Muere el gran filósofo alemán Jürgen Habermas
En 2024 tuvo un histórico diálogo con el entonces cardenal Joseph Ratzinger
El filósofo alemán Jürgen Habermas ha fallecio este sábado a los 96 años, según ha confirmado a EFE su editorial en Alemania, Suhrkamp. El filósofo ha muerto en su casa, situada en la ciudad de Starnberg (sur de Alemania), rodeado de su familia.
A Habermas se le recuerda, sobre todo, por sus vínculos con la ciudad de Fráncfort, en el oeste alemán, donde hizo carrera como pensador e investigador social.
Escuela de Fráncfort
Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003, formó parte de la llamada segunda generación de la Escuela de Fráncfort, centro de investigación donde fue asistente de Theodor W. Adorno, otro de los grandes pensadores germanos del siglo pasado.
Habermas también impartió clases de filosofía en la Johann Wolfgang Goethe Universidad de Fráncfort.

Filosofía y Teología
En la última etapa de su vida, según explicó el profesor de Ética y Antropología de la UCV, David Lana, en esta Tribuna de Alfa y Omega, «la relación de la Filosofía con la Teología» tuvo un «lugar destacado».
Desde su encuentro en 2004 con el entonces cardenal Joseph Ratzinger y tras los atentados de las Torres Gemelas en 2001 y con el consiguiente aumento del fundamentalismo religioso, Habermas dio un «nuevo giro en su obra, no menos esperado y deseado desde el ámbito de la teología católica, y entra a hablar de una racionalidad más cercana a la ya tradicional vida buena, adentrándose de lleno en problemas que atañen a la especie humana, que parece estar nuevamente amenazada».
Según Lana, en Habermas «la razón cobra carnalidad y lo hace del lado de la compasión, recordando su última conversación con Marcuse. Tal vez la compasión sea el lugar desde donde la razón humana descubre su vocación a la vida social, redefiniendo la dignidad de la persona y ayudando a construir una sociedad que necesita vivir en valores si por humana quiere ser entendida».
Así, «virtudes de la ética del discurso como lo son la justicia y la solidaridad se vuelven necesarias para el ser humano que vuelve a sentir, la sinrazón que en otros tiempos no tan lejanos mermaron la dignidad de la persona».