La hija del empresario católico condenado a 20 años en Hong Kong: «Mi padre ha perdonado»
Claire Lai, la hija del empresario de la comunicación Jimmy Lai, encarcelado por defender la libertad de prensa, denuncia en Alfa y Omega las duras condiciones en prisión. Jimmy Lai se aferra a la fe para seguir con vida
Tiene 78 años, lleva más de cinco en una celda de aislamiento, le queda una pena de 20 más impuesta por un régimen totalitario y, sin embargo, reza cada día por quienes le han hecho esto. Suena a otros tiempos, pero está sucediendo hoy en una de las sociedades más tecnificadas del planeta. Es la historia de Jimmy Lai, magnate católico hongkonés que está pagando caro defender la libertad frente a Pekín.
«Mi padre ha perdonado a quienes le han metido en la cárcel. En una carta, me escribió que el perdón es como caminar hacia quienes se niegan a acercarse a ti. Y me recordó que las primeras palabras de Jesús en la cruz no fueron para proclamar su inocencia, sino para decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Él ve su encarcelamiento como una oportunidad para crecer en virtud. Concibe su injusta persecución como una ocasión para crecer en caridad. Hubo un día en que un guardia fue extremadamente duro con él y me dijo que Dios había enviado a ese hombre a su vida para hacerle más humilde. Y le daba gracias al Señor por ello».

Quien describe así a Jimmy Lai es su hija Claire. La joven habla con Alfa y Omega después de que el Tribunal Superior de Hong Kong haya condenado a su padre por conspiración contra China en connivencia con fuerzas extranjeras y conspiración para cometer sedición. Para la familia, la sentencia de 855 páginas demuestra que, en realidad, ha sido procesado por su trabajo como director del periódico prodemocrático Apple Daily y por su defensa de la democracia y el Estado de derecho en Hong Kong. Claire está convencida de que la condena de su padre tiene intenciones ejemplarizantes y de que el Tribunal no ha llegado a demostrar nada. «Hong Kong alguna vez tuvo un sistema legal muy prometedor del que ahora no queda nada», denuncia la joven, que además es abogada.
Al igual que el cardenal Joseph Zen —que bautizó a Lai en 1997— el magnate, que ya había apoyado otras protestas, se volcó especialmente con las del año 2019 contra el intento de Pekín de imponer una nueva y restrictiva Ley de Seguridad Nacional. La norma se promulgó en 2020 y criminaliza cualquier forma de oposición contra China en la que fuera antigua colonia inglesa. Hong Kong regresó a manos chinas en 1997 tras 150 años de dominio británico. En el momento de la transferencia, los Gobiernos británico y chino firmaron la Basic Law, una especie de Constitución para Hong Kong que consagraba el principio de «un país, dos Gobiernos». En esencia, suponía que la excolonia gozaría de un alto grado de autonomía y se protegerían principios como la libertad de expresión y de reunión, que no existen en China.
«Mi padre creó su periódico» en 1995 «porque cree que la información da a las personas la capacidad de ejercer su autonomía y, por lo tanto, su libertad. Eso es lo que se está atacando», asegura la joven. Poco después de la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional, unos 200 policías asaltaron la sede. Fue la primera vez que se invocó dicha norma para registrar las instalaciones de un medio. Lai fue detenido. El Apple Daily cerró en 2021 tras otro registro y la congelación de sus activos. La familia Lai pide ayuda a través de supportjimmylai.com.
A su defensa consagró Lai buena parte de su vida. Ahora, teniendo en cuenta su edad, que es diabético y sufre problemas cardíacos, 20 años de cárcel es el equivalente a una cadena perpetua o una condena a muerte. «Cuando mi padre entró en prisión era un hombre fuerte, pero hemos visto un enorme deterioro en estos años. También influye en su salud el hecho de que esté completamente solo y aislado. Sabemos que lo que le protege es su fe en el Señor», explica Claire. Jimmy Lai nació en la China continental pero, con unos 13 años, se embarcó clandestinamente en una nave hacia Hong Kong. Allí, trabajando desde el puesto más humilde, llegó a amasar una auténtica fortuna y se convirtió en ciudadano británico. «Ha habido solicitudes de la Embajada británica y de la ONU para que un médico independiente visite a mi padre, pero todas han sido rechazadas por el Gobierno», lamenta su hija, que recorre el mundo pidiendo la libertad de su padre.
Lai solo puede ver a su familia unas 24 horas al año. Claire le visitó por última vez en verano. En aislamiento, Jimmy pasa el día leyendo alguno de los libros que le permiten tener, como la Biblia, o escribiendo cuando su familia le puede hacer llegar bolígrafos. Cuando cuenta con un poco de luz, también hace dibujos de la Virgen o de Cristo. Su hija narra que intentaron hacerle llegar un rosario y no se lo han permitido. «Pero sé que nuestra Madre intercede por él», afirma. Del acceso a los sacramentos ni hablamos: «No puede ir a Misa ni confesarse. Solo recibe muy de vez en cuando la Eucaristía».

Claire dice que su padre se nutre de las vidas de santos como Maximiliano Kolbe, o de hombres de fe, como el cardenal Van Thuân, ambos cautivos como él. «Desde que está en prisión, su fe ha crecido y es como una onda expansiva. Su sufrimiento es muy intenso, pero tiene un propósito y es ofrecerlo al Señor. Su fe es la que hace que la nuestra no flaquee. Y quién sabe hasta dónde llegará esa onda expansiva. Solo espero que su testimonio ablande algunos corazones», desea la hija de este hombre que ha pagado con su propia libertad el precio de luchar por la de todo un pueblo.