Luis Marín de San Martín: CONVIVIUM, oportunidad para «robustecer la identidad sacerdotal»
Madrid se prepara para su asamblea presbiteral, los días 9 y 10 de febrero. Uno de los asesores es el subsecretario del Sínodo de los Obispos, Luis Marín de San Martín. Nacido en esta archidiócesis, donde desempeñó su ministerio y fue ordenado obispo, se siente cercano a la Iglesia de Madrid
Luis Marín ve CONVIVIUM como oportunidad para «robustecer la identidad sacerdotal». Como momento de encuentro, identidad, discernimiento y misión, de sinodalidad, «dimensión constitutiva de la Iglesia». Una asamblea que se lleva a cabo entre un clero diverso, «una gran fortuna para la diócesis», y llamado a «desarrollar la vocación de servicio a la que hemos sido llamados, unidos a Cristo, de cuyo único sacerdocio participamos».
—El clero de Madrid se prepara para CONVIVIUM, su asamblea presbiteral, donde se esperan 1.000 participantes. ¿Qué puede representar este momento para la vida de la archidiócesis?
—Yo he nacido en la archidiócesis de Madrid, he trabajado en ella, he recibido la ordenación episcopal en la catedral de la Almudena y me he sentido siempre muy ligado a ella por el cariño y la cercanía del corazón. Desde una mirada externa, pero no lejana, me parece que CONVIVIUM representa una oportunidad que el Señor ofrece, una hermosa posibilidad de revitalización: sacudir inercias, robustecer la identidad sacerdotal, buscar medios e instrumentos adecuados que ayuden a ser testimonio creíble y presencia evangelizadora. Esta asamblea coloca a cada uno frente a la propia responsabilidad personal y, al mismo tiempo, inicia un proceso que implica a todos, ofrece un cauce de enorme esperanza a nivel diocesano, que debe desarrollarse en los años siguientes para concretarse en decisiones y acciones.
Resalto cuatro dimensiones presentes en CONVIVIUM: encuentro, para un mayor conocimiento, estrechar lazos, ayuda a la crucial tarea de reforzar el presbiterio diocesano como tal; identidad, que favorece revitalizar la realidad sacerdotal como participación en el sacerdocio de Cristo, en el pueblo de Dios, que hace imprescindible la dimensión orante y la referencia espiritual; discernimiento, lectura de los signos de los tiempos, comprender el mundo en el que vivimos y los retos de Madrid hoy, escuchar qué quiere el Señor, a qué llama, a qué mueve; y misión, dado que el sacerdote es un servidor del Evangelio. Ojalá esta asamblea se resuelva en un gran impulso evangelizador, que sacuda el pesimismo y la resignación. Y que comunique alegría: la de Cristo resucitado.

—CONVIVIUM puede ser visto como un ejercicio de sinodalidad. ¿Por qué es importante esta sinodalidad práctica y cómo puede repercutir en los diversos espacios de evangelización, especialmente en las parroquias?
—La sinodalidad no es otra cosa sino robustecer la comunión en Cristo y con los hermanos; desarrollar la corresponsabilidad en la variedad de vocaciones, carismas y ministerios; asumir con renovado afán la misión en el mundo de hoy. Por eso decimos que es una dimensión constitutiva de la Iglesia. Nos remite a la Iglesia de Cristo, la única Iglesia. Conviene tener esto en cuenta ante falsos planteamientos.
Pero la sinodalidad debe ser eminentemente práctica y concreta. No se trata de teorizar sobre ella, sino de vivirla en la realidad de la diócesis; más aún, de las parroquias. Todo proceso de revitalización y reforma, para ser viable, debe ir de abajo a arriba, no al revés. Por eso, como señala el documento final del Sínodo de los Obispos, «la comunidad parroquial, que se reúne en la celebración de la Eucaristía, es un lugar privilegiado de relaciones, acogida, discernimiento y misión».
Esta asamblea puede y debe repercutir en la vida parroquial: primero, potenciando la comunión, es decir, la realidad de la comunidad cristiana (verdadera, no teórica), que celebra la Eucaristía no como rutina, sino como centro y culmen de la vida cristiana; segundo, asumiendo un estilo verdaderamente corresponsable, en el que funcionen las estructuras de participación como obligación moral (son una ayuda, no una amenaza), sin laicizar al clero ni clericalizar al laico; por último, orientando la parroquia siempre a la misión, de manera que se evite centrarla en ella misma y se apoye el compromiso de tantas personas que, de diferentes maneras, viven y testimonian su fe, en ocasiones de forma solitaria y desconectada de la comunidad.
—En una archidiócesis con un clero tan numeroso y diverso, ¿cómo puede ayudar CONVIVIUM a descubrir que la diversidad presbiteral enriquece la vida de todos los sacerdotes y de toda la Iglesia?
—La misma experiencia de CONVIVIUM hará ver que la diversidad, la variedad, es una riqueza. El uniformismo, además de una opción falsa, es siempre empobrecedor. Pero son necesarias principalmente dos virtudes. La primera es la humildad. Dios resiste a los soberbios. Conviene recordar la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18, 9-14). La soberbia incapacita para la relación con Dios y con los demás, aboca al personalismo, crea exclusión y fomenta la división. La humildad orienta al servicio, favorece disponibilidad y anima al encuentro.
La segunda es el amor, regla suprema de la Iglesia. Por el amor fraterno nos reconocerán como discípulos de Cristo (cf. Jn 13, 35), sin el amor nada tiene sentido y valor (cf. 1 Cor 13, 1-3). No se trata de comenzar por la fides, sino por la caritas. Así, la variedad debe considerarse una gran fortuna para la archidiócesis, donde las diversas sensibilidades, vocaciones, personalidades, carismas, estilos enriquecen a todos. El otro, diferente a mí, no es mi enemigo, sino mi hermano, mi hermana. Juntos nos ayudamos, avanzamos, testimoniamos. CONVIVIUM es, sin duda, una gran oportunidad para experimentar y vivir la realidad de la Iglesia como familia de Dios, no solo a nivel presbiteral, sino para toda la archidiócesis.

