Monseñor Gómez defiende a san Junípero y declara, en su día, una jornada por la reconciliación

El arzobispo de Los Ángeles y presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, monseñor José H. Gómez, ha convocado este miércoles, memoria litúrgica de san Junípero Serra, un día de «oración, ayuno y caridad» para pedir por su intercesión la sanación y reconciliación del país del «vergonzoso legado del racismo». En una carta pastoral, afirma que el misionero franciscano español fue «un defensor de los derechos humanos» al que se intenta culpar «de todos los abusos cometidos contra los pueblos indígenas de California»

María Martínez López
Foto: ABC

El arzobispo de Los Ángeles y presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, monseñor José H. Gómez, ha convocado este miércoles, memoria litúrgica de san Junípero Serra, un día de «oración, ayuno y caridad» para pedir por su intercesión la sanación y reconciliación del país del «vergonzoso legado del racismo». En una carta pastoral, afirma que el misionero franciscano español fue «un defensor de los derechos humanos» al que se intenta culpar «de todos los abusos cometidos contra los pueblos indígenas de California»

«Fray Junípero es un santo para nuestros tiempos un defensor de los derechos humanos y el primer santo hispano de este país», además de «fundador espiritual de Los Ángeles». Por este motivo el arzobispo de la ciudad y presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, monseñor José H. Gómez, ha convocado este miércoles, memoria del santo, una jornada de «oración, ayuno y caridad» para pedir por su intercesión la sanación y reconciliación «en esta hora de juicio» al enfrentarse el país de nuevo al «vergonzoso legado» del racismo. «San Junípero nos diría que solo la misericordia, el perdón y la verdadera contrición pueden hacernos avanzar».

Monseñor Gómez, de origen mexicano, hizo pública el lunes una carta pastoral con motivo del derribo de las estatuas del santo en San Francisco y Los Ángeles, esta última frente a la primera iglesia de la ciudad. La misiva pretende responder al debate público en todo el estado (y el país) sobre si se debe permitir la presencia de su imagen en suelo público.

La archidiócesis de Los Ángeles, reconoce monseñor Gómez con tristeza, se ha visto obligada a aumentar las medidas de seguridad en sus misiones históricas, templos edificados en los primeros tiempos de la evangelización de California y que dieron lugar a muchas de sus ciudades más celebres. También se está planteando reubicar algunas esculturas por miedo a que sean profanadas.

Acogida al «profundo dolor» de los nativos

Con todo, el arzobispo se muestra comprensivo con «el profundo dolor que manifiestan algunos pueblos nativos de California». La explotación que sufrieron «y la destrucción de sus antiguas civilizaciones es una tragedia histórica», que sigue teniendo consecuencias en la vida actual de estas comunidades. Consciente de esto, la archidiócesis que dirige ha «trabajado arduamente para reparar los errores y fallos del pasado», y acoge con «gran estima» su aportación a la misión actual de la Iglesia.

Monseñor Gómez, que ha estudiado la figura del santo mallorquín desde hace años, confiesa que «su deseo de llevar la tierna misericordia de Dios a cada persona es una fuente de inspiración para mí». Pero, asegura, también ha llegado a comprender por qué su imagen «evoca recuerdos dolorosos» y por qué las protestas actuales «son importantes» y deben ser tomadas en cuenta en el contexto de «un diálogo genuino» y de «búsqueda de la verdad y del bien común».

Diálogo y búsqueda de la verdad

En todo caso, asegura, la decisión de no honrar públicamente a Serra o a otras figuras, si se llega a tomar, debe ser responsabilidad de los representantes elegidos democráticamente, y no de «pequeños grupos de manifestantes» a los que se permite practicar actos vandálicos.

«Es importante permitir la libre expresión de la opinión pública, pero también lo es defender el estado de derecho» y garantizar que las decisiones «estén basadas en un diálogo genuino y en la búsqueda de la verdad y del bien común», defiende el obispo. «No podemos aprender las lecciones de la historia o sanar antiguas heridas a menos que comprendamos lo que realmente sucedió», cómo y por qué.

