Mujeres en la Iglesia: un proceso que va dando pasos - Alfa y Omega

En una sociedad donde muchas veces nos dejamos llevar por los fogonazos, entender que los procesos son la dinámica que provoca avances es un desafío. En la historia de la Iglesia muchos coinciden en que el papel de la mujer no ha sido suficientemente reconocido. Pero también podemos decir que los pasos dados en los últimos años no han sido menores, inclusive pueden ser considerados históricos. También se puede pensar que han sido insuficientes, pero los juicios de valor le caben a cada uno y que no siempre coinciden.

Participación efectiva de las mujeres

El Sínodo para la Amazonía, que realizó su asamblea sinodal en octubre de 2019, supuso un hito importante en el proceso de reconocimiento del papel de la mujer en la Iglesia. El número 92 aboga por «la participación efectiva de los laicos en el discernimiento y en la toma de decisiones, potenciando la participación de las mujeres». El mismo texto, en su número 102, muestra que, en la Amazonía, «la mayoría de las comunidades católicas son lideradas por mujeres», lo que llevaba a la asamblea a pedir la creación del ministerio instituido de «la mujer dirigente de la comunidad».

En Querida Amazonía, la exhortación postsinodal que siguió a ese Sínodo, el papa Francisco explicita en el número 99 que «durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe». Igualmente, reconocía que las mujeres, «en el Sínodo, nos conmovieron a todos con su testimonio». Es más, durante esa asamblea sinodal, las mujeres participantes le pidieron por escrito poder votar el Documento Final. 

Al final de esas votaciones, Francisco les dijo que en aquel momento no había sido posible, pero que llegaría el momento de que las mujeres votasen en un Sínodo. Algo que se concretó en el Sínodo sobre la Sinodalidad, un paso más en un proceso que continúa avanzando. Así se puede ver, dentro de esa dimensión de la sinodalidad, el Informe del Grupo 4 que ha llevado a cabo «La Revisión de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis en perspectiva sinodal misionera», donde se aboga por dar «la debida importancia a la mirada y al juicio de las mujeres» en los escrutinios previos a la concesión de las Órdenes sagradas.

Es parte de un proceso, que genera divergencias, pero que poco a poco va dando pasos. No olvidemos que la Iglesia católica es universal y que lo que en algunas realidades locales se acepta y se asume como algo enriquecedor, en otras es motivo de escándalo. En el reconocimiento del papel de la mujer en la Iglesia, América Latina va muchos pasos por delante. Su ejemplo debería ser tenido en cuenta para iniciar procesos de discernimiento en otras Iglesias, también en la española.

Verdaderas diaconisas

Las palabras del arzobispo de Manaos, cardenal Leonardo Steiner, durante el Sínodo sobre la Sinodalidad muestran la importancia decisiva de las mujeres para que la fe continue presente en muchas comunidades de la región: «las mujeres han sacado adelante a las comunidades y hoy están sacando adelante a nuestras comunidades». Es más, «varias de nuestras mujeres son verdaderas diaconisas, sin haber recibido la imposición de manos», subrayaba el cardenal brasileño, que manifestaba su admiración ante el hecho de «cuántas mujeres son responsables de nuestra Iglesia».

Para el cardenal Steiner, «nuestra Iglesia no sería la Iglesia que es sin la presencia de las mujeres». Iba más allá en sus palabras, hasta el punto de cuestionar, con relación al diaconado femenino, que «si vemos que históricamente esto ya ha estado presente en la Iglesia, ¿por qué no restaurar el diaconado femenino ordenado si ya ha existido en la historia de la Iglesia, tal como se hizo después del Concilio para restaurar el diaconado permanente para los hombres?». 

Son procesos de discernimiento a los que la Iglesia no se puede cerrar, pues «no debemos dejar de reflexionar sobre estas cuestiones, no debemos dejar de analizarlas, no debemos dejar de recordar el papel fundamental, la misión fundamental de la mujer en la Iglesia», siguiendo con las palabras del arzobispo de Manaos. Que no haya una vuelta atrás en ese camino demanda escucha y diálogo para juntos entender que todo es parte de un proceso. Pensar en ello en este 8 de marzo nos ayudará a entender que el Día de la Mujer debe ser motivo para que en la Iglesia tengan voz y vez.