Miles de personas visitan las reliquias de san Francisco de Asís
La ostensión de los restos del Poverello es el primer gran momento del octavo centenario de su muerte. Otro se vivirá en agosto con la visita del Santo Padre
Desde el pasado domingo, 22 de febrero, miles de personas hacen fila en las puertas de la basílica inferior de Asís para rezar ante los restos mortales de san Francisco, que se muestran dentro de una urna de cristal. En el pasado ha habido ostensiones puntuales, a las que solo pudieron entrar franciscanos o invitados especiales. Pero esta es la primera vez que se permite la entrada del público. La ocasión son los 800 años del fallecimiento del fundador de los franciscanos.
Pocos días antes del inicio de la ostensión, el Vaticano anunció que León XIV viajará a Asís el 6 de agosto para el GO! Franciscan Youth Meeting, un encuentro de jóvenes europeos de entre 18 y 33 años que comenzará el 3 de agosto y en el que participan tanto católicos como no católicos. Cuando en noviembre el Papa se reunió en Asís con los obispos italianos, prometió a los franciscanos que regresaría para un evento del octavo centenario. Ha cumplido esta promesa.

El domingo, el primer peregrino a las reliquias fue el cardenal español Ángel Rodríguez Artime, legado de León XIV para las basílicas papales de Asís. Durante la Misa con la que inauguró la ostensión destacó que «si hoy veneramos el cuerpo de san Francisco, no es para detenernos en el recuerdo con una mirada nostálgica al pasado. Es una invitación fuerte y concreta para nuestro presente». «¿Dónde me pide el Señor un paso de confianza?», sugirió preguntarse. «Francisco se dejó salvar por Dios. Su vida nos dice que la santidad no está reservada a unos pocos héroes, sino que es el florecimiento de quien confía en Cristo», subrayó. «Mientras, como peregrinos, contemplamos y veneramos el cuerpo de Francisco, recordemos que también nosotros, en nuestra vida concreta, estamos llamados a convertirnos en lugar del Evangelio», propuso.
El nombre original del Poverello era Giovanni di Pietro di Bernardone. Nació en Asís en 1181 o 1182 y murió a los 44 años. Según sus biógrafos, cuando estaba a punto de morir, pidió que lo llevaran a la Porciúncula, la iglesia donde fundó los franciscanos. Quiso que lo tumbaran desnudo en el suelo, para morir pobre y como Jesús en la cruz. Allí bendijo uno a uno a sus frailes y también a la humanidad, a las personas que habían nacido en el pasado y a las que nacerían en el futuro. Además, pidió que le leyeran el relato de la pasión en el Evangelio de san Juan y el Cántico de las criaturas. Así saludó cantando a la «hermana muerte».
En el año 1230 los franciscanos escondieron los restos de su fundador en algún lugar de la iglesia inferior de la basílica de Asís y, con el paso del tiempo, se perdió el recuerdo de su localización exacta. En 1818, con permiso del Papa Pío VII, comenzaron los trabajos para localizarlos.
Se pusieron manos a la obra en secreto cinco frailes. Después de excavar durante 52 días, encontraron un sarcófago de piedra con huesos que atribuyeron a san Francisco. «Dentro del sarcófago había monedas del siglo XIII, contemporáneas de su fallecimiento. Además esos restos, de un hombre de 1,56 metros, correspondían con la descripción del santo. Tenía las rodillas desgastadas, y también él se pasó la vida caminando», explica a Alfa y Omega fray Jorge Fernández. «Si hubiera dudas, cabe también preguntarse: ¿a quién si no habrían enterrado allí?». Esos restos fueron llevados a una urna de bronce, donde han estado reposando hasta ahora, y adonde regresarán el 22 de marzo.
«Francisco es un personaje poliédrico. Nació en una familia rica, pero eligió la pobreza. Ese desapego material es un mensaje potente para nuestro tiempo, obsesionado con lo económico. También era un soñador, pero pasó de los sueños mundanos, de querer ser caballero, famoso, importante, al sueño de Dios, que siempre es más grande que el nuestro», resume a Alfa y Omega un franciscano argentino del convento de Asís, fray Jorge Fernández.
Del santo, el fraile destaca que «su conversión muestra que consagrarse a Dios no deshumaniza, hace la vida plena». Por ejemplo, Francisco «era muy humano, vivió rodeado de amigos y amigas; tuvo una relación profética con la creación y por eso es patrono de la ecología; fue poeta y escritor y su Cántico de las criaturas es uno de los primeros textos en italiano vulgar». También es un icono de paz, pues «en plena guerra visitó desarmado al sultán y dio ejemplo de convivencia en la diferencia».

Sus restos, un esqueleto completo, pueden verse dentro de una urna de cristal blindado. Según fray Jorge, se trata de «un encuentro con lo que queda de la humanidad de un gran hombre. Francisco no está embalsamado ni reconstruido, está como lo dejó la hermana Muerte». «Quienes lleguen, en primer lugar se encontrarán consigo mismos. Verán un pueblo en peregrinación silenciosa, contemplativa, pues la basílica está hecha para ser mirada; fue construida para personas que no sabían leer ni escribir, pero sí contemplar», señala el fraile. «Luego, ante los restos frágiles de Francisco, cada uno podrá descubrir que, desde nuestra propia fragilidad, si confiamos en Dios y en los demás, se pueden hacer grandes cosas», afirma, convencido.
El primer día de la ostensión peregrinaron hasta allí 18.000 personas. Para las próximas semanas han reservado turno unos 380.000 peregrinos. La mayoría, un 80 %, procede de Italia, aunque también hay reservas de Japón, Singapur, Pakistán, Kenia y Brasil. El 63 % son mujeres y el 37 %, hombres. «La mayoría vienen por devoción, por afecto a san Francisco. Pero no se trata de ver sus huesos sino de meditar sobre la vida y la muerte, sobre esa parábola de la semilla que cae en tierra, muere y da vida», apunta.