«Los jóvenes pueden ayudar a la Iglesia a crecer en su servicio»

Josmary, venezolana de 24 años, conoció en la JMJ de Río de Janeiro a la Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP). Quedó prendada de la propuesta de caridad de esta obra vicenciana que se extiende por todo el mundo. Tanto que, a su vuelta a Venezuela, formó con otros jóvenes un nuevo grupo de esta realidad. Y hoy es coordinadora de jóvenes de Sudamérica. Del 15 al 21 de junio participará en el Encuentro Internacional de Jóvenes de la SSVP en Salamanca, donde estarán representadas cerca de 100 nacionalidades distintas

Fran Otero
Foto: Josmary Palencia

Josmary, venezolana de 24 años, conoció en la JMJ de Río de Janeiro a la Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP). Quedó prendada de la propuesta de caridad de esta obra vicenciana que se extiende por todo el mundo. Tanto que, a su vuelta a Venezuela, formó con otros jóvenes un nuevo grupo de esta realidad. Y hoy es coordinadora de jóvenes de Sudamérica. Del 15 al 21 de junio participará en el Encuentro Internacional de Jóvenes de la SSVP en Salamanca, donde estarán representadas cerca de 100 nacionalidades distintas

¿Qué te llamó la atención de la Sociedad de San Vicente de Paúl?

La forma de ejercer la caridad, que no es la típica, y que no tiene solo que ver con dar comida o ropa, sino con trabajar de una manera organizada, de una manera afectiva y efectiva. La ayuda se da a través de un proceso en el que la persona que atiende y la atendida caminan juntos. El primero va a ser testigo de un proceso de cambio y el segundo comprueba que no se va a quedar en la calle esperando la ayuda puntual. Se trata de devolver a las personas que viven en pobreza la humanidad perdida a través del Evangelio.

¿Y cómo la definirías?

Es una gran familia en red de caridad. Este carisma vicenciano te conecta con muchas realidades en el mundo. Solo por ser vicencianos ya se crean vínculos, y es muy bonito poder compartirlo para crecer y servir mejor.

En poco más de una semana, jóvenes de la SSVP de todo el mundo llegan a Salamanca. ¿Qué esperas del encuentro?

Van a ser días de mucho crecimiento para nuestra juventud a nivel internacional. Trabajaremos sobre la coordinación entre las distintas realidades esparcidas por todo el mundo, para que exista más cercanía entre nosotros. A pesar de la distancia geográfica vamos a estar más cerca, porque aunque seamos de distintas latitudes, hablemos idiomas diferentes, nos une un solo centro: Cristo en el pobre.

Tú llegas para representar a tu país, Venezuela, que vive una situación complicada tanto a nivel político como social. ¿Cómo está la situación en estos momentos?

No dejamos de tener trabajo. Hoy la dificultad fundamental es la de encontrar comida y, por este motivo, hemos pasado de atender 600 a 200 familias, aunque también hay que decir que hoy hay muchísimas más entidades que trabajan en el mismo sentido que nosotros. A la hora de la planificación de actividades, dada la situación, en la actualidad todo es más lento por la falta de recursos. Lo que antes se organizaba en un mes, ahora lo hacemos en seis meses. Pero estamos esperanzados y tenemos coraje, además de la ayuda de la Providencia. Nuestro lema es «Si Dios quiere, se hará».

En el horizonte está el Sínodo de obispos. ¿Qué pedís los jóvenes de la SSVP a la Iglesia?

Este acontecimiento es una bendición, porque renueva la afirmación que hizo en su día san Juan Pablo II de que los jóvenes somos importantes para la Iglesia en muchos aspectos. Luego creó las Jornadas Mundiales de la Juventud. Se comenzó a dar importancia a los jóvenes desde entonces y este Sínodo vuelve a hacerlo. Como joven, me llena de alegría que podamos tener esta oportunidad para ser escuchados, para formar parte de la Iglesia. Los jóvenes pueden ayudar a la Iglesia a crecer en su servicio.

Es cierto que el contexto actual no es el más favorable. Son muchos los jóvenes alejados de la Iglesia o que no la conocen. ¿Qué hacer?

Creo que más que un problema de la propia Iglesia es una cuestión de los nuevos tiempos. Pero para nosotros, los jóvenes católicos, esto debe ser una llamada a demostrar lo maravilloso que es seguir a Jesús. Nos lo recuerda el Papa siempre que nos pide que «hagamos lío», que salgamos, que no nos encerremos… Esta situación nos compromete todavía más a los jóvenes de la Iglesia para buscar a esos otros jóvenes y llevarlos a la Palabra, hasta Jesús vivo, que va a llenar sus vidas. En un momento en el que vivimos crisis, guerras, conflictos… la cercanía a Dios demuestra que el amor sobrepasa todas las barreras.

Fran Otero Fandiño