Los niños de la Cañada no juegan con la nieve - Alfa y Omega

Los niños de la Cañada no juegan con la nieve

Las nevadas del pasado fin de semana se vivieron con miedo y angustia en el asentamiento, que ya sobrepasa los 100 días sin suministro eléctrico

José Calderero de Aldecoa
1 El paso de Filomena por la Cañada Real ha provocado la hospitalización de algunos vecinos. Foto: Efe / Víctor Lerena

Más allá de las complicaciones lógicas, incluso de los percances graves, la ne­vada histórica que ha teñido España de blanco ha hecho las delicias de los más pequeños. Muñecos de nieve, trineos, guerra de bolas… Los niños se han echa­do a la calle para disfrutar de los efectos de Filomena hasta que el frío los empu­jaba hasta la calefacción más cercana. Y así hubiera sucedido también con los 1.800 niños del sector 5 y 6 de la Cañada Real, pero, después de más de 100 días sin suministro eléctrico, y, por lo tanto, sin la posibilidad de retornar a un hogar caliente después de retozar por la nie­ve, la ilusión ha sido más bien desesperación. «En condicio­nes normales, los niños hubieran podi­do disfrutar de la mayor nevada en Ma­drid desde hace muchísimos años», pero «lo han vivido con miedo por el peligro de derrumbe de unas casas que no están preparadas para soportar el peso de la nieve», asegura a este semanario Pablo Choza, responsable de Cáritas Diocesa­na de Madrid en la Cañada Real.  

En el caso de sus padres, la desespe­ración se tornó en angustia, pues «el sá­bado y el domingo el poblado se quedó incomunicado» y se corría el riesgo de que a «las familias se les agotara el ga­soil o el butano» para los generadores y estufas con los que han tenido que suplir la falta de luz y hacer frente al temporal.  

1.812

menores viven en los sectores 5 y 6. La falta de su­ministro trae pro­blemas de frío, higiene, alimen­tación y acceso a la educación, denuncian enti­dades sociales y de Iglesia en una carta enviada al Papa.

Cáritas Diocesana de Madrid cedió parte de las instalaciones en las que desarrolla su labor en el poblado –una antigua fábrica de muebles– para que el Ayuntamiento de Madrid activara allí su plan de choque ante el temporal. Se dotó de calefacción al edificio y se dispusieron 400 camas, pero «lo han usado muy pocas familias. Hasta el punto de que se están planteando desmantelarlo, si no lo han desmantelado ya», apunta el responsable de Cáritas en la zona. Las familias no querían dejar sus casas, lo que quieren  –explica– es que se restablezca el suministro eléctrico, interrumpido desde el pasado mes de octubre ante las sobrecargas experimentadas en el tendido.

Antes del temporal, detalla Choza, fue «muy dura» la Navidad y desde Cáritas se ha seguido trabajando este tiempo para abstraer a los niños del poblado, al menos durante unas horas, de la situación tan difícil que están vi­viendo. «Hemos mantenido nuestras ac­tividades y hemos organizado todas las semanas alguna salida de ocio para los más pequeños», subraya.

Visitas semanales de Madrina

Jesús ha nacido en la Cañada Real. ¿Su madre? Una joven de 16 años. De ello da fe Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina, que lleva muchos años atendiendo en sus instalaciones a familias del asentamiento, pero que ante la situación que están viviendo, «este año hemos decidido venir nosotros a ayudarlos». Allí se encontró con el niño Jesús.  La primera intervención de la fundación en Cañada Real se realizó al principio de la pandemia, «cuando algunos vecinos nos llamaron pidiendo auxilio». Desde entonces, las ayudas han sido semanales: alimentación infantil y de adultos, ropa de abrigo, últimamente sacos de dormir y bombonas de butano, e «incluso regalos para el día de Reyes –roscón incluido– y también hemos llevado a una ginecóloga y un pediatra».

Regalos de Reyes

La oscuridad en la que vive sumida la Cañada Real tampoco logró apagar la luz de la estrella de Belén, que guió a los Reyes Magos hasta el poblado. «Sus majestades dejaron sus regalos para los niños en la parroquia de Santo Domingo de la Calzada y el padre Agustín los repartió el día 4 de enero», asegura el responsable de Cáritas Diocesana de Madrid. Pero es que, además, Melchor, Gaspar y Baltasar también habían decidido visitar a los niños de la Cañada Real invitados, como cada año, por la organización caritativa de la Iglesia. «La visita estaba prevista para el primer día de la vuelta al cole», pero con el retraso del reinicio de las clases se ha producido también el retraso de los sus majestades «hasta una fecha aún por determinar». 

Cuando por fin puedan encontrarse con los más pequeños del poblado, los Reyes Magos van a volver a entregar más regalos –esta vez en persona–, preparados con la colaboración de la asociación Ayuda en Red. «Somos como los pajes de los Reyes Magos, a los que nadie ve. Nosotros no queremos aparecer, sino dar cobertura a toda esta gente que está trabajando al pie del cañón todo el año», explica Nacho San Román, uno de los responsables de la asociación. «Este año, por las circunstancias que vive el barrio, los Reyes han añadido ropa de abrigo y linternas a sus regalos. Al final, los niños de Cañada son como todos, y tienen derecho a las mismas ilusiones y a las mismas oportunidades que los demás».