Los inquilinos del padre Botella consiguen dedicarle una calle en Valencia
El sacerdote recogió miles de botellas. Las cambiaba por ladrillos para construir viviendas para los más desfavorecidos. «Ese ha sido mi hogar toda la vida», asegura el hoy seminarista Juan Manuel Martínez, impulsor de la iniciativa
Joaquín Sancho Albesa nació el 24 de abril de 1930 en Valdealgorfa (Teruel), pero pronto se trasladó con su familia a Valencia por el trabajo de su padre, que ejercía de maestro. Cursó sus estudios de bachillerato en el instituto Luis Vives y, al acabar, ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada, del que salió ordenado sacerdote en 1954. Dos años después, fue destinado como párroco a la Natividad de Nuestra Señora, de Canterería, y al templo del pueblo de Beniferri.
Al llegar, Sancho Albesa se quedó conmovido por la pobreza económica y asistencial de gran parte de su feligresía, que incluso vivía en cuevas excavadas en la roca. Ante esta situación, lo primero que hizo fue repartir leche, queso y otros alimentos procedentes de la ayuda americana que llegó a nuestro país tras la Guerra Civil. Además, creó una guardería para niños y una escuela taller de adultos —que con el tiempo se convertiría en el colegio La Natividad—, para la enseñanza de distintos oficios.
Junto a toda esta labor, el sacerdote inició una campaña que bien podría aparecer en los anales del reciclaje en nuestro país. Se dedicó a recoger y limpiar botellas, para luego entregarlas a las empresas dedicadas al vidrio a cambio de un ladrillo. Su lema era «cada botella un ladrillo», y su objetivo la construcción de viviendas dignas para todos aquellos que las necesitaran, por ser emigrantes o por vivir en esas cuevas.
La campaña fue todo un éxito. El sacerdote llegó a construir un total de 107 viviendas, conocidas como las «fincas del padre Botella», a las que se sumaron posteriormente otras tantas, construidas ya por el Arzobispado de Valencia tras el cambio de destino del sacerdote, que murió en la Nochebuena de 1992.
Para honrar su memoria
Juan Manuel Martínez vive hoy en una de aquellas casas. «Mi abuela era de Albacete, emigró a Valencia y se instaló en las “fincas del padre Botella”. Ese ha sido mi hogar toda la vida», explica este seminarista en conversación con Alfa y Omega. El «agradecimiento», así como un cierto sentimiento de justicia para «reconocer la labor pastoral y social del padre botella», impulsaron a Martínez, y a la Clavaría del Corpus Christi – Hermandad Jesús de Medinaceli a la que pertenece, a comenzar una campaña para que las autoridades le pusieran una calle al sacerdote.
«La idea es que la gente que vive en las casas no se olvide de quién fue su impulsor. Los que llevamos allí toda la vida lo sabemos perfectamente, pero luego llegan nuevos inquilinos o propietarios al barrio que no conocen esta historia», asegura el seminarista.

En enero de 2021 se inició una recogida de firmas, que estuvo activa durante los meses de febrero y marzo. Un año después, el 25 de febrero de 2022, la Junta de Gobierno local aprobó la iniciativa y creó la calle del reverendo Joaquín Sancho Albesa (padre Botella). La inauguración tuvo lugar este domingo, 24 de abril, justo el día en el que el presbítero habría cumplido 92 años.
«No nos imaginábamos la repercusión que iba a tener toda esta historia. De hecho, gracias a esta iniciativa, hemos podido conocer a los familiares del padre Botella, que no sabíamos de su existencia», concluye Juan Manuel Martínez, quien preparó un díptico informativo para la inauguración en el que se recogía el testimonio de María Sancho Albesa, hermana del sacerdote: «Muchos amigos y vecinos le ayudasteis a recoger botellas, limpiarlas, clasificarlas… un trabajo que ayudó a unir al barrio y a hacer parroquia. Solo estuvo seis años, pero dejó la semilla plantada para que otros la cultivaran y recogieran su fruto. Joaquín fue un luchador, siempre del lado de los más necesitados, con creatividad, con innovación no propia de aquella época y muchas veces incomprendido; así consiguió ayudar a mucha gente. Que el nombre de esta calle quede como recuerdo de aquellas personas que ya no están con nosotros y trabajaron por un mundo mejor utilizando la imaginación, ilusión y mucho esfuerzo. Que esta campaña de la botella sirva como ejemplo para las nuevas generaciones».