Mafalda Cirenei Torres: «La oración es una parte importante de la inspiración» - Alfa y Omega

Mafalda Cirenei Torres: «La oración es una parte importante de la inspiración»

Carmen Álvarez Cuadrado
Mafalda Cirenei Torres
El día a día en la escuela de arte donde estudia en Florencia. Foto cedida por Mafalda Cirenei.

Su vocación hizo que dejase todo para viajar a Italia a estudiar pintura sacra. Con 27 años, está a punto de terminar sus estudios artísticos en Florencia. Defensora de que los artistas no son como los muestran en las películas, la vida de @mafi_ct ha estado marcada por la providencia. Para quien no lo crea, ahí está su pequeño vínculo con los Médici.

El Papa Francisco no ha podido estar físicamente en el Jubileo de los Artistas y del Mundo de la Cultura, pero no se ha olvidado de ustedes.
Esperemos que el Papa se recupere pronto. Es cierto que si hubiese estado, probablemente, habría sido algo completamente distinto. Pero se valora muchísimo que haya dejado su homilía preparada para que su mensaje nos haya llegado igualmente. Aun así, lo hemos echado de menos.

¿Por qué cree que es importante que la Iglesia dedique un espacio a los artistas?
Justo en la Misa pensaba: «Qué curioso que estos jubileos estén divididos en las diferentes vocaciones, en lo que te está llamando Dios a ser en cada momento de tu vida». Y le daba vueltas a la importancia de lo que es la vida profesional en tu camino de santificación y a la de estar aquí, en este jubileo, porque todas las profesiones son importantes en nuestro camino al cielo. Y para los artistas, que tenemos la misión de llevar la belleza al mundo, todavía más.

De hecho, su vocación la hizo dejarlo todo y venir a Italia para ser artista.
Me vine hace cuatro años a Roma con 100 euros en el bolsillo, después de haberme comprado un billete de 30 euros en la capilla de las Apariciones, en Fátima, porque sabía que Dios me pedía venir para ver cómo podía dedicarme profesionalmente al arte sacro. Ahora estoy en Florencia estudiando pintura en la Escuela de Arte Sacro.

Vive en un edificio que pertenecía a la familia Médici.
No lo había pensado, pero es muy providencial. Llegué a Florencia porque conseguí un mecenas para que me ayudara a financiar mi carrera, aunque después no salió. Pero la verdad es que supone cerrar una especie de círculo: terminar mis últimos meses aquí antes de irme a Estados Unidos en una propiedad que era de los Médici.

¿Hay una idealización en la sociedad sobre la figura del artista?
Totalmente. Sobre todo, en lo que es la profesión del artista. Como todas, requiere mucho esfuerzo. Me preguntan mucho: «¿Qué pasa si te levantas sin inspiración?». La gente piensa que los artistas somos como se ve en El diario de Noa: que nos levantamos y nos ponemos a pintar desnudos en la terraza de nuestra casa mientras miramos el mar o el lago y, si estás inspirado, pintas; si no, no. La realidad no es así. Es una profesión cualquiera y si no pintas, no comes. 

¿Se puede hacer algo para combatir esa falta de inspiración?
Quizá lo que toca es aumentar tu vida de oración. Esa es una parte muy importante. Saber que todo lo bueno que tienes no es tuyo, que viene de Dios. Eso alimenta tu vocación.

Ahora tiene su primer encargo para una iglesia. ¿De qué se trata y qué supone para usted?
Sí. Es una beata, Guadalupe Ortiz de Landázuri, del Opus Dei, para una iglesia en Múnich, en Alemania. Es una mujer que hizo extraordinario lo ordinario. Fue una química que vivió su vida de forma santa. No hizo grandes milagros, nada fuera de lo común. Simplemente, supo poner amor en cada momento de su vida.