Limosnas, amigos y mujeres tras las huellas de san Ignacio en Barcelona - Alfa y Omega

Limosnas, amigos y mujeres tras las huellas de san Ignacio en Barcelona

La Escuela Ignaciana de Espiritualidad presenta un cuaderno que sigue los pasos por la Ciudad Condal del fundador de la Compañía de Jesús

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Escultura de san Ignacio en Santa María del Mar, donde pedía limosna, obra de Lau Feliu
Escultura de san Ignacio en Santa María del Mar, donde pedía limosna, obra de Lau Feliu. Foto: Arzobispado de Barcelona.

«Tengo más obligación y deuda a esta población de Barcelona que a ningún otro pueblo de este mundo», afirmaba san Ignacio de Loyola de la ciudad en la que pasó dos años, entre 1524 y 1526. A los 500 años de aquella estancia, la Escuela Ignaciana de Espiritualidad presenta este lunes, en la basílica de Santa María del Mar, Barcelona en la vida de Ignacio de Loyola, un cuaderno que revela lo que hizo el fundador de la Compañía de Jesús y qué huella dejó en él la ciudad que mira al mar.

El volumen acompaña a san Ignacio por las calles de Barcelona para descubrir el marco académico y el ambiente cultural de la época. Fue aquí donde empezó a tejer una red de relaciones personales y de amistad que se fue ampliando a lo largo de su vida, en un momento en que vio frustrado su proyecto de quedarse en Tierra Santa y que le hizo permanecer en Barcelona con el objetivo de estudiar y formarse.

«El santo peregrino había proyectado quedarse toda la vida en Tierra Santa dedicado a la devoción y a ayudar a las ánimas», cuenta en el texto el jesuita Josep M. Rambla, pero al no serle permitido este propósito, decidió regresar a Barcelona para estudiar y así prepararse mejor para la tarea apostólica que hacía tiempo se cocía en su corazón. «Fue un giro decisivo», cuenta Rambla, porque «hasta ese momento se había centrado en hacer, dedicarse a la devoción y a la ayuda espiritual de los otros en Tierra Santa. Ahora, sin embargo, pasa del hacer al buscar. «¿Qué hay que hacer?», se decía a sí mismo. Barcelona fue el primer paso de un nuevo itinerario», añade.

Así vivió el santo

«A pesar de estar estudiando, se volcó en ayudar a los otros, en conversaciones y con obras de caridad, desde la proximidad a los más descartados de aquella época», afirma en el epílogo del cuaderno Pau Vidal. En Barcelona «vivió muy frugalmente. Aceptaba ayuda, pero no acumuló riquezas, ya que estaba plenamente decidido a seguir a Jesús pobre y humilde. Vivía de limosna con los que más lo necesitaban». Allí, «comprendió mejor el profundo valor de la amistad», y se rodeó de muchos amigos, entre ellos varias mujeres, por lo que «es justo y necesario que tomen el protagonismo», ya que «durante demasiado tiempo han sido silenciadas, ignoradas o no lo suficientemente reconocidas».

Por eso, los dos años que pasó en la Ciudad Condal, «empezó a servirse del estudio y de las mediaciones naturales convertidas en apostolado». También «desplegó muchas relaciones humanas y amistades, y empezó a tomar cuerpo esa espiritualidad apostólica de Ignacio orientada a la reforma de la Iglesia», desvela el jesuita. De ahí que asegure que la estancia en la ciudad «modeló el carisma ignaciano», hasta el punto de que de ellos «se beneficiaron la profundización y la formulación de la experiencia de los Ejercicios Espirituales».

Para el delegado de los jesuitas en Catalunya, Pau Vidal, los años de estudio de Ignacio en Barcelona están claramente marcados por el deseo de ayudar a los demás. «El peregrino no tiene ninguna vocación estrictamente académica, ni propiamente intelectual, sino que estudia en tanto que esto le debe permitir ayudar mejor a las almas», cuenta. En ese «para qué» ignaciano tenía muy claro su deseo de «compartir apasionadamente con todo el mundo el regalo que se le concedió en la iluminación en el río Cardener a su paso por Manresa, cuando vio todas las cosas nuevas en Cristo y ya no fue nunca más el mismo hombre».