Literatos analizarán qué significa hablar de Dios hoy en las jornadas del Hotel Florida
En un tiempo marcado por la incertidumbre, la aceleración y la búsqueda de sentido, la conversación se convierte en un territorio fértil para explorar las grandes interrogantes. En la VIII edición de las jornadas del Hotel Florida se conversará la tarde de este jueves, en el madrileño Callao, sobre hablar de Dios, hoy
Dios, hoy. Esta es la propuesta de la tarde de este jueves, 29 de enero, en el centro de la capital: las jornadas en torno al desaparecido Hotel Florida, en el edificio de El Corte Inglés de Callao, invitan a detenerse en una pregunta tan antigua como vigente: «¿Qué significa hablar de Dios hoy?».
En un tiempo marcado por la incertidumbre, la aceleración y la búsqueda de sentido, la conversación se convierte en un territorio fértil para explorar las grandes interrogantes que nunca se dejan cerrar del todo.
Participarán tres voces imprescindibles del pensamiento contemporáneo: Pablo d’Ors, escritor y sacerdote; Victoria Cirlot, medievalista, ensayista y especialista en mística y simbolismo, y Ramón Andrés, pensador, poeta y musicólogo. La tertulia estará moderada por Cristina Sánchez Aguilar, directora de Alfa y Omega, cuya experiencia en el ámbito del pensamiento religioso y cultural aportará un marco preciso para el diálogo.

—En un contexto cultural tan secularizado, ¿tiene sentido seguir hablando de Dios hoy? ¿Desde dónde hacerlo para que no suene a algo del pasado?
—Victoria Cirlot (V. C.):Tiene sentido porque me parece que en nuestro mundo existe una necesidad de conectar con algo que no sea, estrictamente hablando, lo material y físico que nos rodea. Hay una necesidad de entrar en contacto con lo espiritual. El hombre tiene interioridad, existe, es real y se ha experimentado, comprobado; hay ese impulso, deseo, anhelo, hacia la espiritualidad. De algún modo, tiene que ver con el sentido de la vida y del mundo.
Desde su trabajo sobre mística, símbolo y experiencia interior, ¿dónde diría que aparece hoy la pregunta por Dios en la cultura contemporánea?
—V. C.: La lectura de los textos místicos no es ninguna novedad. Durante todo el siglo XX tenemos muchos testimonios, sobre todo de artistas, que han necesitado la lectura de los místicos. Nos han hablado del arte de vanguardia como ateo y no es cierto, es una gran mistificación. Ha habido un prisma, una pantalla, que ha querido mostrar una cara que no es la única y exclusiva. Sobre todo es en el arte donde vemos y tenemos constancia de esa necesidad. Y, ante todo, de los textos místicos. Y eso es porque nos sitúan delante de una interioridad, que es la forma de entrar en la religión en este principio del siglo XXI.
—¿Cree que hoy se busca a Dios con otras palabras?
—V. C.: Sí, y prueba de ello es, por ejemplo, esa necesidad de conectar con textos místicos medievales antiguos que se están publicando y leyendo o muchos ejercicios como la meditación, que carece de significado y sentido si no la introducimos en la búsqueda. El llamado mindfulness es una degradación de la meditación, porque tiene que ser algo que no es para nada, y es esa gratuidad lo que le da sentido. Yo te diría que el gran peligro de nuestro mundo es que se confundan las cosas. Por eso son necesarios los diálogos, las publicaciones, las aclaraciones… y que no haya confusiones de este tipo.
—En una cultura marcada por el ruido, la prisa y la hiperconexión, ¿qué sentido tiene hoy seguir preguntándose por Dios?
—Ramón Andrés (R. A.): El sentido de la pregunta es legítima porque lo podemos entender como algo más allá de una creencia religiosa. Como una ética, una idea a la que se tiende, que es capaz de combatir este mundo que causa una verdadera desazón por su inocencia, el materialismo exacerbado y el mal uso de la razón. Yo lo veo como esa necesidad de búsqueda de sentido ante el profundo nihilismo que se ha anclado en la sociedad no de ahora, hace décadas ya. Hay una búsqueda profunda de sentido en lo espiritual como contrapunto de este mundo, que tiende a la nada y a su posibilidad. También está la instauración del individualismo fallido no como proyecto político, sino desde un punto de vista moral. Ese individualismo es una pérdida para la sociedad y para uno mismo. El amparo continuo en la identidad; todos estos productos que se han creado… hay muchas personas que ya están empezando a ponerlo en cuestión. Y por eso se preguntan por un más allá o por lo desconocido, por lo trascedente, que ha sido anulado en el mundo contemporáneo.
—Desde su reflexión sobre el silencio, la música y la memoria, ¿dónde cree que se esconde hoy la experiencia de lo trascendente?
—R. A.:Creo que en un lenguaje que sea capaz de articular otro mundo, un contralenguaje que se oponga a este lenguaje restringido tan ideologizado de nuestros días. Puede ser la música, el arte, el pensamiento, la literatura, la filosofía.. y también, por qué no, la espiritualidad. Se trata de concebir un lenguaje que no esté contaminado por esa razón mecánica continua que se repite y que nos constriñe.
—¿Hemos perdido el lenguaje para hablar de Dios o hemos perdido la capacidad de escuchar?
—R. A.: Las relaciones desde la antigüedad son a través de la escucha. Los dioses no se ven, se oyen. En la Biblia, Yahvé es invisible, no cede al deseo de Moisés de verlo. Es primordial para entender lo que no entendemos del mundo y lo que el mundo nos está diciendo. El saber escuchar algo distinto fuera de nuestro lenguaje, que alguien lo puede llamar Dios, naturaleza, silencio, el bien… el ser receptivo a eso, a un profundo silencio, creo que abre muchos caminos en la mente.