Memoria histórica

Para el presidente de los obispos estadounidenses «está claro» que muchos de quienes atacan la figura de Serra o sus monumentos «no conocen su verdadero carácter o sus antecedentes históricos». Desde hace décadas, lamenta en su carta pastoral, se viene llevando a cabo por activistas un proceso de revisión histórica «para hacer de Junípero Serra el centro de atención de todos los abusos cometidos contra los pueblos indígenas de California».

Abusos y crímenes que «en realidad ocurrieron mucho después de su muerte». La llamada a «una guerra de exterminio» contra ellos, por ejemplo, fue realizada por el primer gobernador de California en 1851, 77 años después de su muerte. Y «la trágica ruina de las poblaciones nativas» se produjo después del cierre o secularización de las misiones por él fundadas.

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Las misiones, «comunidades multiculturales»

«Ningún historiador serio aceptaría», por ejemplo, la comparación de las misiones que fundó con campos de concentración nazis. En realidad, explica monseñor Gómez, «a pesar de sus muchos defectos», fueron bastante similares a otras «sociedades comunitarias» de la historia temprana del país. Es «tristemente» verdad que en ellas se practicaba el castigo corporal, como en toda la sociedad de la época, y que algunos nativos murieron por enfermedades.

Pero al mismo tiempo eran «comunidades multiculturales de culto y de trabajo, con sus propios gobiernos y con una economía autosuficiente» basada en la agricultura y la artesanía. Vivir en ellas era voluntario, y como mucho llegó a vivir en ellas el 20 % de la población indígena. En ellas se creó una nueva cultura mestiza, con su propio arte. Mientras fray Junípero las presidió, «no hubo abusos físicos ni conversiones forzadas». Y fue tras su cierre o secularizacióncuando se produjo «la trágica ruina de las poblaciones nativas».

El racismo, una blasfemia

San Junípero consideraba la ideología colonial que miraba a los nativos como «bárbaros» y «salvajes» una «blasfemia contra el Dios que “creó (a todos los hombres y mujeres) y los redimió con la preciosísima sangre de su Hijo”». Por eso vivió y trabajó con ellos y defendió su humanidad. Reconoció  su «amabilidad», su actitud pacífica, su «creatividad y conocimiento», y «aprendió sus lenguas y sus costumbres y culturas.

No vino a conquistar; más bien a ser un hermano de ellos», preocupado por su «salvación». Y el arzobispo apunta la hipótesis de que de ellos aprendió el franciscano español «su profunda reverencia por la creación», que hizo de él «uno de los primeros ambientalistas de Estados Unidos», documentando los distintos ecosistemas de California.

Declaración de derechos de los nativos

Al mismo tiempo, pasó toda su vida «protestando por los crímenes e indignidades cometidos en su contra», que también recogía en sus cartas. Por ejemplo, los abusos sexuales diarios de soldados coloniales contra mujeres indígenas. Con 60 años, viajó hasta Ciudad de México para protestar por estas injusticias y exigir que las autoridades adoptaran una declaración de derechos de los nativos que él había escrito.

Constatar de primera mano esta realidad le llevó a entender «que el alma de los indígenas había sido oscurecida por la amargura y la rabia causadas por el maltrato histórico». Por eso, cuando incendiaron la misión de San Diego y asesinaron a su amigo el padre Luís Jayme, fran Junípero «no se indignó. Estaba más bien preocupado por las almas de los asesinos e intercedió ante las autoridades» para que fueran magnánimas y demostraran que también vivían según las enseñanzas del Evangelio de devolver bien por mal. «Puede ser el primer argumento moral contra el uso de la pena de muerte en la historia de Estados Unidos», deja caer monseñor Gómez.

María Martínez López