«Me siento como en casa»: quiénes son y de dónde vienen los 21.000 nuevos bautizados en Francia
Los bautizos de adolescentes y adultos en la Vigilia Pascual en Francia se han triplicado en diez años. Los de adolescentes, se han multiplicado por seis. La Iglesia en París analizará cómo responder a este fenómeno
David Soulé es uno de los más de 21.000 adolescentes, jóvenes y adultos franceses que se bautizaron en la noche de Pascua en todo el país. Este agricultor de 55 años de Vic-en-Bigorre (Altos Pirineos) atribuye su acercamiento a la Iglesia a un accidente. Sus padres no lo bautizaron de niño porque querían darle la ocasión de decidir por el mismo cuando fuera mayor.
Se planteó bautizarse por primera vez cuando se iba a casar, pero entones le desanimó el largo periodo de preparación previsto. «El año pasado me caí del tejado, una caída de cinco metros sobre el asfalto», relataba a La Dépêche. «Caí de pie y salí con múltiples fracturas, pero sin secuelas. Muchas cosas salieron a la superficie y finalmente aceleró mi acercamiento a la Iglesia». Ahora, asegura que «me siento como en casa».
Es uno de los 21.386 rostros de un fenómeno que asombra a propios y extraños. Según los datos de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), en las vigilias pascuales de todo el país recibieron los sacramentos de la iniciación cristiana 13.234 adultos y 8.152 adolescentes. Esto representa un aumento del 28 % entre los adultos y de un 10 % entre los adolescentes en solo un año.
Pero es mucho más llamativo con un poco de perspectiva. En una década, los bautizos de adultos se han triplicado desde los 4.124 en 2016 hasta los 21.386. Pero el incremento se ha producido sobre todo en los últimos cinco años, pues en 20 21 fueron 4.895.

En el caso de los adolescentes, el boom es aún mayor. En 2017 fueron 1.385, lo que significa que desde entonces casi se han multiplicado por seis. Otro dato que refuerza que se trata de un fenómeno eminentemente juvenil es que el 82 % de los neófitos tienen menos de 40 años. El 42 %, entre 18 y 25.
¿Qué hay detrás?
Hace poco más de un mes el dominico Adrien Candiard, una de las grandes voces de la espiritualidad católica actual en Francia, analizaba este fenómeno para Alfa y Omega. «No es la negación de la secularización», aseguraba, sino algo que ocurre «en este marco».
Así, señalaba que al mismo tiempo que suben los bautizos de jóvenes y adultos, «los de niños pequeños continúan descendiendo y eso no lo compensa para nada». Así, los bautismos infantiles cayeron a la mitad en veinte años: de 380.000 en el año 2000 a 170.000 en 2023. «No vemos una salida de la secularización, sino un fenómeno de búsqueda de sentido y de Dios en la Europa secularizada. No es volver a la cristiandad».
En cuanto a qué hay detrás, advertía con cautela que «es muy temprano para hablar de su significado» o de «si es una moda que no durará más de unos años o el inicio de un movimiento largo e importante». Sí afirmaba que «vemos un cambio en la relación con la religión entre los jóvenes. Los que vienen a la Iglesia no tienen un pasado con ella, positivo o negativo. Quieren oír hablar de Dios».
Y admitía que «no es resultado de ningún plan sino una sorpresa para todos. Estas personas vienen sin ningún motivo externo que no sea Dios. También está claro que probablemente hay un efecto de la presencia del islam; no como miedo, sino porque hace que la gente se pregunte por Dios».

Para analizar este fenómeno, la CEF encuestó a 1.450 catecúmenos de los 21.386, de 60 diócesis. El 40 % atribuyó su camino hacia la fe a una prueba personal —una enfermedad, la muerte de un amigo, la pérdida de un abuelo— que les planteó preguntas existenciales. El 34 % fue atraído por el testimonio de vida de cristianos de su entorno. El 32 %, por una experiencia espiritual intensa. Solo el 11 % citaba a los influencers en redes sociales.
¿Cómo responde la Iglesia?
Los datos resultan tan llamativos que la Iglesia está tomando nota en latitudes muy diferentes. Así, Gaudium Press cuenta que Peter Andrew Comensoli, arzobispo de Melbourne (Australia) ha visitado el país para entender el fenómeno y aprender de él. Pero incluso los obispos locales están en proceso de aprendizaje. Así, las ocho diócesis de la provincia eclesiástica de París celebrarán a partir del 31 de mayo de 2026 un concilio provincial para estudiar cómo transformar la Iglesia local a la altura de lo que está ocurriendo.
En su entrevista con Alfa y Omega, Candiard adelantaba que es un «desafío» para la Iglesia «recibir de una forma adecuada a estas personas». Y recordaba que, incluso cuando la certeza sobre Dios se produce de forma «instantánea», la conversión «no es nunca fácil y es un proceso».
À quelques jours de la vigile pascale qui rassemblera de nombreux catholiques, plus de 13.000 adultes s’apprêtent à recevoir le baptême en France. Parmi eux, près de 800 font partie du dynamique diocèse de Lyon. https://t.co/QyPZu2pW9J
— Aleteia (@AleteiaFR) April 1, 2026
Por ello, pedía dos cosas. En primer lugar, «convertir nuestras parroquias en comunidades más misioneras», es decir, «estar abiertas» a los recién llegados. Ello implica «evitar una actitud de superioridad por parte de quienes se definen como «los cristianos verdaderos, los de antes».
En el extremo contrario, advertía frente a la tentación de «ver a los conversos como los salvadores de la Iglesia» y no «ponerlos en el foco» demasiado pronto. «Quieren que la Iglesia les enseñe, no que les diga que saben todo. Tenemos que recorrer con ellos ese camino largo».