Mingote cada vez está más sembrao. Para comenzar el año con el humor indispensable -hay años en los que el humor es más necesario que otros-, ha pintado, en ABC, viñetas memorables. En una ha pintado a sus dos mendigos de guardia bajo un puente, al calor de la lumbre, y uno le dice al otro: «Me preocupa la prima de riesgo del sector privado y la incidencia en la compra de bonos del mercado secundario». «Y no pierdas de vista -le contesta el otro- el vencimiento de la deuda y las variables macroeconómicas. Eso, además». En la otra, una señorita le dice a su compañero de baile: «Mi cuñado no es político, sólo se guía por la decencia y el sentido común»; a lo que él replica: «O sea, un ignorante».

No es fácil resumir la situación actual de España en dos pinceladas más magistrales e insuperables que éstas. Efectivamente, la decencia y el sentido común parecen mirlos blancos hoy, en una España en la que los caraduras se llevan el gato al agua y son los ejemplos a imitar por los jóvenes desinhibidos y listillos. Gracias a Dios, parece arreciar, entre los llamados creadores de opinión, la exigencia de que no baste perder unas elecciones para pagar el pato del mal causado a la nación. Empiezan a sentarse en el banquillo de los acusados alguno que otro, pero faltan muchos más, y no basta con que se sienten en ese banquillo; lo esencial es que devuelvan lo que se han llevado, que no es suyo, en vez de recibir condecoraciones y sueldos y pensiones estratosféricos; porque si no, ya pueden los pocos maestros de verdad, que quedan en las escuelas, enseñarles a los españolitos lo que es decente y honrado, que si ellos ven cómo son tratados los que se lo llevan crudo…

Esta semana, vamos a ver, sin la menor duda, la indignación de los liberados sindicales y de sus señoritos, porque, claro, la imprescindible reforma laboral, que si no la hace Rajoy la hará Bruselas, no les va a sentar nada bien a los defensores del Estado del bienestar, que es el suyo exclusivamente. El pasado Gobierno nos endeudó, cada día, en 530 millones de euros; la Cabalgata de Reyes, en Madrid, que fue todo menos de Reyes -porque ya me contarán a quién adoraron-, costó 814.000 euros, que son como 150 millones de pesetas. El 23% de las familias españolas viven hoy con menos de 500 euros al mes; y la Seguridad Social ha entrado en déficit, por primera vez desde 1999; Cataluña despilfarra más de 32 millones de euros anuales, en las 27 oficinas y las cinco que llama embajadas; y ese político que demuestra ser la quintaesencia del provincianismo arrogante, por no se sabe qué, se engalla para tratar de echarle un pulso a España, quiero decir, al resto de España. Del engallamiento de los etarras, que ni se disuelven ni piden perdón, ya ni les cuento. Mientras la economía española pierde cada día 1.000 empleos, el hasta hace poco Presidente del Congreso de los Diputados viaja a Estados Unidos con billete de turista y se engalla porque le niegan pasar a primera clase. Y acabamos de saber lo último en la Andalucía de los ERES y de Cháves: un buen puñado de dinero destinado a asalariados en paro acaba en compra de cocaína y juergas. Por si a alguien se le pasa por la cabeza la peregrina idea de culpar y responsabilizar sólo a los políticos, conviene recordar que esta España triste de 2012 está la primerita del mundo en el ránking de la prostitución masculina y femenina, mientras se cacarea oficialmente lo de la igualdad de género y lo del respeto a la mujer; así que cada palo aguante su vela.

Poco antes de morir le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta qué era lo que, a su juicio, tenía que cambiar. Respondió con tres palabras: «Usted y yo». Esos moderadores y tertulianos de radio y televisión, que se toman dos meses de vacaciones en verano y 15 días, como mínimo, en Navidad y en Semana Santa, comentan las nuevas decisiones del Gobierno de Rajoy como Socialdemocracia de derechas. ¿Se referirán a la nueva responsable de Investigación, abortista declarada? Y están preocupadísimos, incluso, los de las emisoras y cadenas de la derecha, por la crisis del PSOE. ¡Hay que ver! Y no falta algún águila que está preocupado por Rouco, y bajo el título Rouco ¿hasta cuándo? escribe que «tiene los templos a media entrada, los seminarios vacíos, los conventos desiertos y se empeña en abandonar los ejercicios de piedad para impulsar demostraciones de poder». Lo menos que se le puede pedir a alguien que escribe en los periódicos, no es ya que no manipule, sino que sencillamente se informe y se entere.

Gonzalo de Berceo