Mensaje de Cuaresma del Papa: «Desconfío de la limosna que no duele» - Alfa y Omega

Mensaje de Cuaresma del Papa: «Desconfío de la limosna que no duele»

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, es el título del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2014, centrado en la diferencia entre pobreza (una virtud evangélica) y miseria…

Redacción

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, es el título del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2014, centrado en la diferencia entre pobreza (una virtud evangélica) y miseria. Francisco no pretende «tranquilizar nuestras conciencias burguesas» con un mensaje abstracto sobre las maldades del sistema, sino que está apelando a una conversión personal, dijo, en la presentación del Mensaje, el cardenal Robert Sarah. El Papa denuncia tanto la miseria de tipo económico, como la «miseria moral», de quienes «han perdido el sentido de la vida» y la esperanza, y pide que la Cuaresma sea un para despojarse. «Nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza», escribe. «No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial»

Miseria no es lo mismo que pobreza, subraya el Papa. «La miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza», escribe, e invita a reflexionar en el camino personal y comunitario de conversión sobre tres tipos de miseria: «la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual».

Pero la pobreza es también una virtud evangélica. «En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo».

Cosa distinta es la miseria material, que «es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad».

Francisco pude que «nuestros esfuerzos» se orienten a «encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir».

«No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado», afirma luego el Papa, lamentando: «¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros -a menudo joven- tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente».

«Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera», señala el Mensaje para la Cuaresma 2014.

«El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual», añade el Papa. «En cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!»

«Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana», afirma el Papa Bergoglio, que concluye su Mensaje deseando que «este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona».

«Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele», subraya el Papa, tras recordar la necesidad de que «nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial».

Presentación del cardenal Sarah

La presentación del Mensaje corrió a cargo del cardenal Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, que anunció un nuevo viaje a Haiti, en marzo, para inaugurar una escuela financiada en nombre del Papa como signo de su cercanía a la población haitiana, que no se recupera del terremoto que en 2010 causó más de 220.000 muertos y afectó a tres millones de personas.

El cardenal aclaró que «la visión cristiana de la pobreza no es la misma que rige el sentimiento común. Demasiado a menudo se considera la pobreza simplemente en su dimensión sociológica y se entiende como una falta de bienes. Por otra parte, se recurre a menudo al concepto de Iglesia pobre para los pobres, como una forma de contestación a la Iglesia, oponiendo a una Iglesia de los pobres, una Iglesia buena…, a una Iglesia de la predicación y de la verdad, dedicada a la oración y a la defensa de la doctrina y de la moral».

«La primera referencia para que un cristiano entienda la pobreza es Cristo que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza», dijo. «La elección de la pobreza por parte de Cristo nos dice que hay una dimensión positiva de la pobreza, que también resuena en el Evangelio, que proclama bienaventurados a los pobres. Es obvio que en esta dimensión de la pobreza hay un aspecto de despojo y renuncia. Pero es posible porque la verdadera riqueza de Jesús es su ser Hijo».

«No pensemos en tranquilizar nuestras conciencias burguesas, quiere decir el Papa, denunciando la falta de bienes o la pobreza como un sistema», añadió el cardenal. «El mensaje de la Cuaresma que hoy presentamos hace una distinción importante entre la pobreza y la miseria. No es la pobreza, que es una actitud evangélica, sino la miseria la que queremos combatir».

El Presidente de Cor Unum se refirió también a la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en la que el Papa escribía que la opción preferencial por los pobres debería traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria hacia ellos. Éste es un concepto fundamental, dijo, «para no transformar la Iglesia en una de esas ONGs de las que (el Papa) habló en su primera Misa como Papa los cardenales. ¡Ay de nosotros si nuestros mirada a los necesitados prescindiera de la miseria espiritual que a menudo se esconde en el corazón del hombre y lo hace sufrir profundamente, aunque posea bienes materiales!»

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