Los obispos de Pakistán responsabilizan al Gobierno y la policía de los ataques a cristianos

«El Gobierno y la policía son los responsables de la violencia contra los cristianos». Lo dice la Comisión Justicia y Paz, de los obispos de Pakistán, en un comunicado publicado tras el grave ataque del día 9 de marzo a la comunidad Joseph Colony de Lahore, durante el que 178 hogares cristianos fueron destruidos

Cristina Sánchez Aguilar

«El Gobierno y la policía son los responsables de la violencia contra los cristianos». Lo dice la Comisión Justicia y Paz, de los obispos de Pakistán, en un comunicado publicado tras el grave ataque del día 9 de marzo a la comunidad Joseph Colony de Lahore, durante el que 178 hogares cristianos fueron destruidos

En el texto, el padre Emmanuel Yousaf, director de la Comisión, y su director ejecutivo, Peter Jacob, definen a «la policía y la administración como los principales responsables de la situación, que ha permitido el desarrollo de una tragedia en el corazón de la ciudad», según recoge la Agencia Fides. El gobierno provincial también tiene su parte de responsabilidad, porque «ha ignorado la situación de las minorías y la creciente intolerancia religiosa, fomentada por grupos extremistas», afirma el texto.

Los obispos piden, en el comunicado, al Gobierno del Punjab «que adopte medidas a largo plazo para controlar los abusos de la ley de blasfemia». Sobre todo, tras recordar que, este mismo Gobierno, no prestó atención a las recomendaciones formuladas por la investigación judicial de después de los sucesos de Gojra en 2009, cuando seis cristianos fueron quemados vivos y 140 casas reducidas a cenizas. «Si los gobiernos -federales y provinciales- hubiesen introducido garantías jurídicas y reformas administrativas, la tragedia del sábado se podría haber evitado», añade el texto, y piden «una investigación creíble e imparcial», «el castigo de los culpables» y «una indemnización adecuada a las casi 200 familias afectadas».

Aterrizando en el suceso del sábado, los obispos recalcan que se trata de «un falso caso de blasfemia contra el cristiano Sawan Masih», arrestado tras protagonizar una fuerte discusión con un barbero musulmán, que no quiso atenderle y acabó acusando al joven de insultar al Profeta en la comisaría cercana. Horas más tarde, una turba de 3.000 musulmanes saquearon las casas cristianas del vecindario y las quemaron con ácido. «Estábamos trabajando, como un día cualquiera -ha relatado a Asia News un habitante de la colonia- cuando hemos empezado a oír ruidos y, de repente, una multitud de gente ha arrojado ácido sobre la aldea y apedreado nuestras casas, para después prenderlas fuego. Las autoridades no han intervenido hasta que no estuvo todo destruido».

El comunicado de los obispos pide que la denuncia de blasfemia sea inmediatamente revocada y que el joven sea liberado, y hace un llamamiento al Gobierno de Punjab «para que acepte el reto de una reforma legal y administrativa, para prevenir el abuso en los casos de blasfemia». Por su parte, el obispo Sebastian Shaw, administrador apostólico de Lahore, ha condenado personalmente el atentado, y ha declarado que «hay personas que quieren hacerse justicia ellos mismos, y creen estar por encima de la ley». Además, ha señalado que «Cáritas ya está trabajando para dar cobijo y alojamiento a las familias que se han quedado sin hogar».

Mientras, dada la creciente presión de la opinión pública, la Corte Suprema de Pakistán ha iniciado las audiencias para dar luz sobre el ataque. El Presidente, Iftikhar Muhammad Chaudhry se ha encargado del examen del caso por medio de una medida suo matu -de iniciativa propia-. El Ministro de Justicia de la provincia de Punjab ha afirmado que «los actos de vandalismo serán procesados» y «serán indemnizados aquellos que hayan sufrido daños a la propiedad».

Otros líderes se han pronunciado al respecto, como es el caso de Paul Bhatti, Ministro para la Armonía en el país, quien ha pedido «una investigación transparente» y «la inmediata detención de los culpables». Además, ha denunciado el «modo de pensar que trata de crear una brecha entre las diferentes comunidades de Pakistán» y a «cuantos se ponen por encima de la ley». Bhatti pide «un esfuerzo colectivo para promover la armonía y detener la intolerancia creciente». También algunos líderes de partidos musulmanes han condenado el acto de violencia, que han calificado como «ajeno a la religión islámica».

Cristina Sánchez Aguilar