Verdaderamente sembrao ha estado Caín, en la viñeta que ilustra este comentario: ahora que casi todo el mundo exige derechos y no cumple deberes, y ahora que estamos en plena Feria taurina de San Isidro, en la que la casta, desde luego, es indispensable, no está pero que nada mal reivindicar el derecho general a quince minutos de casta, cuando menos. Ahora que tantos españolitos se levantan cuando todavía es de noche para salir a tratar de ganarse, los que pueden, la mísera soldada suya de cada día –¡toma casta!–, cuantos más españoles se hacen millonarios, más españoles se conformarían con ser mileuristas; ahora que nuestros voraces gestores económicos se están cargando, asfixiándola a impuestos, a la sufrida clase media que tantos años costó forjar, ¡qué menos que un cuarto de hora de casta, por el amor de Dios…! ¿Es demasiado pedir? Ahora que, increíble y asombrosamente, nuevos flautistas de Hamelin, del criptocomunismo disfrazado de presente de indicativo, arrastran, aunque cada vez menos, a medida que se les va viendo la coleta y el plumero, a masas y masas de tontos útiles prometiéndoles, lo nunca visto, una acongojante subida de impuestos (lo impuesto es lo contrario de lo voluntario), sigue habiendo (en tiempo de elecciones se redescubre todo) quien sigue echando de menos a los etarras, a los secesionistas y a los rencorosos y resentidos zetapés que hicieron todo lo que pudieron, y algo más, por cambiar la transición del 78 por el odio del 36, a base de selectiva memoria histórica. Ahora que el 70% de los jóvenes andaluces no tiene trabajo, hay quien recuerda oportunísimamente aquello, tan de pícaro español, de «vayan a trabajar que, si no, no vamos a poder comer». ¡Toma casta!

Tras las recientes elecciones británicas y ante las inminentes elecciones municipales y autonómicas nuestras, nos salen nuestros próceres nacionales, y también algunos de nuestros intelectuales de nómina y tertulia, tratando de comparar la piel de toro ibérica con nada menos que la pérfida Albión, o séase, el Reino Unido de la Gran Bretaña, sin percatarse, ¡pobriños!, de lo lejísimos que queda el Támesis del Manzanares y del Ebro, y sin caer en la cuenta, ¡coitadiños!, de que a los súbditos de su Graciosa Majestad no les importa ni un pimiento, ni les da vergüenza alguna, llamarse Reino Unido y, además, da la casualidad de que políticamente creen en algo… Si para algo nos pueden servir las elecciones inglesas es para valorar como se merecen las encuestas. No sé si se lo van a creer ustedes, pero dicen los que creen que se las saben todas que donde cortan el bacalao de verdad, es decir, los que lo cortan de veras, que son los de la economía y las finanzas, muchos de ellos investigados –y los políticos están a mandar–, ya parecen haber decidido y hasta tienen trazada la próxima hoja de ruta, a base de socialismo disfrazado de socialdemocracia y de esa ciudadanía que ha logrado hacer creer que puede tener algo de derechas. El tótem indiscutible e indiscutido, la palabra mágica, la panacea, la piedra filosofal está en la palabra talismán: cambio; pero no les preguntes ¿cambio a qué?, porque los metes en un auténtico lío, del que no saben salir… Ni busquen a la Valenciano –¿se acuerdan?– protestando contra la barbarie de Boko Haram con las dos mil muchachas secuestradas, porque está cobrando el eurosueldo para abstenerse, cuando no votar en contra, sobre los cristianos perseguidos y aniquilados en medio mundo.

El profesor don Jaime Nubiola, que enseña Filosofía en la Universidad de Navarra, ha escrito en ABC un artículo admirable, en el que denuncia que la asignatura de Historia de la Filosofía ha sido relegada a una mera opción en el plan de estudios de 2º de Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales. Argumenta que esa asignatura «enseña a pensar, a tener criterio propio» –¡hasta ahí podíamos llegar!–, y que «es la mejor vacuna contra el relativismo dominante»; pero da toda la impresión de que, ya que estamos en el 750º aniversario de Dante, tal vez no estaría de más poner a la entrada de este páramo cultural en el que han convertido a esta pobre y querida nación llamada todavía España, las palabras que Dante inmortalizó a la entrada del infierno: Lasciate ogni speranza. Con decirles a ustedes que la líder socialista andaluza anda pregonando que el PSOE de Chaves, Griñán y los ERES quiere que las próximas elecciones sean «un plebiscito contra la corrupción…» Pregunta del millón: pero todos estos que ahora prometen tanto, ¿por qué no lo hicieron cuando pudieron?

Diego de Torres Villarroel