Motivos para visitar Sigüenza - Alfa y Omega

Motivos para visitar Sigüenza

En la mañana del 30 de noviembre de 1664, los canónigos de la catedral de Sigüenza descubrieron con asombro cómo las paredes de la Capilla Mayor estaban cubiertas por bellas tapicerías. Esos tapices, restaurados, y La Anunciación, de El Greco, conforman una exposición que puede visitarse en este templo

Jesús de las Heras
Claustro de la catedral de Sigüenza

Sigüenza, en el corazón de Castilla, está a tan sólo 125 kilómetros de Madrid. Su catedral, comenzada en la mitad del siglo XII, es quizás una de las mejores diez catedrales de España, y el conjunto de la ciudad, declarado bien de interés cultural, es asimismo una de las ciudades medievales (en sentido amplio, pues Sigüenza es también renacentista, barroca e ilustrada) más hermosas de nuestra nación. Siempre ha habido razones para visitarla, y ahora dos más, dos poderosas razones más: un óleo de El Greco y una espléndida y recuperada colección de tapices del siglo XVII. Esta exposición ha sido posible gracias a la gerencia de la Fundación Ciudad de Sigüenza, el asesoramiento de la Fundación Gómez Gordo y del Instituto para el Patrimonio Cultural Español, la colaboración económica de varias empresas, de instituciones públicas –Ayuntamiento de Sigüenza, Diputación Provincial y Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha– y de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

Marte huye, Júpiter se alegra por el final de la guerra obtenido por Palas y Paz

De 1664…, a 2014

En la mañana del 30 de noviembre de 1664, fiesta de San Andrés, los canónigos de la catedral de Sigüenza entraban a la Capilla Mayor para la oración matutina y descubrieron con asombro cómo las paredes estaban cubiertas por bellas tapicerías de hermosos colores y curiosas escenas; mientras abrían los labios para la alabanza divina, sus miradas iban recorriendo aquellas ricas colgaduras, un total de 16, y durante el canto del himno de la fiesta de San Andrés sonrieron agradecidos, pues sin duda se trataba de un magnífico regalo de don Andrés Bravo de Salamanca, entonces obispo de Sigüenza, a su catedral. Al terminar la oración, una embajada del Cabildo subió al castillo de la ciudad, donde vivía don Andrés, para agradecer al prelado tan espléndida dádiva, adquirida seguramente en alguna almoneda tras la muerte o quiebra de su noble propietario.

Los sacrificios divinos son restaurados por Palas y Paz

Durante varios siglos, el Cabildo continuó adornando durante el invierno los muros de la Capilla Mayor de la catedral con estas ricas colgaduras flamencas. Sobrevivieron a los saqueos de la Guerra de la Independencia y a las ruinas de la Guerra Civil, incautados y custodiados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y finalmente pasaron a adornar otros espacios de la catedral, tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II.

Palas y Paz conducen a los trabajadores al templo del honor

Con motivo del IV Centenario de El Greco, la catedral seguntina se unió a la conmemoración con una exposición que combina una serie de estos tapices con el cuadro del cretense titulado La Anunciación. La muestra fue inaugurada a finales de julio, y ocupa dos espacios del claustro catedralicio: una gran sala de estilo cisterciense, posiblemente el antiguo refectorio, acoge una serie de ocho tapices flamencos titulada Las virtudes de Palas Atenea, y la capilla de Concepción, magnífica obra renacentista con decoración plateresca, pinturas murales y bóveda estrellada, muestra el lienzo de La Anunciación, de El Greco.

La recompensa de las armas (El botín de guerra)

Los tapices

La tapices, tras su restauración en la Real Fábrica de Tapices, han recobrado su antiguo esplendor y hablan a los visitantes de Palas Atenea, representada como una diosa guerrera, pero que, en realidad, es la diosa civilizadora, amiga de la paz e impulsora de las artes. Por eso comparte el protagonismo con la diosa Paz, personificada en la imagen de una bella joven ricamente ataviada, con la rama de olivo o el cuerno de la abundancia en su mano.

Dos talleres de Bruselas, Jean le Cler y Daniel Eggermans, siguiendo los modelos de un discípulo del pintor francés Charles Poerson, que se inspiró en la iconografía de Cesare de la Ripa, crearon estas telas. Presentan a Palas Atenea como el modelo del buen gobernante que destierra la guerra, premia a los pacíficos, celebra y mantiene la paz, impulsa el desarrollo de todas las artes, favorece a los esforzados y expulsa a los perezosos, ampara las prácticas religiosas e impulsa el comercio, alcanzando así la prosperidad en su territorio.

La Anunciación, de El Greco

La Anunciación

El lienzo de El Greco La Anunciación, por el uso del color y de la luz y la disposición y forma de los personajes, se encuadra en la última etapa del pintor, entre 1603 y 1607. Fue restaurado en 2008, en los talleres del Instituto para el Patrimonio Cultural Español (IPCE) en Madrid, donde hallaron la firma del maestro bajo el reclinatorio de la Virgen.

La escena representada se encuadra en el final del relato evangélico de la Anunciación, en el momento de la Encarnación, como sugiere la expresión de la Virgen, aceptando la maternidad divina, y el gesto del arcángel, cruzando sus manos sobre el pecho en adoración al Dios recién encarnado. La nube que sostiene al arcángel y la brillante luz que irradia el Espíritu Santo, blanca paloma rodeada de racimos de alegres querubines, invitan a elevar los ojos hacia la eternidad; el reclinatorio, el jarrón de azucenas y el cesto de costura devuelven nuestra mirada a la realidad temporal.

Julián García y Jesús de las Heras
canónigos de la catedral de Sigüenza