Reabre la sala capitular de Toledo: «Los visitantes se van a quedar con la boca abierta y en silencio»

Al retirar los repintes y barnices acumulados durante más de cinco siglos, la sala capitular de la catedral de Toledo recupera el color original de las óleos sobre yeso pintados por Juan de Borgoña entre 1508 y 1511

Rodrigo Moreno Quicios
La sala capitular narra la vida de la Virgen María a través de diferentes escenas. En este caso, aparece al pie de la cruz en el Calvario durante la Pasión de Cristo. Foto: Guillermo Navarro

Al retirar los repintes y barnices acumulados durante más de cinco siglos, la sala capitular de la catedral de Toledo recupera el color original de las óleos sobre yeso pintados por Juan de Borgoña entre 1508 y 1511

Tras pasar más de un año en quirófano, finalmente la catedral de Toledo ha reabierto su sala capitular. El espacio, calificado por muchos como la Capilla Sixtina española por la calidad de sus óleos sobre yeso, reestrena ahora los colores originales con los que fue concebida. «La espera ha merecido la pena porque es una explosión de vida, luz y alegría», opina Juan Pedro Sánchez, canónigo responsable de Patrimonio de la catedral de Toledo.

Los óleos sirven como catequesis. Foto: Guillermo Navarro

A través de un trabajo meticuloso, 32 especialistas han devuelto a la sala capitular la apariencia que tenía en 1511, año en que Juan de Borgoña terminó de pintar sus muros. Las sucesivas intervenciones que ha sufrido a lo largo de sus cinco siglos de vida habían ocultado su belleza real.

Arreglando los errores del pasado

La catedral primada de España cuenta con un largo historial de intervenciones que los responsables de su última restauración han tenido que tomar en cuenta y, en algunos casos, deshacer. La primera data de marzo de 1586, apenas 75 años después de su construcción, cuando el pintor Blas de Prado abordó un problema de humedades. «Justo encima estaba la cerería, donde se hace la cera de las velas destinadas al culto», explica Juan Pedro Sánchez. Tras su fabricación, estos cirios tenían que ser sumergidos en contenedores con agua, lo que acabó provocando el derramamiento accidental de un recipiente cuyo contenido se infiltró en la sala capitular.

Con las limitadas técnicas del momento, de Prado trató de recuperar los frescos empleando unos barnices que, «aun conservando las mismas imágenes, han ido cambiando su color y desdibujado la fuerza que tenía la pintura original», narra Juan Pedro Sánchez. Un problema que fueron acentuando intervención tras intervención los artistas que, en diferentes épocas, trataron de conservar este espacio.

Un equipo formado por 32 especialistas ha trabajado durante un año en las obras para devolverles su aspecto inicial. Foto: Guillermo Navarro

Artesonado mudéjar

El cardenal Cisneros es uno de los 32 obispos retratados por Juan de Borgoña. Foto: Guillermo Navarro

«Dependiendo de cómo se hicieran las restauraciones en cada tiempo, empleaban materiales diferentes para sus repintes», explica Sánchez, lo que a la larga ocultó el brillo de los pigmentos originales. Para contrarrestar los daños ocasionados por dichas técnicas, los responsables de la última restauración han retirado diferentes estratos de óleo, cola, aceites y resinas que sepultaban y oscurecían las imágenes de Juan de Borgoña. A través de este proceso de decapado, las escenas religiosas y retratos de obispos presentes en la sala capitular han recuperado los colores brillantes propios del Renacimiento que empleó su autor.

Aparte de devolver a las pinturas su aspecto inicial, el personal implicado en las obras también ha limpiado y rellenado las grietas estructurales de la bóveda de madera que corona esta estancia. «Es un artesonado mudéjar dorado con una gran fuerza y viveza del color gracias a todas las policromías que tiene», comenta el responsable de Patrimonio, quien se muestra convencido de que la belleza de la sala capitular es tal que cualquier persona que la visite «se va a quedar con la boca abierta y en silencio».

Rodrigo Moreno Quicios


Una lección de teología en sus muros

Más allá del evidente valor artístico de los óleos sobre yeso, la sala capitular de la catedral de Toledo presenta otra particularidad que Juan Pedro Sánchez, el canónigo responsable de Patrimonio, no duda en recalcar: una de las primeras representaciones del Juicio Final.

«La Virgen María aparece como intercesora ante Cristo. También están san Juan Bautista y los apóstoles», explica Sánchez, quien considera dicha escena como «toda una lección de teología». En esta representación del Juicio Final, también aparecen los siete pecados capitales y el demonio, quien «está intentando arañar alguna de las almas salvadas para llevárselas al infierno», añade el canónigo.

Pero las imágenes que se pueden ver en la sala capitular no versan solamente sobre el Juicio Final; también aparecen un sinfín de escenas que «nos hablan de la vida». «Nos hablan de Cristo, que es el autor de la vida, y de la Virgen María, que es quien nos ha dado a Cristo», celebra Juan Pedro Sánchez. Según el responsable de Patrimonio, la espiritualidad que emana de estos óleos es tal que no hace falta tener amplios conocimientos en teología para que dejen huella en quienes los contemplen. Así, independientemente de las nociones que posean sobre las Escrituras, el canónigo invita a todo el mundo a visitar las pinturas expuestas en la catedral de Toledo porque «lo importante es quedarse extasiado mirándolas».

La sala capitular cuenta con una de las primeras representaciones del Juicio Final. Foto: Guillermo Navarro