Liderar y ser mujer: se va despacio, pero sin vuelta atrás  - Alfa y Omega

No es fácil el camino de las mujeres en la política, en la empresa o en la Iglesia. Lo dicen ellas mismas y lo hacen a partir de su experiencia de vida. Escuchar a quienes han ido abriendo caminos, a quienes se han convertido en referentes, en ejemplos para las más jóvenes, es algo que enseña y hace pensar, también a los hombres.

Testimonio que resuena y contagia

Aunque lo hagan en espacios poco concurridos, su testimonio resuena y va contagiando. Hacerlo como mujeres creyentes también supone un elemento que suma, especialmente para quienes compartimos esa condición y vivimos a partir de la fe. Y es que esas dificultades que las mujeres ven en la vida cotidiana, también las perciben en la vida de la Iglesia, donde ellas no dudan en afirmar que también han tenido que buscar espacio.

Las mujeres siempre fueron claves en la transmisión de la fe. Lo han sido, como ellas mismas han hecho ver, siguiendo el ejemplo de María, aquella que desde la humildad asumió ser la Madre de Dios. Son mujeres que subrayan que: «la figura materna es la que ha sembrado la fe en nuestro corazón».

Participar en las decisiones

El gran desafío ha sido dar pasos que lleven a las mujeres a poder participar de las decisiones. En la Iglesia católica, el Papa Francisco ayudó a acelerar el paso, a ampliar la mirada con la presencia femenina en esos espacios de decisión. No olvidemos que, en el Sínodo de los Jóvenes, estamos hablando de 2018, menos de 10 años atrás, solo participaron siete mujeres.

En el último Sínodo sobre la Sinodalidad no solo aumentó considerablemente el número, sino que tuvieron voz y voto. Son reconocibles los pasos significativos dados en este tiempo. No muchos años atrás mucha gente dudaría de la posibilidad de que una mujer estuviese al frente de un dicasterio o de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Todo eso ha hecho que en otros niveles de Iglesia se produzcan situaciones similares.

El punto clave es la presencia de mujeres en los lugares donde se toman decisiones, como las mismas mujeres comparten. Ese no es un camino fácil en la Iglesia, pero tampoco en la política o en la empresa. Sirva como ejemplo que, en la Judicatura en España, las mujeres jueces y fiscales son el 60 por ciento, que en las últimas oposiciones consiguieron el 75 por ciento de las plazas, pero en los puestos de promoción solo representan el 40 por ciento.

Se nos exige más

Ellas mismas no dudan en decir: «a las mujeres se nos exige más». Lo afirman aquellas que son hijas de una generación de mujeres educadas para estar formadas y salir al mundo entre iguales. Pero no es menos cierto que, a pesar de su formación, en determinadas situaciones que exigen conciliaciones, las mujeres se ven forzadas no pocas veces a renunciar a su carrera profesional.

Para cambiar esa situación, al menos para seguir avanzando en un camino que no siempre es fácil, ellas mismas afirman: «necesitamos que los hombres sean cómplices. No quiero imponerme, quiero que se nos reconozca el talento, la valía». Lo que demandan es corresponsabilidad real de los hombres, encontrar el lugar para poder caminar siendo mujeres. Pues como ellas mismas muestran: «sumando nos enriquecemos».

Espacios como las V Jornadas Fratelli bajo el título Mujeres y Liderazgo, organizadas por la Red Fratelli de la Archidiócesis de Madrid, escuchar a mujeres como Fátima Aldama, Isaura Leal o María Luisa Berzosa, ayudan a dar pasos para entender que en el camino a seguir el rostro femenino no se puede colocar en segundo plano.