Los obispos polacos y alemanes renuevan en Breslavia su reconciliación tras la guerra - Alfa y Omega

Los obispos polacos y alemanes renuevan en Breslavia su reconciliación tras la guerra

Hace 60 años, los obispos polacos dijeron: «Perdonamos y pedimos perdón». Los alemanes respondieron: «Con respeto fraterno, nos damos la mano». Han repetido el gesto

Rodrigo Moreno Quicios
Tadeusz Wojda, a la izquierda, y Georg Bätzing, a la derecha, son presidentes de las conferencias episcopales de sus países.
Tadeusz Wojda, a la izquierda, y Georg Bätzing, a la derecha, son presidentes de las conferencias episcopales de sus países. Foto: Vatican Media.

60 años después de la histórica carta en la que los obispos polacos tendieron la mano a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, ambas conferencias episcopales renovaron en Breslavia el pasado miércoles su compromiso con la reconciliación europea. El acto fue celebrado en presencia de Guido Antonio Filipazzi, el nuncio apostólico en Polonia.

Concluyó con una declaración conjunta firmada por el arzobispo de Gdansk, Tadeusz Wojda, y el obispo de Limburgo, Georg Bätzing. Ambos son presidentes de las conferencias episcopales de sus países. En su texto compartido aseguraron que «de la memoria compartida puede nacer la fuerza de la reconciliación y el coraje de construir un futuro más pacífico en Europa».

Explanada de Breslavia donde se escenificó de nuevo la reconciliación 60 años después.
Explanada de Breslavia donde se escenificó de nuevo la reconciliación 60 años después. Foto: Vatican News.

La conmemoración reeditó el gesto de 1965, cuando los obispos polacos enviaron una carta redactada por el entonces arzobispo de Breslavia, Boleslaw Kominek. En ella, aún con las heridas del conflicto abiertas, el prelado escribió: «Perdonamos y pedimos perdón».

La respuesta alemana fue inmediata: «Con respeto fraterno, nos damos la mano. Que el Dios de la paz nunca más permita que el mal espíritu del odio divida nuestras manos». Aquella iniciativa, desarrollada en pleno Concilio Vaticano II, fue un hito moral en un continente dividido por los bloques de la Guerra Fría.

«Un bálsamo para las heridas»

Los obispos actuales subrayaron el miércoles la vigencia de aquel mensaje. El polaco Wojda recordó que las palabras de 1965 nacieron en el clima espiritual del Concilio y tocaron «la verdad sobre el pecado, que hiere las relaciones interpersonales e internacionales». Por tanto, aquella petición actuó como un «bálsamo para las heridas aún vivas de la guerra». Y según el actual obispo de Breslavia, Józef Kupny, la carta fue «previsora y adelantada a su tiempo» y puso los cimientos para la Europa unida que se construyó después.

Los sacerdotes de ambos países celebraron también una Misa conjunta.
Los sacerdotes de ambos países celebraron también una Misa conjunta. Foto: Vatican Media.

En su intervención, el alemán Bätzing insistió en que su país y Polonia «se necesitan mutuamente» para sostener una Europa que garantice seguridad, paz, libertad y justicia social. Subrayó además la acción conjunta de ambos países en los últimos años, especialmente en la asistencia a Ucrania desde 2022. «Cuando hablan al unísono, son capaces de aportar una dimensión ética a los debates», presumió.

Deberes para el presente

Sin embargo, la declaración conjunta no negaba un apunte amargo. Ambos episcopados denunciaron que «algunos políticos todavía buscan utilizar cuestiones dolorosas e históricamente no resueltas» para sus propios fines. Advirtieron de que tales instrumentalizaciones «son contrarios al espíritu de reconciliación» de 1965. Y matizaron que las conversaciones actuales sobre la memoria «no tratan de tener razón sino de comprender al prójimo».