una Comunidad Autónoma, al margen de todos los demás, eso todavía no lo habíamos visto; y se hace difícil entender cómo es posible que alguien al margen de la nación, a cuyo Estado representa, siga un minuto más en el cargo… ¿Desde cuándo corresponde a los fiscales cambiar las leyes vigentes? Verdaderamente, Spain is different.

Gonzalo de Berceo