Manu Velasco: «Educar es más emocional que curricular» - Alfa y Omega

Manu Velasco: «Educar es más emocional que curricular»

Fran Otero
Foto cedida por Manu Velasco

Si nos atenemos a las cifras de sus redes sociales y blogs, a los numerosos premios que ha recibido y a lo que dicen de él muchas personas, Manu Velasco (El Bierzo, 1982) pasa por ser un auténtico profesor influencer. A él no le gusta mucho esta definición. Incluso le da vergüenza cuando le presentan así en las charlas. Prefiere decir que es solo un maestro que intenta hacer las cosas lo mejor posible y compartir lo que vive en el aula. Lleva 16 años –toda su vida profesional– en el colegio Santa Teresa de León, de la Institución Teresiana.

Se define como «maestro con los pies en la tierra y con la cabeza en las estrellas». ¿Qué significa?
Cuando digo «con los pies en la tierra» me refiero a tener los pies en el aula. Es importante esa conexión, te da credibilidad. Si no la tuviera, en mis charlas me sentiría como un docente que está vendiendo humo. Tener «la cabeza en las estrellas» se refiere a la importancia de la creatividad, de caminar hacia la utopía sabiendo que no se puede conseguir, pero que nos puede hacer mejorar y avanzar. Se trata de enseñar a mis alumnos las cosas importantes, pero también dar margen para la creatividad, para descubrir sus talentos.

¿Cuál es su idea de la educación?
Educar es algo más emocional que curricular, sin quitar con ello importancia al conocimiento. Cuando una persona está mal emocionalmente, también lo va a estar curricular o intelectualmente. Es la base de todo, lo que llamo las otras TIC: ternura, interés y cariño. Educar es mirar a los ojos de cada alumno y convertirnos en expertos en leer miradas para saber cómo está, qué le ocurre, qué piensa, a qué aspira… para luego enfrentarnos a la tarea de enseñar.

¿Y esto cómo se pone en práctica?
Es más importante escuchar a tus alumnos que enseñarles mil lecciones. Creo que el amor es el principio pedagógico esencial y el amor no entiende de relojes o prisas. Entiende de acompañamiento, de asombro, de autoestima, de aceptación, de ánimo.

Educación integral…
Hay que dar más importancia al ser que al saber, sin decir que este no sea importante. No me vale saber mucho si no soy nada. O que mis alumnos tengan sobresalientes si ven en la calle que una señora se cae y se ríen en vez de ayudarla. Lo primero es la persona, después viene lo demás. Necesitamos personas empáticas, capaces de poner sus conocimientos y habilidades al servicio de los demás para solucionar los problemas que nosotros no hemos podido resolver. La educación en valores me parece fundamental. Esto es, formar y educar personas capaces de llorar con las tristezas de los demás y de reír con las alegrías…

Esto significa ir contracorriente en un mundo donde prima la competitividad, ¿no?
No se trata de ser el mejor, sino de ser mejores. Así se pueden conseguir grandes cosas. A mis alumnos les digo que se preocupen de ser mejores que el día anterior.

¿Qué características debe tener un buen maestro?
Capacidad de escucha, de empatía, de trabajo en equipo, de apertura al entorno y una formación constante. Los profesores tienen que unir muchas cosas: enseñanza con aprendizaje, teoría con práctica y escuela con el entorno. Un buen profesor es capaz de unir estas cosas.

¿Están suficientemente valorados los docentes?
Podrían estarlo más si se conocieran más. Mucha gente se queda en los tópicos y no ve el trabajo subterráneo.

Tenemos en tramitación una ley de educación… ¿Qué debería incluir?
Creo que no es momento, con la que está cayendo, de ponerse a hacer una ley. Una ley de educación tiene que escuchar a los mayores precursores, que son las familias, los docentes y los alumnos. No podemos redactar leyes sin escuchar la voz de estas personas y sin que estén presentes. Una ley realista no puede ser solo para algunos, debe estar pensada para todos y respetar los derechos de todos. En definitiva, que se preocupe por los alumnos y sea capaz de dotarse no solo de un discurso teórico, sino también de medidas prácticas.

La concertada sale mal parada. Algunos diputados han dicho cosas muy negativas sobre ella: que adoctrina, que segrega…
Cuando escuchamos este tipo de afirmaciones, nos llevamos las manos a la cabeza. Llevo 16 años en un colegio concertado y para mí es todo lo contrario: acoge, tiene las puertas abiertas a todos, hay alumnos de todas las clases sociales… No hay nada mejor para desmentir cosas que darse un baño de realidad. Mi colegio está abierto para que lo puedan comprobar. Es un ataque injusto. Se tiene que respetar la voluntad de cada familia.

¿Veremos un pacto educativo?
Ojalá. La educación es tan importante que no puede estar solo en manos de políticos. No podemos estar sometidos a un baile de leyes incesantes cada cuatro u ocho años. Nos jugamos mucho. Además, los políticos pueden hacer más por la educación. Ya lo decía Marco Aurelio: «Gastar con largueza». Invertir es fundamental.

¿Cómo ha cambiado la educación por la pandemia?
Está siendo complicado, pero me gustaría poner en valor el trabajo y la coordinación de familias, docentes y alumnos. Ellos han salvado el sistema educativo en estos momentos. A nivel de Administración ha habido carencias: no nos han dotado de los recursos necesarios, ni humanos ni materiales. Todos los profesores se están moviendo muchísimo, pensando en el bien de sus alumnos y haciendo grandes cosas. Todo esto se debería poner en valor. El trabajo del profesorado está siendo incansable y maravilloso, incluso sin el apoyo que deberíamos tener.

¿Qué nos espera en el futuro?
Dice Adela Cortina que «no se construye una sociedad más justa con ciudadanos mediocres». Tenemos que responder formando personas competentes y creativas al servicio de los demás.