Los salesianos del Líbano intentan ofrecer «esperanza concreta» a 30 familias chiitas desplazadas

Los salesianos del Líbano intentan ofrecer «esperanza concreta» a 30 familias chiitas desplazadas

Obligadas a huir por los fuertes bombardeos sobre los pueblos del sur, llegaron al centro Don Bosco «exhaustas y con muy pocas pertenencias»

María Martínez López
Edificios dañados por los bombardeos. Foto. EFE / EPA / Wael Hamzeh.
Edificios dañados por los bombardeos. Foto. EFE / EPA / Wael Hamzeh.

Empezó este lunes por la noche. Al centro Don Bosco al Husoun, en Jbeil, a 30 kilómetros al norte de Beirut (Líbano) comenzaron a llegar familias chiitas, desplazadas desde Nabatiyyeh, en el sur. «Las obligaron a huir de sus pueblos a las tres de la madrugada del domingo al lunes bajo fuertes bombardeos», relata Joe Attalla, director ejecutivo de Don Bosco Líbano.

Son vecinos de la región meridional del país de los cedros, bombardeada por Israel desde que Hizbulá empezó a disparar cohetes en venganza por la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. El ataque del país vecino ha dejado «miles» de afectados, además de una cincuentena de fallecidos. 

16 horas para 110 kilómetros

Las familias que alcanzaron Jbeil «llegaron a nuestras instalaciones exhaustas después de 16 horas en la carretera». 16 horas para un trayecto de 110 kilómetros que se puede hacer en menos de dos, debido a los monumentales atascos que se produjeron. Además, en general «traían muy pocas pertenencias», añade Attalla.

Las carreteras de salida desde el sur del país se llenaron de atascos. Foto: EFE / EPA / Wael Hamzeh.
Las carreteras de salida desde el sur del país se llenaron de atascos. Foto: EFE / EPA / Wael Hamzeh.

En seguida, los religiosos y cooperadores laicos empezaron a ver cómo acomodarlos. «Nuestras prioridades inmediatas eran asegurar unas condiciones de vida básicas y dignas». Las aulas del centro se llenaron de colchones y mantas, así como de kits de ayuda humanitaria básica. En total, ahora hay en el centro unas 120 personas pertenecientes a 30 familias. De ellas, diez son ancianos «particularmente vulnerables» y 50, niños.

Sin ayuda oficial

Además, había que «garantizar que había combustible para el generador, calefacción y organizar medidas de seguridad interna para proteger tanto a los desplazados como a nuestra comunidad». Al mismo tiempo, «estamos trabajando para organizar la preparación de comidas calientes» y entrega de alimentos. 

Todo ello, «sin una estrategia o asistencia oficial» de las autoridades, ni estatales ni locales. «La comunidad de salesianos, los colaboradores laicos y los voluntarios estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos», asegura Attalla. Aunque no comparten religión con los desplazados, siguiendo a don Bosco «reconocemos en cada persona a la que acogemos un rostro, una historia y una dignidad». Y esperan ofrecer «una presencia fraternal cálida y una esperanza concreta en un momento de extrema vulnerabilidad».