Manuel Arroba: «Es necesario investigar sobre la familia»

ENTREVISTA / El claretiano Manuel Arroba es el decano de la sección de Madrid del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II desde su puesta en marcha. Es juez de la Rota y, actualmente, es referendario del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica

Rodrigo Pinedo
El decano del Instituto Juan Pablo II de Madrid valora la variedad del claustro. Foto: Carlos García González

Tras un primer curso marcado por su propia puesta en marcha y por el estallido de la pandemia, la sección de Madrid del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II encara el nuevo curso con cerca de cuarenta de alumnos de sus licenciaturas –en Teología de la Familia y en Ciencias del Matrimonio y de la Familia–, que las cursarán de manera semipresencial. Tal y como explica el decano, el claretiano Manuel Arroba, la idea de consolidar la oferta formativa con otros diplomas y apostar por la investigación.

¿Cómo fue el primer curso de la nueva sección?
–Empezamos en noviembre. Tuvimos una veintena de alumnos, entre ellos había cinco nuevos, mientras que el resto venían de la experiencia anterior. Hicimos un esfuerzo para homologar algunas materias para quienes, habiendo hecho un diploma, querían continuar con una licenciatura. La pandemia estalló en marzo, pero, sin embargo, no supuso un problema académico pues, gracias a la experiencia y la gran inversión tecnológica hecha por la Universidad Católica de Murcia (UCAM) –la entidad que sostiene la sección y que lleva años a la vanguardia de la enseñanza online–, pudimos adaptar con plenas garantías la formación casi de manera inmediata. Esta plataforma digital ha permitido que la propia sede central de Roma haya continuado impartiendo su enseñanza de forma virtual, con un equipo cualificado de tutores que han asistido constantemente en Madrid y Roma a profesores y alumnos.

¿Con cuántos alumnos empiezan ahora? ¿Todavía admiten nuevos alumnos?
–Este año mantenemos esos 20 alumnos en segundo de licenciatura y esperamos tener otros 20 en primero, ahora ya sí la mayoría nuevos. Todavía están abiertas las matrículas. Y para otro tipo de alumnos, vamos a tener los diplomas, cuya oferta se va consolidando como se puede ver en la página web (institutojp2.es). Además, algunas de los nuevos centros asociados al instituto que están surgiendo por todo el mundo, como el caso de la inminente sección de Puerto Rico o la de República Dominicana, cursarán estudios en colaboración con nuestra sección, beneficiándose de las tecnologías que, como decía, la UCAM pone a nuestro servicio: el campus virtual, la biblioteca digital…

¿Van a apostar por la presencialidad absoluta o por algún modelo híbrido tras la experiencia del primer año?
–Hemos escogido la fórmula semipresencial, que nos permite adaptarnos a lo que la realidad imponga. Arrancamos con cautela y vamos a seguir utilizando una plataforma que el curso pasado fue muy bien. El 15 de octubre empezaremos con alguna actividad presencial, pero seguirá prevaleciendo el online. Si se va superando la pandemia, durante el curso podremos ir aumentando la presencialidad.

¿Cómo ha quedado configurado el claustro?
–Estamos contentos. Como estaba previsto, además de los cinco profesores estables dependientes de la UCAM, hay docentes de las distintas universidades eclesiásticas en Madrid (Universidad Pontificia Comillas, Universidad San Dámaso y Universidad Pontificia de Salamanca), así como el director de la Universidad de la Mística de Ávila para espiritualidad conyugal o un especialista en derecho de menores de la Universidad Católica de Australia. Y está previsto que alguno de la universidad civil dé cursos opcionales a los de segundo año También contamos con el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, que da pastoral familiar, y con el hasta hace poco obispo de Asidonia-Jérez y nuevo obispo de Canarias, José Mazuelos, que es el presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal y aborda temas de moral. Hay una variedad de carismas muy positiva.

Con todo, hay que tener en cuenta que dar clase no es el único objetivo del instituto. Es necesario hacer investigación que permita que avance el pensamiento de la familia, por una parte, y después trabajar en la animación pastoral, que es la que ha quedado más aparcada por la pandemia.

En lo que se refiere a la investigación, la gran inversión realizada por UCAM supone un respaldo y en la pastoral, al contar con el pleno respaldo de la Subcomisión Episcopal de Familia y Defensa de la Vida, queremos ir haciendo actividades en diócesis y algún evento para la sociedad civil, pero tendrán que esperar a que lo permitan las circunstancias.

¿Qué temas está investigando ahora la sección?
–Aunque nos ha costado más poner en común el trabajo de investigación por las limitaciones de la pandemia, yo mismo estoy terminando un artículo sobre la subjetividad jurídica, dentro del derecho de la Iglesia, de la familia, que fue una de las cosas que el gran canciller, Vincenzo Paglia, nos propuso cuando vino. También hay un proyecto de publicación sobre la antropología de san Juan Pablo II, el nuevo Enchiridion sobre familia y vida…

¿Y, por ejemplo, hay cabida para trabajos más directamente vinculados con la pandemia?
–Claro. Estamos intentando no matrimonializar la enseñanza, sino referirnos a la familia como sujeto y objeto de la evangelización, y obviamente hay materia de estudio en estos momentos. El planteamiento ya no es solo ni fundamentalmente de teología moral, sino que es jurídico, económico, sociológico, psicológico…