Los Siete Dolores. «Silencio, llega la Virgen», avisan las campanas del muñidor
La estación de penitencia más antigua de Madrid nació como una iniciativa de Felipe II y tras una bula papal que reconocía los sietes dolores de María a lo largo de su vida
La Real Congregación de Esclavos de María Santísima de los Siete Dolores, Santísimo Cristo de la Agonía y Descendimiento de la Santa Cruz es hoy la hermandad penitencial más antigua de Madrid. Así lo recogió el propio Ayuntamiento de Madrid en un pleito que tuvo lugar en el siglo XVIII, tras la desaparición de la Hermandad de la Santa Vera Cruz. El Concejo de la Villa llamó entonces a la Hermandad de Paz y Caridad y a la Congregación de los Siete Dolores para dirimir cuál era la más antigua. Se decidió por la primera, pero se acordó que si desparecía la sustituiría la Congregación de los Siete Dolores. Eso sucedió en 1936, por lo que esta es pues la más antigua de la capital. Se trata de un privilegio que queda subrayado en cada salida a la calle con la prerrogativa de usar velas de cera verde junto al paso, la única que lo puede hacer en Madrid.
Los orígenes de la agrupación se hallan a finales del siglo XVI. Después de que una bula de Alejandro VI reconociera siete episodios de dolor que experimentó la Virgen en su vida, en 1591 el rey Felipe II recogió esta intuición al pedir al dominico fray Domingo de Mendoza promover la fundación de una cofradía bajo esta advocación, aprobada al año siguiente. «Fue la primera imagen de la Virgen en la historia de la cristiandad en la que se la representó con las siete espadas», explica Antonio Delgado, uno de los hermanos de la congregación, al hilo de lo que es ya una imagen clásica de la iconografía popular».

Curiosamente, en sus orígenes, estuvo vinculada de manera exclusiva a la Corte. «Nuestras constituciones, que se conservan en la Biblioteca Nacional, recogen que las primeras hermanas fueron las hijas del rey, y de hecho Felipe II concedió a la congregación el privilegio de usar su propio escudo de armas», añade Delgado.
Luego, el monarca abrió la participación a todo el pueblo, convirtiéndose los Siete Dolores en uno de los emblemas de la Semana Santa madrileña. Lamentablemente, aquella primera imagen de la Virgen se profanó y quemó durante la Guerra Civil, siendo la que procesiona hoy por nuestras calles una reproducción de la original.
Viernes Santo. 3 de abril. 18:00 h.
- Parroquia de Santa Cruz
- Plaza de la Provincia
- Calle Gerona
- Plaza Mayor
- Calle Ciudad Rodrigo
- Calle Mayor
- Calle Milaneses
- Calle Santiago
- Plaza de Santiago
- Calle Requena
- Calle Bailén
- Catedral de la Almudena
- Calle Mayor
- Calle Sacramento
- Calle Puñonrostro
- Plaza Conde de Miranda
- Calle del Codo
- Plaza de la Villa
- Calle Mayor
- Calle de Ciudad Rodrigo
- Plaza Mayor
- Calle de la Sal
- Calle Postas
- Calle Mayor
- Puerta del Sol
- Calle Carretas
- Calle San Ricardo
- Calle Correos
- Calle de la Paz
- Calle de la Bolsa
- Plaza de la Provincia
- Calle Atocha
- Parroquia de Santa Cruz
Muchos llorando y rezando
Hoy la congregación de los Siete Dolores sale a la calle cada Viernes Santo por las mismas calles del Madrid de los Austrias que la vieron nacer. «Antiguamente se sacaban siete pasos distintos, uno por cada dolor de la Virgen, pero actualmente solo procesiona la imagen titular», señala Delgado.
Este año acudirán a la catedral de la Almudena para responder a la petición del cardenal Cobo a las cofradías de que intenten ir a rezar al templo más importante de la diócesis como un gesto de comunión. «Nos va a costar más esfuerzo bajar hasta allí, pero lo haremos encantados», dice Delgado. Así, el paso entrará en el templo, dará la vuelta a la girola y se posará en el suelo ante el altar de la Virgen, para que los hermanos puedan rezar un momento.
Como algo distintivo, el cortejo va abierto durante todo el recorrido por el muñidor, una figura procesional muy antigua en Madrid. Se trata de una persona que va con la cara tapada por un verdugo, que con una campana en la mano va pidiendo silencio a la gente, avisando de que ya llega la Virgen. «Se ve mucha emoción. Yo he salido de nazareno, de acólito delante del paso y también de andero y siempre ves a la gente muy tocada. Hay muchos llorando, todos rezando, con la mirada fija en la cara de la Virgen», señala el hermano de los Siete Dolores.
Los miembros de la congregación se están preparando para el momento grande del año con la misma unción. «Para nosotros la formación y la oración son muy importantes», asegura Delgado. Durante el año hay conferencias de diversos ámbitos, desde el arte o los sacramentos, «y también tenemos momentos de oración presencial que animamos con contenido a través de WhatsApp». Además, durante estos últimos siete domingos antes de salir a las calles de la capital, comparten una meditación, una por cada dolor de la Virgen, «lo que nos ayuda a prepararnos bien y unirnos como hermanos».
Todo ello sin descuidar la labor solidaria que despliegan tradicionalmente con su ayuda al comedor del Ave María, muy cerca de la parroquia de Santa Cruz, desde la que salen el Viernes Santo. «Aunque a veces también colaboramos con otras iniciativas puntuales y con la diócesis, todo lo que podemos recaudar lo donamos íntegramente al comedor», concluye Antonio Delgado.
1591
Parroquia de Santa Cruz
400
Blanco y negro