Navidad sin luces en Irak, en solidaridad con los 430 manifestantes muertos

María Martínez López
Foto: EFE/EPA/Murtaja Lateef

El cardenal Louis Raphael Sako ha pedido a las iglesias cristianas que dediquen el dinero que iba a financiar los árboles, luces y adornos a los orfanatos y los hospitales. Jesús viene «para todos» y «esta verdad debemos afirmarla» sobre todo mostrando cercanía a los manifestantes que luchan pacíficamente por un país más justo. Entre ellos también hay muchos cristianos

Después de 430 manifestantes muertos y 20.000 heridos, «no está el ambiente para festejos». Por eso, el patriarca caldeo de Irak, el cardenal Louis Raphael Sako, ha pedido a las parroquias y a todos los cristianos que este año prescindan de adornar los edificios y las calles con árboles, luces y adornos navideños. La medida es una muestra de respeto a la crisis que vive el país y a todas las personas que han perdido la vida o han sufrido diversos daños dentro de la oleada de protestas contra el Gobierno.

«La Navidad –justificaba en declaraciones a AsiaNews­– «no es solo para los cristianos, sino para todo el pueblo»; porque Jesús viene «para todos» y «esta verdad debemos afirmarla» sobre todo mostrando cercanía «a los suníes, a los chiíes, a la gente muerta: no podemos ser indiferentes».

Es deber de los cristianos –afirmaba su principal líder en el país– «leer los signos de los tiempos» para «vivir en el contexto de nuestra gente». Y, en esta lectura, han visto la necesidad de relanzar el compromiso con «la fraternidad, la colaboración, la paz y la vida, sin miedo, como tantas veces nos exhortó Jesús». El Patriarcado caldeo ha sido el primero en dar ejemplo, al cancelar las habituales recepciones a dignatarios políticos y religiosos que acoge su sede en los días de Navidad.

Llamadas de agradecimiento

Al tiempo, el cardenal Sako ha pedido que el dinero donado para financiar estos adornos y las fiestas en torno a la Navidad se destine a sostener los orfanatos y los hospitales donde se atiende a los heridos. «Con este gesto –explicaba– queremos testimoniar nuestro sufrimiento, nuestra tristeza».

La apuesta de la Iglesia por la sobriedad en el marco de un movimiento de protesta en el que también participan muchos cristianos «ha sido acogida favorablemente por los iraquíes –continuaba el patriarca en sus palabras a AsiaNews–. Muchos nos han escrito, también desde las plazas [donde están acampados], para agradecer nuestra cercanía».

Hartazgo hacia el Irak post-2003

Las distintas iglesias cristianas del país han sido claras en su apoyo a los manifestantes. Una implicación que también han llevado a la comunidad internacional. El martes, por ejemplo, el arzobispo caldeo de Erbil, monseñor Bashar Warda, habló sobre esta cuestión en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la misión de esta entidad en Irak.

En su discurso, monseñor Warda subrayó que las manifestaciones «demuestran el rechazo de la mayoría del pueblo hacia la estructura y el gobierno del país posterior a 2003». En especial, a una Constitución basada en la identidad religiosa, que «ha dividido Irak y ha evitado que se convierta en un país unificado y que funciona», además de favorecer la corrupción y el desánimo.

El arzobispo de Erbil elogió la actitud pacífica de los manifestantes, «a pesar de que ha habido casos diarios de violencia extrema contra ellos por parte de milicias». Explicó además que los cristianos y otras minorías han sido bien acogidos en el movimiento de protesta, en un gesto que «demuestra la verdadera riqueza» de la historia del país; una «apertura de reconciliación» que alimenta «una esperanza real de cambios positivos» y de que el nuevo Gobierno, cuando se forme, tenga una actitud «mucho más positiva hacia un Irak genuinamente multirreligioso con una ciudadanía plena para todos y [que ponga] fin a la enfermedad sectaria».

El riesgo de una «región sin ley»

Si esto no ocurre, Irak correrá el riesgo de «convertirse en una región permanentemente sin ley, abierta a guerras por poderes», en las que distintos países se enfrenten unos a otros en suelo iraquí por medio de agentes interpuestos. Como consecuencia –advirtió el obispo–, millones de iraquíes, sobre todo «muchos cristianos y yazidíes», huirían; no ya al Kurdistán iraquí, como tras la irrupción del Daesh en 2014, sino fuera del país.

La comunidad internacional –continuó monseñor Warda– no debe permanecer indiferente a esta encrucijada. Tampoco puede «quedarse satisfecha con falsos cambios de liderazgo» que no impliquen una modificación real de la estructura política del país, afirmó, aludiendo indirectamente a la dimisión del primer ministro Adel Abdel Mahdi.

Para ello, se debe promover la celebración de nuevas elecciones lo antes posible, unos comicios que estén «completamente monitorizados por Naciones Unidas» y por todos los grandes partidos del país. Otra condición indispensable es que termine el bloqueo informativo para que los medios tanto iraquíes como internacionales puedan informar con libertad.

María Martínez López