María Gallego: «Para cuidar no hace falta trabajar en un hospital» - Alfa y Omega

María Gallego: «Para cuidar no hace falta trabajar en un hospital»

Esta joven de la parroquia Santa María Madre de Dios de Tres Cantos (Madrid) es la número uno en el examen EIR. Descubrió su vocación durante los últimos días de su padre

Rodrigo Moreno Quicios
María Gallego
Gallego ha elegido como especialidad la enfermería pediátrica. Foto cedida por María Gallego.

—Cuando de pequeña oyó hablar por primera vez de las oposiciones, ¿imaginaba que encabezaría una lista?
—No, porque no sabía lo que significaban en la vida de la gente. Según me fui haciendo mayor, lo fui entendiendo. Pero el EIR (Enfermero Interno Residente) no es una oposición al uso: no ofrece una plaza de por vida sino de formación. Jamás pensé que llegaría a ser la primera. Lo único que creía es que podría conseguir la plaza que yo quería.

—¿Qué hace falta, aparte de disciplina?
—Hay que tener paciencia, porque hay días en los que sientes que no avanzas. Tener la capacidad de seguir adelante cuando no ves resultados es fundamental. Ha sido muy importante el apoyo de mi familia y de las personas que me rodean, pero también la fe ha sido transformadora. Después de pasar una crisis en mi adolescencia, he descubierto que Dios siempre espera. La oración me ha acompañado mucho; es una forma de recoger lo que has hecho en el día. Participaba en la que se hacía los martes en la parroquia Santa María Madre de Dios, en Tres Cantos. No para pedir un resultado, sino para sentir la fuerza que me ha sostenido.

—Ya habrá celebrado con familiares y la academia. ¿Cuál es el siguiente paso?
—Mi celebración es disfrutar ahora del tiempo que no pude estar con la gente que quiero. La academia PlanEIR [que lleva tres números uno seguidos, N. d. R.] me ha acompañado y han sido las personas tras esto. El siguiente paso es empezar esta etapa con ilusión. Ser enfermera es una gran responsabilidad, porque estás en momentos muy delicados de la vida. Lo sabía cuando empecé la carrera, pero tienes que tenerlo siempre en la cabeza. Lo quiero vivir con la intención de dar lo mejor de mí en todo lo que haga.

Se confirma

María habla con Dios todos los días y le ha dado «un sí en mayúsculas». «Es una parte muy importante de mi relación con los demás y con mi padre, y no lo entiendo como algo separado de lo que hago cada día», sentencia. Tras alejarse en la adolescencia, «hoy recibo a Dios como una fuente de paz y de luz». «Estoy muy agradecida y me voy a confirmar para reafirmar que quiero seguir ese camino».

—¿Por qué solicita plaza en Pediatría?
—Los niños viven la enfermedad de manera especial y es una etapa que se puede abordar de manera muy distinta. No es solo cuidar al niño, sino a toda la familia, que es el entorno más enriquecedor que pueden tener. Me gusta acompañar a los padres, crear un entorno humano en el hospital y explicar las cosas para que esas personitas te puedan entender. Tengo muchas ideas que pueden ser transformadoras para estos niños; enfermos o no, porque también educamos en salud.

—En la enfermería hay temporalidad y se cobra poco. ¿Por qué elegirla?
—El significado de la enfermería me nace de dentro. Tiene guardias e inestabilidad, pero tiene sentido porque queremos cuidar la gente. Cuando eliges una profesión te preguntas para quién quieres trabajar. Para mí está ligado al servicio. Aliviar el sufrimiento y acompañar a quien está pasando un momento difícil tiene un valor por encima de esas barreras.

—¿Cómo despertó la enfermedad de su padre su vocación?
—Mi padre fue diagnosticado de un cáncer cuando yo tenía 11 años. Fue una época bastante dura porque no entendía qué estaba pasando, a pesar de que se hablaba en el día a día. Nunca creí que podía fallecer y viví esa etapa de manera muy ambigua porque él siempre mantenía una actitud de fortaleza y su sonrisa. Priorizaba estar con nosotros y educarnos. Nos contaba la verdad y fue importante cuando falleció para entender el duelo. Al final del todo mi padre reiteraba que, aunque el diagnóstico era el que era, las enfermeras intentaban cambiar la manera de vivir ese momento. Hacían todo con delicadeza y él estaba feliz. Recuerdo cómo nos trataban a mí, a mi hermano y a mi madre. Me marcó profundamente y me enseñó lo importante que es sentirse cuidado y cuidar a los demás.

—Aparte de poner vías, ¿qué puede hacer un enfermero por los demás?
—Pensamos que la enfermería es solo administrar medicación, pero se pueden tomar constantes sin siquiera mirar al paciente o, en una técnica tan sencilla, alegrarle el día y cambiar su forma de ver la estancia en el hospital. Cuidar es reconocer la dignidad, no tratar como un pobrecito. Es una labor muy importante a la que quiero dedicar toda mi vida.

—¿Qué puede hacer alguien con otro oficio para, a su manera, ser enfermero?
—No hace falta trabajar en un hospital para cuidar ni hacer el bien. Un profesor puede prestar atención a los alumnos que lo necesiten, un compañero de trabajo puede escuchar y un vecino puede estar pendiente de alguien solo. Son gestos sutiles que pueden generar un cambio grande, porque todos tenemos la capacidad de aliviar el peso que puede tener la vida sobre los demás.