Los obispos de Latinoamérica, África y Asia piden abandonar los combustibles fósiles

Los obispos de Latinoamérica, África y Asia piden abandonar los combustibles fósiles

Los organismos regionales en estos continentes han lanzado un manifiesto en apoyo del Tratado de Combustibles Fósiles que busca la no proliferación y su eliminación gradual

María Martínez López
Un momento del encuentro online para el lanzamiento del manifiesto por un Tratado de Combustibles Fósiles.
Un momento del encuentro online para el lanzamiento del manifiesto por un Tratado de Combustibles Fósiles.

Las Iglesias de América Latina, África y Asia han unido fuerzas para apoyar el Tratado de Combustibles Fósiles que se intentará alcanzar el próximo mes de abril en la Conferencia de Santa Marta (Colombia). Para ello, piden a los líderes mundiales «unirse al bloque de naciones» que lo impulsan.

Así lo expresan en el Manifiesto de las Iglesias del sur global por nuestra casa común, dado a conocer este lunes a través de un seminario online. El texto está suscrito por el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), el Consejo Episcopal Lationamericano (CELAM) y la Federación Asiática de Obispos Católicos (FACB). 

En contraste con el objetivo establecido por el Acuerdo de París de evitar que la temperatura global no suba más de 1,5ºC sobre la de la era preindustrial, el manifiesto lamenta que «los planes actuales de los Gobiernos prevén que la producción de combustibles fósiles compatible con ese límite se duplicará con creces para 2030». Frente a ello, «la cooperación internacional es el único camino hacia una transición ordenada», aseguran los firmantes. 

Eliminación gradual

Así, defienden que «el Tratado de Combustibles Fósiles puede ser la herramienta específica que complemente el Acuerdo de París abordando la raíz del problema». Lo hace comprometiéndose a la no proliferación y la eliminación gradual de estos combustibles, a su eliminación equitativa y a «una transición justa a nivel mundial», sin «dejar atrás a ningún trabajador, comunidad ni país».

Los obispos latinoamericanos, africanos y asiáticos piden también que las próximas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional que se presentan en las cumbres del clima «deben incluir objetivos explícitos, plazos y vías» para esta eliminación gradual. Por último, exigen «proteger a los defensores de la tierra», garantizando la participación de las comunidades locales e indígenas en la toma de decisiones relacionadas con el clima.

«La defensa de la vida y de la dignidad humana nos exige actuar con decisión ante la crisis socioambiental», concluye el manifiesto. «No podemos ser indiferentes cuando modelos económicos y financieros ponen en riesgo la vida humana y trasgreden los límites del planeta».

Por eso, ellos mismos se comprometen a «promover una transición energética justa». También «a revisar nuestras propias prácticas, incluida la desinversión en combustibles fósiles, y a acompañar a las comunidades que sostienen con esperanza la resistencia y la resiliencia en sus territorios».

¿Tienen que ver los combustibles y la paz?

Todo esto está vinculado a los llamamientos del Papa León a «una paz desarmada y desarmante». Los firmantes recuerdan que «muchas de las guerras actuales están motivadas por el control de las fuentes y de los bienes materiales para la producción de energía». Y esta está «encaminada al desarrollo infinito de la industria de la guerra y la muerte». 

Por último, invitan «a todas las personas de buena voluntad a unirse a una coalición histórica entre el Norte y el Sur para proteger nuestra casa común». No es suficiente la transición energética: «Es urgente una profunda transformación socioeconómica y cultural que nos lleve a promover nuevos estilos de vida y de producción que nos encaminen al buen vivir y al vivir bien».