Los bioeticistas piden «recapacitar» sobre la eutanasia y más tests tras la crisis

La Asociación Española de Bioética (AEBI) ha ofrecido algunas reflexiones éticas sobre cómo afrontar el momento actual de la pandemia de COVID-19. Sus recomendaciones incluyen «fortalecer la conciencia» sobre los derechos de las personas con discapacidad, así como algunas líneas generales para la investigación sobre el coronavirus

María Martínez López
Foto: EFE/EPA/Szilard Koszticsak

La Asociación Española de Bioética (AEBI) ha pedido que la crisis vivida en las últimas semanas como consecuencia de la pandemia de coronavirus haga reflexionar sobre los proyectos de legalización de la eutanasia y sobre la atención que se presta en nuestra sociedad a las personas con discapacidad. Son algunas de las propuestas de esta entidad de cara a la fase actual, post-crisis, de la pandemia de COVID-19, y que se han presentado este lunes.

«No parece muy consistente que después de tanto discurso como se ha oído en estos días sobre la bondad y la necesidad del cuidado de los mayores, se legalice ahora su derecho a elegir entre la muerte provocada y los cuidados paliativos», aseguran sus miembros en el documento, titulado Algunas cuestiones éticas tras la pandemia por Covid-19 y sobre la situación que suscita la presencia de esta enfermedad en nuestra sociedad.

Por eso, AEBI pide «recapacitar» sobre la legalización de la eutanasia. En primer lugar, por lo que implica «entender la decisión de morir como un derecho», que implica que «la posición del Estado deja de ser la de garantizar en todo caso el cuidado de la vida». Y, además, por «cuánto haya de demanda real (y no ideológica)» en esta petición.

Al mismo tiempo, se subraya la necesidad de «generar y articular unos cuidados paliativos integrales», cuya importancia ha quedado más de manifiesto estos días. El documento recuerda, en este sentido, que hace pocas semanas el Comité de Bioética de España subrayó que «el acompañamiento en el momento final de la vida y la asistencia religiosa o espiritual son exigencias éticas de primer orden», junto con el sepelio y la atención a la familia para que se pueda despedir del difunto con intimidad.

Medios sanitarios en las residencias

Es preciso, añade en otra parte el documento, «fortalecer tanto en la sociedad misma como entre algunos sectores de las profesiones sanitarias la conciencia sobre la existencia de un derecho al acceso al cuidado de la salud que ampara especialmente a los más vulnerables», como mayores o personas con discapacidad. Estas últimas, en concreto, están amparadas por la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Además de evitar su discriminación, AEBI pide «abrir un debate» sobre «medidas de discriminación positiva» en este sentido.

En cuanto a la especial protección a las personas mayores, subraya la necesidad de que las residencias en las que viven estas u otras personas frágiles estén equipadas «de los medios de atención sanitaria indispensables». Al mismo tiempo, se debe «asegurar que los pacientes que se encuentran en residencias de mayores tengan similar atención y se utilicen con ellos los mismos criterios» para un ingreso hospitalario o en UCI que con el resto de pacientes.

Un tercer grupo social vulnerable sobre el que el documento incide son las personas con otras patologías. «El retraso en [su] atención sanitaria podría hasta generar un efecto de desprotección» en muchos de ellas. Para evitarlo es necesario «movilizar medios» que vayan más allá de la creación de dos circuitos asistenciales diferentes para los pacientes con coronavirus y los que sufren otras dolencias. Se podría plantear temporalmente, por ejemplo, la creación de «espacios específicos» para tratar el COVID-19 y dejar así los centros ordinarios para sus fines habituales.

Más pruebas diagnósticas

Otro de los aspectos fundamentales a la hora de afrontar la situación actual una vez pasada la crisis de la pandemia son las pruebas de coronavirus. La entidad de bioeticistas pide «incrementar la capacidad diagnóstica de la enfermedad, con más laboratorios». Se debe además «facilitar mediante test conocer la situación de enfermedad de las personas», para prevenir su propagación aislando a los contagiados sin que esto afecte a los que no lo están.

En este ámbito, advierten, durante la obtención y manejo de datos sanitarios personales deberá hacerse compatible el bien común con la salvaguarda de los derechos individuales, respetando la legislación y evitando toda discriminación.

Investigación «programada, sistemática y ética

AEBI también dedica bastante atención a las orientaciones básicas que deben guiar la investigación sobre el coronavirus. Esta debe ser «programada y sistemática», incluyendo los datos que aportan las autopsias, los mecanismos de la enfermedad, estudios previos en modelos de cultivo y animales, y ensayos clínicos sobre posibles tratamientos. En cualquier caso, «la urgencia» de esta investigación «no puede llevar en ningún momento a eludir los requisitos éticos».

Aún en el campo de la investigación, la asociación se felicita por «las nuevas iniciativas para investigar juntos y compartir datos», como el Plan de Acción ERAvsCorona auspiciado por la Comisión Europea. Iniciativas similares «deben consolidarse y extenderse a otros ámbitos».

Otra prioridad debe ser hacer un seguimiento de los pacientes curados «para determinar o prevenir secuelas». Esto, unido a la puesta en común y análisis de la información clínica permitirá además «generar nuevos protocolos de tratamiento que puedan mejorar los actuales».

Los datos invitaban a prepararse

Para los bioeticistas una última área «muy importante» de conocimiento y evaluación es poder saber «con datos fiables lo ocurrido desde el punto de vista epidemiológico». Reevaluar estos datos permitirá «conseguir una mayor coordinación en la gestión de los recursos» en el futuro.

En este sentido, en unas anotaciones previas sobre lo vivido hasta el momento, subrayan que «los datos de la enfermedad indicaban claramente la necesidad de preparar el sistema sanitario para la provisión de elementos diagnósticos, protocolos (…), reservas de material de protección (…) y disposición de nuevas camas» de cuidados intensivos. Asimismo, existía «la obligación ética por parte de las administraciones de haber facilitado a los profesionales sanitarios los medios adecuados» de protección.

¿Telemedicina?

La última propuesta de AEBI es reflexionar sobre las consecuencias que las nuevas formas de ejercer la medicina ha distancia, a las que se ha tenido que recurrir estas semanas, pueden tener en la relación médico-paciente. Se trata de un cambio con «fuertes connotaciones éticas» que debe hacernos valorar la conveniencia o no de mantenerlas en ciertos casos, especialmente si su única perspectiva es «descongestionar el sistema sanitario».

Sí se considera positivo, sin embargo, el hecho de que «muchas familias se han convertido en cuidadores en casa», siguiendo las instrucciones del personal sanitario sin su intervención directa. Esta experiencia «puede servir como una oportunidad para recuperar la lógica del cuidado de la salud en familia y de disminuir una dependencia, en ocasiones inadecuada con los profesionales de la salud».