Modelo de brutalismo y de acogida a las personas sin hogar - Alfa y Omega

Modelo de brutalismo y de acogida a las personas sin hogar

Nuestra Señora del Rosario de Filipinas da de comer a los más desfavorecidos del barrio de Salamanca. Arquitectos de toda España acuden también a conocerla

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Celebración en el templo.
Celebración en el templo. Foto: Nuestra Señora del Rosario de Filipinas.

No es habitual que arquitectos de todo el mundo entren en grupo a ver una iglesia, pero es lo que sucede con relativa frecuencia en Nuestra Señora del Rosario de Filipinas. Esta parroquia en pleno barrio de Salamanca es emblema del brutalismo, un estilo arquitectónico particular basado en el hormigón y el cemento. «Aquí todo son líneas muy sencillas, en el presbiterio solo hay un Cristo y una Virgen, y el templo tiene una visibilidad muy grande por la ausencia de columnas», explica el párroco, el dominico Carlos Recas.

Además, la iglesia tiene la particularidad de que el espacio para los fieles está dispuesto en dos pisos, gracias a una planta superior a la que se puede acceder por una rampa que sale de las inmediaciones de la Virgen. De este modo, tiene capacidad para 900 personas sentadas y otras 400 en su coro. La acústica del templo es también muy buena, lo que hace las delicias de los músicos que participan en los conciertos que el edificio acoge de vez en cuando.

Sin embargo, esta no es la estructura original del templo. El embrión de esta comunidad es la pequeña capilla del convento que levantaron los dominicos aquí en 1915. Debido a la expansión de la capital a mediados del siglo pasado, el arzobispo Casimiro Morcillo la erigió como parroquia y, al quedarse pequeña para acoger a la creciente población del barrio, se construyó el edificio que hoy todos conocen.  

Uno de los desayunos que ofrece la parroquia.
Uno de los desayunos que ofrece la parroquia. Foto: Nuestra Señora del Rosario de Filipinas.

Como curiosidad, el templo está bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas porque los dominicos —once hoy, de los que dos son hermanos y nueve, sacerdotes— pertenecen a la provincia dominica del Rosario, que hoy tiene su sede en Hong Kong. «Desde aquí se han enviado durante años muchos frailes a Filipinas y a la misión en Oriente en general», dice Recas.

El tiempo ha ido pasando y los vecinos del barrio hoy son de un perfil «más bien entrado en años», explica el párroco. Pero a las Misas de primera y de última hora de los días laborables acuden muchos trabajadores de las empresas de la zona, para empezar o acabar bien la jornada. También hay jóvenes y niños de alguno de los tres colegios que hay en el territorio de los dominicos; uno de ellos, el de Nuestra Señora de Loreto, adscrito a la parroquia. Son ellos los que dan algo de bullicio a los locales los viernes por la tarde, para la catequesis, o los domingos por la mañana, durante la Misa de familias que llena el templo.

Por sus pasillos transitan también, en algún momento de la semana, los laicos de una fraternidad dominica seglar y los de la Legión de María. Otros se reúnen periódicamente para rezar según el método de la lectio divina que impulsó hace unos años en toda la archidiócesis el cardenal Osoro.

Labor solidaria

Pero sin duda, la labor más significativa de la parroquia la constituye la acción social, que sacerdotes y laicos desarrollan, paradójicamente, en uno de los barrios más pudientes de Madrid. Los voluntarios de Cáritas ofrecen dos veces al mes comida a entre 15 y 18 familias de la zona, a las que hacen un seguimiento periódico. En una entrega les ofrecen alimentos perecederos y, en la siguiente, no perecederos.

Junto a ello, la acción social la completa lo que la comunidad parroquial llama los Desayunos San Martín de Porres, una iniciativa que ofrece a diario un tentempié a 65 personas sin hogar que deambulan por las calles del barrio de Salamanca pidiendo limosna para buscarse la vida. Los que lo desean —que suelen ser alrededor de 40 cada día— también tienen la oportunidad de recibir la comida a media mañana.

«Esto sale adelante todos los días de lunes a sábado gracias a un equipo de voluntarias que se turnan para ofrecer este servicio», cuenta Recas. También «a la ayuda de algún colegio de la zona y de varios fieles que preparan los alimentos en sus casas».