—CONVIVIUM ha sido definido como un paso previo para una asamblea diocesana en 2027. ¿Cómo ayudan la asamblea presbiteral, la escucha mutua y el discernimiento común de cara a esta cita de toda la iglesia local?
—El programa de la fase de implementación del Sínodo, aprobado por el Santo Padre León XIV, contempla la celebración de asambleas eclesiales de evaluación en todas las diócesis durante el primer semestre de 2027; durante el segundo semestre de 2027, en las conferencias episcopales. Y, sucesivamente, se celebrarán asambleas de evaluación continentales durante el primer semestre de 2028, para culminar en una asamblea eclesial en el Vaticano en octubre de 2028.
Esta asamblea presbiteral ayudará, sobre todo en lo que se refiere a estilo y metodología, si bien los objetivos son distintos y son diferentes los participantes. Un aspecto muy positivo es la experiencia concreta que permitirá a los sacerdotes comprender, asumir y potenciar una sana sinodalidad en la vida de la Iglesia, alejada de caricaturas y errores asamblearios. Se trata de escucharnos de la forma más amplia posible, escuchar el Espíritu, orar, discernir, tomar decisiones según el ámbito que corresponda, buscando siempre el bien de la Iglesia, concretar y hacer posible los espacios de rendición de cuentas y evaluación.

—Algunas voces señalan ciertas reticencias entre el clero con relación a la sinodalidad. ¿Puede ayudar CONVIVIUM a superar esas posibles resistencias?
—La sinodalidad es un estilo que califica la vida y la misión de la Iglesia, se concreta en estructuras y procesos eclesiales y se realiza puntualmente en eventos como son las asambleas, los sínodos diocesanos, los consejos, etc. Y se orienta siempre a la misión. No amenaza la propia identidad ministerial, sino que la refuerza y ayuda.
Dejando aparte a quienes se bloquean por motivos ideológicos, las dificultades, para algunos con buena intención, provienen a veces de una falsa concepción de lo que es la sinodalidad. El depósito de la fe no cambia ni puede cambiar, no podemos inventarnos la Iglesia. No se propugna un sistema parlamentario en el que todo se decide por mayoría, anulando las diferencias carismáticas, ministeriales y vocacionales. Pero tampoco se trata de defender un sistema de poder, un sacerdocio de perfil levítico, aislado, separado. El objetivo es vivir coherentemente la fe, desarrollar la vocación de servicio a la que hemos sido llamados, unidos a Cristo, de cuyo único sacerdocio participamos. Y siempre dentro del pueblo de Dios, del que formamos parte. Tampoco conviene olvidar que lo hacemos en unas coordenadas concretas de tiempo, lugar y cultura, en un mundo determinado. Por eso debemos cuidar el aspecto formativo, didáctico, para explicar bien de qué se trata y ahuyentar fantasmas. La Iglesia es constitutivamente jerárquica, pero es también constitutivamente sinodal.
Tenemos el ejemplo de la Virgen María. Ella se nos presenta icono de una Iglesia sinodal misionera y misericordiosa. Es precioso el número 29 del documento final del Sínodo: de María «aprendemos el arte de la escucha, la atención a la voluntad de Dios, la obediencia a su Palabra, la capacidad de captar las necesidades de los pobres, la valentía de ponerse en camino, el amor que ayuda, el canto de alabanza y la exultación en el Espíritu».
Vivimos un tiempo hermoso, lleno de esperanza. Y CONVIVIUM, ciertamente, se incluye en él. Con filial confianza pongo esta experiencia bajo la protección de santa María de la Almudena, patrona de la archidiócesis de Madrid.
Lunes 9
- 9:30 horas. Arranca la primera jornada de CONVIVIUM, orientada a la identidad sacerdotal del presbiterio.
- 10:00 horas. Laudes. La oración tiene la primacía en CONVIVIUM.
- 10:30 horas. Apertura. Bienvenida del cardenal José Cobo. Presentación del evento y de Ungidos, el himno compuesto especialmente para la asamblea.
- 11:00 horas. Ponencia del cardenal Francisco Javier Bustillo, seguida de una reflexión y diálogo sobre ella mediante el método de la conversación en el Espíritu.
- 14:15 horas. Comida fraterna, que dará paso a la jornada de la tarde.
- 15:30 horas. Focus groups sobre las cuestiones que los sacerdotes votaron en las preasambleas.
- 17:00 horas. Plenaria. Momento de reunión conjunta para tratar los asuntos de los focus groups. Se concluirá con el rezo de vísperas a las 18:15 horas.
- 19:30 horas. Eucaristía en la catedral de la Almudena para todo el pueblo de Dios, presbíteros y laicos.
- 9:30 horas. Bienvenida. Este día está orientado a la misión en Madrid.
- 10:00 horas. Laudes, para empezar en clima de oración.
- 10:30 horas. Ponencia y coloquio con Luis Marín, seguido del rezo de la hora sexta.
- 12:45 horas. Plenaria, conclusiones y, a las 14:00 horas, despedida.