¿Cómo lograron estos capuchinos desbaratar las suspicacias de los indígenas con la evangelización? - Alfa y Omega

¿Cómo lograron estos capuchinos desbaratar las suspicacias de los indígenas con la evangelización?

Los capuchinos de Venezuela han diseñado una Semana Santa pensada para seguir expandiendo la fe cristiana entre las comunidades indígenas de Perijá

Manuel González López
Domingo de Ramos, con fray Richard Mora y fray Juan Ernesto Rodríguez.
Domingo de Ramos, con fray Richard Mora y fray Juan Ernesto Rodríguez. Foto: Manuel González.

En 1945, los capuchinos Cesáreo de Armellada y Primitivo de Nogarejas salieron de Machiques, al oeste de Venezuela, y caminaron ocho días con un grupo de indígenas hasta la ribera del río Tukuko. Frente a ellos se alzaba la sierra de Perijá, selvática y escarpada, donde vivían los barí, yukpa y wayuu. Entendieron que era el lugar para fundar un centro misional. Así nació Los Ángeles del Tukuko.

Misa en una capilla-bohío en Peraya.
Misa en una capilla-bohío en Peraya. Foto: Manuel González.

Más de 80 años después, la sierra del Perijá sigue siendo el hogar de estos pueblos, y Los Ángeles del Tukuko cumple una función social y educativa que se ha convertido en el centro neurálgico de las comunidades yukpa. Ha ayudado la labor de las Hermanas de Santa Ana en el centro formativo Sagrada Familia, que ha jugado un papel clave en la alfabetización. La parte más social corre a cargo de los capuchinos, que aprovechan festividades como la Semana Santa para reforzar los lazos del cristianismo en Perijá. Fray Richard Mora, el párroco, nota que en el enclave misionero la gente está «como resentida en el tema de la fe» y eso se refleja en una baja participación en los actos: «Desde hace unos 15 años ha habido un bombardeo mediático brutal desde la política para alimentar el resentimiento de los indígenas con la colonización. Como hasta hace poco no había tantos frailes nacionales y la mayoría eran españoles, los indígenas los asociaron a ese sistema». Los religiosos han sentido que parte de la comunidad quería «boicotear la presencia de la Iglesia en el Tukuko».

Procesión del Cristo Nazareno con Los Ángeles del Tukuko de fondo.
Procesión del Cristo Nazareno con Los Ángeles del Tukuko de fondo. Foto: Manuel González.

Para revertirlo, han querido aprovechar la Pascua para visitar a las comunidades indígenas en el corazón de la sierra. «Estas comunidades sí tienen hambre de Evangelio. Todos participan, asisten y comparten después de la Eucaristía», explica Mora, quien coincide con sus hermanos capuchinos en destacar «la presencia» como un aspecto fundamental a la hora de evangelizar en un territorio indígena. Por ello, los frailes Carlos Manuel Gutiérrez, Jhonaiker Andrade y José Miguel Monasterio han dedicado toda la Semana Santa a visitar y convivir en sus bohíos —grandes casas ovaladas techadas con hojas secas de palma— con las comunidades que pueblan la frondosa serranía de Perijá. «Es una muestra de interés. Ahí no van políticos ni servicios de salud, ni ONG. Es un gesto para devolverles su apertura de corazón con la misión». Llegar requiere trayectos de hasta seis horas por senderos que caracolean entre raíces gigantes, que escalan paredes de barro y desaparecen entre el manto de palmeras, helechos y orquídeas o kuya, kobarara y arabus, que pintan un escenario lleno de vida, de verde shipa y marrón nonopa. «Tal vez la evangelización en las ciudades va más por la transmisión de conocimiento y por dar razones para la fe. Aquí es puramente vivencial. Lo que valora un yukpa es que tú estés. No es tan importante celebrar la Palabra o hablar del Evangelio como el simple acto de estar. Igual se tiran meses o años sin recibir visitas y sienten que están siendo acompañados por alguien», explica Carlos Manuel Gutiérrez, fraile y ecónomo del centro misional.

De vuelta al Tukuko, los capuchinos han querido acercarse a la juventud durante esta Semana Santa: «Hemos puesto el foco en ellos porque todavía están muy abiertos», comenta Mora. Una veintena de jóvenes yukpa ha pasado la semana en el centro misional bajo la tutela del hermano Juan Ernesto Rodríguez, responsable de la Pastoral Juvenil, con el apoyo de un grupo de misioneros llegados de diversas partes de Venezuela: «Los jóvenes están entendiendo que esto no se trata de ningún lavado de cerebro ni la imposición de una fe, sino en mostrarles a Jesús como modelo de vida y que les pueda servir como guía en su vida».

Fray Carlos Manuel Gutiérrez recorre la sierra del Perijá guiado por nativos.
Fray Carlos Manuel Gutiérrez recorre la sierra del Perijá guiado por nativos. Foto: Manuel González.

Rodríguez lleva desde noviembre haciendo pastoral con este grupo de aborígenes y, gracias a las actividades de esta Semana Santa, ha conseguido atraer a otros de las comunidades. «Son más visuales. Si los pones a leer no lo van a retener o analizar con facilidad. Tenemos que inventar métodos más dinámicos: representaciones, juegos grupales, reflexiones con papelitos o yincanas».

Su objetivo es que a través de la pastoral juvenil se generen «pilotos» para la comunidad del Tukuko: «Aquí los estamos preparando a nivel espiritual, pero también humano. Quién sabe si de aquí saldrá el próximo cacique o si fundarán alguna otra comunidad con esos valores arraigados en el desarrollo social. El valor cristiano siempre va a aportar esa organización o ese respeto, esa consolidación de la civilización del amor, que es más o menos nuestra meta: construir el Reino de los cielos aquí en la tierra».